Tanto en el campo de la política como en el de las nuevas tecnologías, el asunto de las filtraciones es algo bastante común. En esta última década ha sido habitual enterarnos del lanzamiento de un innovador iPhone, de los actualizados diseños de X o de Instagram o de cualquier otro gadget ideado en Silicon Valley.
Hace unos meses os hablé del fichaje estrella de Jony Ive (el que fuera mano derecha de Steve Jobs y su diseñador estrella) por parte de Sam Altman, CEO de la todopoderosa OpenAI (ChatGPT). Ya os adelanté que la inquieta pareja probablemente tendría en mente montarla muy gorda en torno a la inteligencia artificial en nuestra vida diaria. ¿Desaparecerían las pantallas? ¿Se harían omnipresentes? ¿Pasarían de nuestras manos a nuestros oídos?

Aunque aún no ha sido oficialmente confirmado por la empresa, suena el nombre de Sweet Pea como un proyecto que podría suponer una gran transformación en la relación entre las personas y la información. Si se afinan las pinceladas filtradas, este dispositivo no solo redefiniría el hardware de IA, sino también nuestros hábitos de comunicación, entretenimiento y acceso permanente e ilimitado al conocimiento.
Sweet Pea, un nuevo avance con nombre de planta
En el universo de las filtraciones tecnológicas, los nombres en clave son parte de la comedia. Como si de una investigación se tratara, los nuevos artilugios llevan nombres curiosos y de origen incierto. Sweet Pea podría referirse a una planta del sur de Italia o una serie de éxito del pasado, pero en nuestro caso se asocia con el primer dispositivo físico desarrollado por OpenAI tras años de dominio en el ámbito del software conversacional.
Según información recogida a pie de la cadena de suministro y en alguna declaración de ejecutivos de la compañía, estarían planeando lanzar un wearable de audio con inteligencia artificial integrada en la segunda mitad de 2026. 
Y, como ya os adelanté, podría no ser un smartphone de pantalla táctil en esta ocasión. Sweet Pea podría ser un intermediario conversacional siempre accesible y pegado a nuestros oídos. La verdad es que nos hemos acostumbrado pronto a ver a personas deambulando por las ciudades o pasillos de metro, ensimismados en la locución de sus AirPods sin hacer caso al mundo.
Según las fuentes y las imágenes que corren por las redes, el dispositivo consistiría en un módulo metálico discreto colocado detrás de la oreja, dotado de procesadores avanzados que permitirían conversar ágilmente y ejecutar tareas de IA de manera local o mediante conexión a Internet o la nube.
No significaría una simple evolución estética de los actuales auriculares: pretende alterar profundamente cómo interactuamos, obtenemos información, enviamos mensajes y realizamos cualquier tipo de menesteres, prescindiendo de menús, pantallas y pulsaciones. Lo que denominé hace unos años como “el internet que no se toca” estaría ya aquí. El contexto, la voz y la presencia permanente de un asistente conversacional definirían un nuevo modo de relación con la tecnología. Un asistente virtual que te escucha, interpreta y actúa sin requerir una intervención gestual o táctil explícita.
¿Un nuevo intento de “anti-iPhone”?
Si Sweet Pea llega algún día a nuestros bolsillos —perdón, a nuestros oídos— podría interpretarse como el primer paso para desafiar a Apple, la empresa que ha marcado el paso en la relación entre interfaces conectadas y los humanos durante estos últimos veinte años.
El morbo está servido. La comparación de este nuevo aparato no es algo casual. Mientras que Steve Jobs y su iPhone transformaron las pantallas táctiles en el centro de nuestras vidas y nuestros deseos, Sweet Pea (y la gama de productos que podría suponer) aspira a convertir la voz en la nueva forma de establecer una simbiosis con la IA.
La participación del anteriormente citado Jony Ive, el legendario diseñador de productos icónicos de Apple, deja entrever que Sam Altman (OpenAI / ChatGPT) no solo quiere un gadget funcional, sino un nuevo producto con identidad propia y revolucionaria, que pueda redefinir la ergonomía y la usabilidad de estas protuberancias conectadas, huyendo del uso de las pantallas.
Aunque no se trate de un “anti-iPhone” como tal, ni se le parezca en nada, sí podría significar una alternativa radical al imperio de los smartphones: unos dispositivos que nos han tenido hasta ahora con la mirada cautivada todo el día.
La respuesta de Apple se llamaría AI Pin
Mientras tanto, Apple no se queda quieta. Recordemos que cualquier avance o anuncio de novedad de un competidor puede suponer miles de millones de caída en Bolsa. Según filtraciones de varias publicaciones especializadas, la compañía californiana trabajaría en un dispositivo conocido informalmente como AI Pin. Mezclaría la nomenclatura habitual de la marca con un toque de IA y el terminal que representa.

Aunque tampoco anunciado oficialmente, tendría forma de pequeño accesorio sin pantalla, similar en tamaño a su AirTag, y contaría con unos sensores, múltiples micrófonos y previsiblemente una cámara para captar e interpretar el entorno. Una apuesta similar a la de OpenAI en acompañarte siempre, pero desde la solapa y no detrás de la oreja. Ambos serían diametralmente opuestos en el sentido de que la apuesta de Apple seguiría apoyándose en la voz, pero también en la imagen, mientras su competidor se olvidaría de querer capturarlo visualmente todo.
El Pin supone una apuesta arriesgada cuando nos referimos a los recientes fracasos de proyectos similares como el AI Pin de Humane, que encontró problemas de batería, casos de uso poco claros y críticas de usuarios, hasta desembocar en su cierre definitivo. Llevar una cámara todo el rato, que potencialmente podría grabar, puede también significar una agresión a la privacidad de los demás ciudadanos.
Aunque Apple cuente con una base fiel de usuarios y cierto músculo financiero para sostener este tipo de apuestas tecnológicas a largo plazo, se enfrentaría al desafío de convencer de que un accesorio sin pantalla pueda resolver todos los problemas diarios, a menos que lo conviertan en un artilugio complementario y lógico a sus iPhones.
Dos caminos diferentes hacia un mismo objetivo
Los rumores apuntan a que el propio gobierno de Estados Unidos estaría poniendo toda la carne en el asador (y el presupuesto de sus ministerios de Defensa) en la investigación en torno a la IA para no perder la carrera frente a China.
Estamos ante una batalla no solo entre estas dos grandes potencias, sino que, en sus propias fronteras, los grandes tecnológicas americanas guerrean para dominar la interacción asistida por esta nueva tecnología.
Como recogíamos recientemente en un análisis sobre los anuncios que están redfiniendo el panorama de la IA, la carrera tecnológica ya no es solo algorítmica, sino estratégica y geopolítica.
Controlar cómo las personas conversan e interactúan permanentemente con las máquinas en todos los aspectos de la vida, se está plasmando en dos estrategias distintas. OpenAI apostaría por un wearable centrado en la voz y el oído como manifiesto de una compañera omnipresente detrás de la oreja y orientada a una conversación verbal continua, mientras Apple iría por el camino de sensores ambientales, visuales y sonoros de su AI Pin, que podrían registrar, analizar y asistir en el momento, sin tener que echarle un vistazo al teléfono.
La probablemente orquestada filtración de Sweet Pea por parte de OpenAI y los movimientos de Apple ilustran que la próxima gran contienda no será tanto entre sistemas operativos ni entre la definición de cámaras o pantallas, sino entre cómo se integra cómodamente la IA en nuestras vidas, sin que signifique cambiar demasiado nuestros hábitos, ni genere fricciones ni suponga una pérdida de privacidad. A mí, de todo esto, lo que más me atemoriza es imaginarme escuchar a todo el mundo hablar con esos aparatos, y en voz alta, en cualquier sitio o a cualquier hora.
