Aunque las mujeres viven más que los hombres, pasan aproximadamente un 25 % más de su vida en peor estado de salud. Este fenómeno, conocido como la “paradoja de género en salud”, pone de relieve una brecha sanitaria que sigue siendo poco visible. Así lo señala el último estudio Mujer y salud, liderado por Marianna Mamou, responsable de Advice Beyond Investing en UBS GWM CIO. Hablamos con ella sobre cómo estas desigualdades afectan no solo al bienestar de las mujeres, sino también al desarrollo económico global.

Mamou explica que la brecha de salud femenina no se limita a patologías exclusivamente femeninas. El 47 % de la carga de enfermedad procede de condiciones que afectan a las mujeres de manera desproporcionada, como enfermedades autoinmunes, migrañas o depresión. Además, continúan infrarrepresentadas en la investigación médica y participan en menos del 40 % de los ensayos clínicos cardiovasculares, a pesar de que estas enfermedades son la principal causa de muerte entre ellas.
¿La brecha se debe a factores biológicos o a sesgos en el diagnóstico, investigación y tratamientos?
Las discrepancias y sesgos en la investigación limitan mucho lo que sabemos sobre cómo tratar mejor a las mujeres. Invertir en la recopilación de datos, en el conocimiento del cuerpo femenino, en el desarrollo de soluciones innovadoras y en garantizar el acceso a ellas ayudaría a reducir significativamente esta brecha.
¿Qué patologías están infradiagnosticadas o tratadas de manera inadecuada en las mujeres?
Muchas enfermedades de alta carga —como las cardiovasculares, la osteoporosis, la menopausia o el Alzheimer— siguen estando gravemente infrafinanciadas, pese a que abordarlas podría generar más de 87.000 millones de euros en valor de mercado. Aunque las mujeres representan casi la mitad de la población mundial, la salud femenina recibe solo el 6 % de la inversión privada en salud. Además, el 90 % de esos fondos se concentra en tres áreas: cánceres femeninos, salud reproductiva y salud materna. Como resultado, muchas condiciones que afectan a las mujeres de forma única o desproporcionada continúan gravemente subcapitalizadas.
“La salud femenina recibe solo el 6% de la inversión privada”
La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte femenina, pero la mujer representa menos del 40 % en ensayos clínicos. ¿Qué cambios podrían corregir este desequilibrio?
Las agencias regulatorias podrían exigir que los ensayos clínicos -especialmente los que respaldan la aprobación de medicamentos o dispositivos- establezcan objetivos mínimos de inclusión de mujeres en función de la prevalencia de la enfermedad. Si esos objetivos no se alcanzan, debería requerirse una justificación clara.
Cerrar la brecha podría añadir al menos un billón de dólares anuales al PIB mundial para 2040. ¿Cómo se lograría ese impacto?
Principalmente a través de mejoras en la participación laboral, la productividad y la longevidad. Las mujeres experimentan una carga desproporcionada de enfermedades crónicas y discapacitantes durante sus años laborales clave, como enfermedades cardiovasculares, trastornos de salud mental o síntomas asociados a la menopausia. Abordar estas condiciones reduciría las salidas prematuras del mercado laboral, disminuiría el absentismo y aumentaría el rendimiento en el trabajo.
“Las mujeres experimentan una carga desproporcionada de enfermedades discapacitantes durante su años laborales”
El impacto económico también vendría de menores costes sanitarios, menos discapacidad y una reducción de la carga de cuidados. Además, existen beneficios intergeneracionales. Las mujeres más saludables contribuyen a mejores resultados maternos e infantiles, lo que repercute en el desarrollo del capital humano y la productividad futura. En definitiva, cerrar la brecha de salud femenina no es solo una prioridad sanitaria, sino también una palanca para el crecimiento económico.
¿Cómo se traduce la peor salud entre las mujeres a lo largo del ciclo vital?
Según el McKinsey Health Institute, casi la mitad de la carga de enfermedad recae sobre mujeres en edad laboral. Estas condiciones pueden afectar su progresión profesional y traducirse en menores ingresos, menor capacidad de ahorro e inversión y mayores dificultades para planificar la jubilación.
Las mujeres también tienen más probabilidades de jubilarse anticipadamente por motivos de salud. La menopausia, por ejemplo, coincide a menudo con el momento de mayor desarrollo profesional, y muchas mujeres se ven obligadas a reducir su jornada o ausentarse del trabajo debido a los síntomas, lo que puede afectar a su acumulación de derechos de pensión.
A ello se suma la carga de cuidados. En los países de la OCDE, las mujeres dedican aproximadamente el doble de tiempo que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado, lo que limita su disponibilidad para el empleo y puede afectar a su estabilidad financiera. Además, afrontan mayores gastos sanitarios a lo largo de la vida y, al vivir más años, sus ahorros deben sostener periodos más largos de jubilación.
“Tienen más probabilidades de jubilarse anticipadamente por motivos de salud”
¿Qué áreas dentro del ecosistema Femtech o de innovación en salud femenina considera más prometedoras?
El crecimiento del sector Femtech está impulsado por varias tendencias: la digitalización de la salud, una mayor conciencia sobre la salud femenina y la adopción creciente de tecnología. Este ecosistema abarca desde fertilidad y embarazo hasta menopausia y bienestar general.
Entre los motores principales destacan la mejora de la conectividad, los dispositivos portátiles, las aplicaciones digitales y el aumento de la inversión. Investigaciones de BCG indican que mejorar el cribado y la atención de las mujeres en áreas como menopausia, osteoporosis, Alzheimer y enfermedades cardiovasculares podría generar más de 100.000 millones de dólares en valor de mercado.

España tiene una de las expectativas de vida más altas del mundo. ¿Se refleja también la paradoja de género en salud?
Sí. Según la OCDE, en 2022 casi el 48 % de las españolas mayores de 65 años presentaban múltiples enfermedades crónicas, frente al 44 % de los hombres. Aunque la diferencia es similar a la media europea, España muestra una brecha mayor en limitaciones funcionales para realizar actividades básicas de la vida diaria: alrededor del 40 % frente al 26 % de los hombres. Esto refleja bien la paradoja: viven más años, pero con mayor probabilidad de hacerlo con problemas de salud o dependencia.
¿Qué medida prioritaria podría mejorar radicalmente la salud de las mujeres en la próxima década?
No existe una solución única. Mejorar la salud femenina requiere mayor alineación entre reguladores, aseguradoras y proveedores sanitarios. La financiación es clave para lograr escala, pero también lo es una mayor transparencia sobre los resultados clínicos y los retornos económicos, que permita a los inversores evaluar mejor el potencial del mercado. También es importante eliminar los sesgos en las políticas de reembolso sanitario. Cuando los procedimientos que afectan principalmente a las mujeres reciben menor valoración económica, hospitales e investigadores tienen menos incentivos para desarrollar nuevas soluciones.
¿Qué mensaje trasladaría a responsables políticos e inversores que aún no consideran la salud femenina una prioridad?
Hoy existen suficientes datos para entender que se trata de una crisis económica sistémica. Cerrar la brecha de salud femenina fortalecería la resiliencia de la fuerza laboral, reduciría los costes sanitarios a largo plazo, mejoraría la adecuación de las pensiones y ampliaría los años productivos.
“Cuando se cree a la mujer la primera vez que reporta un síntoma, la salud deja de ser un impuesto silencioso”
Pero también hay un elemento más difícil de medir: la dignidad. Cuando se cree a la mujer la primera vez que reporta un síntoma, cuando el diagnóstico llega a tiempo y la atención sanitaria se anticipa en lugar de reaccionar tarde, la salud deja de ser un impuesto silencioso sobre su bienestar físico, mental y financiero.
