San Valentín puede ser una fecha complicada cuando acabas de salir de una relación. Mientras el mundo parece celebrar el amor en pareja, tú puedes sentir justo lo contrario: un vacío, un recuerdo insistente o una nostalgia que creías tener bajo control. De repente, la idea de escribirle a tu ex aparece como una tentación difícil de ignorar. Pero antes de hacerlo, conviene entender qué está pasando dentro de ti… y cómo cuidarte mejor.
Según explica Amaya Navarro, psicóloga experta en relaciones de pareja, si has terminado recientemente una relación es muy probable que el día de San Valentín funcione como un disparador emocional. “Es decir, que pienses más en tu ex, sientas curiosidad por su vida actual y aparezcan emociones como la tristeza, la nostalgia o incluso la esperanza. Y esto es completamente normal.”
Que aparezcan esas emociones no significa que quieras volver ni que hayas retrocedido en tu proceso de sanación. Significa que eres humano. Las fechas simbólicas activan recuerdos, rutinas y vínculos que fueron importantes para ti. En palabras de la experta, “desde la psicología sabemos que las fechas simbólicas activan nuestro sistema de apego, así que no es casualidad que justo ese día surja el impulso de escribirle. Y sentirlo no es malo, pero vamos a parar un momento antes de actuar.”
El punto clave es este: Sentir no es el problema; el riesgo está en actuar desde la emoción intensa, la nostalgia o la fantasía de que un mensaje puede cambiarlo todo.
San Valentín funciona como un “amplificador emocional”. Redes sociales llenas de parejas perfectas, restaurantes con menús románticos, tiendas decoradas con corazones y anuncios sobre amor eterno refuerzan la idea de que “te falta algo”. A eso se suman los rituales compartidos: cenas, regalos, mensajes especiales, planes que antes tenían sentido.
El problema es que la mente tiende a idealizar el pasado. Nuestro cerebro mezcla recuerdos, emociones y deseos, y puede hacernos creer que escribirle aliviará el dolor. Pero el alivio suele ser breve. Tal como señala Navarro, “el cerebro no distingue bien entre pasado y presente cuando hablamos de emociones. Activar estos recuerdos puede generar la falsa sensación de que escribirle lo solucionará todo, cuando en realidad el efecto es momentáneo.”
Qué hacer antes de escribirle
Antes de dejarte llevar por el impulso, baja el ritmo y vuelve a la realidad completa de la relación, no solo a su versión idealizada. Un ejercicio útil es escribir una lista honesta de las razones por las que terminó. No para culpar, sino para recordar con claridad si hubo respeto, seguridad emocional y compatibilidad real.
También es importante explorar la intención detrás del mensaje: Preguntarte para qué quieres escribirle, qué esperas conseguir o si en realidad estás intentando aliviar un vacío emocional activado por la fecha. Muchas veces, la urgencia no tiene tanto que ver con la otra persona como con la soledad, la nostalgia o la presión social.
En algunos casos, no escribir no es solo una decisión emocional sana, sino una medida de protección. Si la relación incluyó violencia de género, manipulación, control o abuso emocional, retomar el contacto puede reabrir dinámicas dañinas o poner en riesgo tu bienestar.
Si tu ex mostraba celos extremos, intentaba controlar tu forma de vestir, tus amistades o tus decisiones, si minimizaba tus emociones, te hacía dudar de tu memoria o percepción (gaslighting), te humillaba, te insultaba o utilizaba el silencio, las amenazas o el chantaje emocional como castigo, es importante reconocer que esas son señales de alerta, no muestras de amor.
En relaciones donde hubo violencia psicológica, física o sexual, escribirle puede reactivar el miedo, la culpa o la dependencia emocional, además de abrir la puerta a nuevas manipulaciones. En estos casos, no escribir no es orgullo ni frialdad: es autocuidado, protección y una forma de romper el ciclo de abuso.
Recuerda que no tienes que ser comprensiva, empática o “madura” con alguien que te hizo daño. Priorizar tu seguridad emocional y tus límites es una decisión legítima, especialmente si estás sanando de una relación desigual o violenta.
Alternativas saludables al impulso de escribir
Cuando aparezca la tentación, puedes redirigirla hacia opciones que te protejan más: Escribir el mensaje en una nota privada sin enviarlo, hablar con alguien de confianza, moverte físicamente para romper la rumiación o recordarte por qué la relación terminó y qué tipo de vínculo mereces ahora.
San Valentín también activa comparaciones, expectativas y presión social. Parece que todo el mundo debería estar enamorado o celebrando algo especial, pero es importante recordar, como apunta la psicóloga experta en pareja, que “San Valentín es una construcción social cargada de expectativas irreales”. No es un examen de tu vida amorosa ni una medida de tu valor.
Y, sobre todo, no escribirle ese día no invalida lo que sentiste ni lo que viviste. Simplemente significa que te estás escuchando y priorizando a ti misma. Elegir no escribir puede ser un acto de respeto hacia tu proceso, tu bienestar y tu futuro.
Como concluye Amaya Navarro, especialista en vínculos afectivos, “la cuestión no es si le escribes o no, es desde dónde lo haces. Si decides escribir, que sea desde un lugar de calma, coherencia y presente, no desde un día que emocionalmente empuja a mirar atrás.”
