De Sibora a Salma, las mujeres a las que nadie buscaba

Cuando una investigación por desaparición se estanca, es difícil reactivarla. Sibora estuvo nueve años desaparecida hasta que otro asesinato machista destapó su paradero

La pareja de Sibora Gagani, la asesinó cuando tenía 22 años

Si Salma no hubiera sobrevivido a su secuestro, hoy no estaríamos hablando de torturas ni de encierro. No habría un hombre en prisión. No estaríamos hablando de nada, porque lo más probable es que nunca hubiéramos sabido qué le pasó. Quizá habrían pasado años y años de silencio. Quizá hasta nueve, los mismos que estuvo desaparecida Sibora Gagani.

Sibora tenía 22 años cuando dejó de dar señales de vida. Era 2014. Vivía en España, en Torremolinos, con Marco, su pareja. Un día, de repente, dejó de escribir, de responder, de llamar. El contacto se cortó de forma abrupta. No hubo despedida ni explicación. Se evaporó.

Era albanesa. Su familia vivía fuera de España y sus redes de apoyo aquí eran todavía limitadas, como suele ocurrir cuando alguien es muy joven y acaba de llegar a otro país.

Nunca colaboró con la Policía

Quien era su pareja en el momento de la desaparición y la última persona con la que convivió sostuvo desde el principio que Sibora se había marchado por su cuenta. La madre, Elisabetta Shahini, ha contado que Marco nunca colaboró con la policía ni con la justicia en su búsqueda y que esa explicación no convenció a la familia.

El cartel que se utilizó en la búsqueda de Sibora

Pasó un año. Luego dos. Tres. Y después más. La familia siguió esperando noticias que no llegaban. La investigación permanecía abierta, pero no avanzaba. No había información nueva ni pesquisas que comunicar. El tiempo fue acumulándose sin respuestas.

La llamada que lo cambia todo

Hasta que, nueve años después, supieron que Marco había sido detenido por el asesinato de una mujer de 28 años, Paula, que había roto la relación con él.

Marco habló en comisaría al ver un cartel de personas desaparecidas con la foto de Sibora, dijo que sabía dónde estaba, pero después calló. Horas más tarde, ante el juez, también guardó silencio.

Los investigadores comenzaron una exhaustiva búsqueda. No fue sencillo, pero la localizaron entre las paredes del piso que habían compartido. Marco ya no vivía allí. Se confirmaba así la peor de las noticias: había sido asesinada.

A partir de ahí, surgen muchas dudas sobre cómo se buscó a Sibora. Sobre qué líneas se siguieron y cuáles no. Sobre hasta qué punto se puso el foco en su entorno más inmediato y también, sobre la dificultad de este tipo de casos cuando no hay hilo de donde tirar.

Dudas que recuerdan a otro caso reciente: el de Salma, secuestrada durante dos años en Murcia mientras constaba oficialmente como desaparecida y, como Sibora, migrante. También entonces la violencia ocurría dentro de una relación de pareja, un hombre con antecedentes por violencia de género y en VioGén desde 2022. También entonces el agresor era alguien conocido. Y también entonces la investigación no logró detectar lo que estaba ocurriendo a la vista de todos.

¿Cuántas desapariciones esconden violencia machista?

En ambos casos, la pregunta es la misma: qué ocurre cuando una mujer desaparece dentro de una relación y esa desaparición se interpreta como una marcha voluntaria. Qué pistas dejan de seguirse. Qué controles no se activan. Qué silencios se normalizan.

Cuántas desapariciones esconden violencia machista
KiloyCuarto

Porque ni Sibora ni Salma desaparecieron de un día para otro sin contexto. Estaban con sus parejas. Y ese dato, que debería haber sido central, no siempre parece que lo fue.

Esa pregunta —qué ocurre cuando una mujer desaparece dentro de una relación y nadie mira ahí el tiempo suficiente— es la que atraviesa muchos otros casos. La periodista Bea Osa lo ha contado en Artículo14 a partir de las voces de familias que llevan años buscando a mujeres que nunca regresaron.

“Como no hay cuerpo del delito no hay condena. Como no hay cadáver queda en libertad”, resume Rosa Arcos, que lleva tres décadas intentando demostrar que su hermana María José no desapareció sin más, sino que fue asesinada por su pareja. “Las desapariciones como la de mi hermana son crímenes de violencia machista perversamente agravados con la ocultación del cuerpo”.

María José, Maricielo Cañavate, Sonia Iglesias, Ángeles Zurera…

La suya no es una excepción. También están los nombres de Maricielo Cañavate, Sonia Iglesias o Ángeles Zurera. Mujeres desaparecidas de larga duración, con indicios de violencia previa, con entornos que apuntaban a una pareja o expareja, pero sin un cuerpo que permitiera cerrar el círculo penal.

Una pregunta terrorífica rodea todos estos casos. Cuántas mujeres habrá a las que ya nadie busca. Cuántas familias seguirán buscando solas, sin llamadas, sin avances, sin respuestas. ¿A cuántas Salmas y cuántas Siboras han borrado —o están borrando— para siempre?

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.