Antes de los satélites, de los termómetros y de otros avances tecnológicos, los humanos recurrieron a una observación puramente empírica de la meteorología. Y un método de predicción milenario, e incluso relativamente común entre diversas culturas, es el de las cabañuelas.
Actualmente, hay agricultores y otros entusiastas que, al margen de las predicciones científicas del tiempo, siguen ejerciendo esta metodología tradicional. A continuación, te explicamos su origen, su funcionamiento y el pronóstico que anticipa para las cuatro estaciones del 2026.
El origen y el sistema tras las cabañuelas

Hay quien asocia las cabañuelas a la tradición agrícola de nuestro país, probablemente importada por la cultura árabe. Aunque existen pruebas de métodos similares en la antigua Babilonia y en el Imperio Maya.
Mediante una observación de índole empírica, estos pueblos milenarios trataban de predecir el tiempo para optimizar los procesos de siembra y cosecha, así como para celebrar ciertos actos religiosos y otros menesteres.
En nuestro país, este sistema sigue desde hace siglos una estructura matemática y temporal. Además de observar la meteorología, también se deben fijar en los comportamientos de los animales, las formas de las nubes, la dirección del viento, y otros factores.
Este cálculo varía según la región, pero la metodología común sigue dos fases: las cabañuelas de ida y las de retorno.
Ambas suceden en agosto, durante los primeros 24 días de este mes. La “persona del campo” o “cabañuelista” observa y pronostica del 1 al 12 de agosto, de manera ascendente, cómo será cada mes en términos meteorológicos. Es decir: 1 de agosto, agosto; 2 de agosto, septiembre; 3 de agosto, octubre, etcétera.
Los otros 12 días, del 13 al 24 de agosto, se realiza el proceso inverso, de julio a agosto. Estas fechas sirven para matizar los pronósticos de los primeros días, confirmando los datos finales.
Qué dicen las cabañuelas de la meteorología en 2026

Al margen del rigor científico, que niega rotundamente la validez predictora de las cabañuelas, hay observadores como Jorge Rey que defienden este sistema en nuestros días.
Rey y otros cabañuelistas ya se han atrevido con las primeras predicciones para 2026.
De acuerdo con ellos, estos meses de invierno serán clásicos. Es decir, descenso de temperaturas con bajas notables en el interior, y entradas de aire polar. No anticipan muchas lluvias para enero, pero sí para febrero, que podría sorprender incluso con nieve en cotas bajas.
Por su parte, la primavera promete ser estable en sus primeras semanas, aunque en el centro peninsular y en la costa atlántica sí podría haber abundante lluvia. Malas noticias para la Semana Santa y la Pascua en estas zonas. En cuanto a mayo, será relativamente cálido, aunque dejará alguna que otra tormenta eléctrica en buena parte del país.
El verano seguirá la tendencia habitual, de acuerdo con estas milenarias predicciones. Las olas de calor serán persistentes, con tormentas muy violentas en agosto. Volverá la alerta de incendios por poca lluvia. El inesperado frío agostino no llegará hasta el final del mes.
Finalmente, el otoño sí se hará de notar desde septiembre. Las temperaturas caerán pronto, con las primeras borrascas apareciendo en octubre. Si se hace caso a la predicción, al menos los embalses no tardarán en recuperarse del duro verano.


