Televisión

Jordi Wild, el podcaster ante el que los candidatos hacen cola mientras discrepan sobre dónde debatir

Sánchez, Feijóo, Abascal y Colau acudirán a 'The Wild Project' en una campaña que busca a los votantes entre pódcast, humor y conversaciones personales. El ascenso del creador abre preguntas sobre la verificación, sus propios sesgos y lo que pierde el elector

Jordi Wild, conductor del pódcast 'The Wild project'
Jordi Wild, conductor del pódcast 'The Wild project'

Jordi Wild ha conseguido que Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal y Ada Colau acepten sentarse ante su micrófono. Las cuatro entrevistas de The Wild Project tienen prevista su publicación el 13 de noviembre, primer día de la campaña para las elecciones generales del 29-N. Mientras los partidos negocian las condiciones de los debates televisivos, un creador de contenido ha obtenido el compromiso de los cuatro candidatos para conversar por separado. La diferencia importa: compartir entrevistador permite comparar respuestas, pero no obliga a responder al adversario.

El presidente del Gobierno fue el último en confirmar su participación, el 23 de octubre. Feijóo y Abascal ya habían aceptado y Colau, candidata del Frente Amplio, se había sumado días antes. Sánchez respondió con un agradecimiento y una broma dirigida al realizador del programa sobre su perfil bueno: el izquierdo. El anuncio incorporaba así el tono que los equipos de comunicación buscan en estos espacios: cercanía, complicidad y una frase fácilmente compartible.

Para Jordi Wild supone un salto en su influencia pública. Para los candidatos, una oportunidad de presentarse ante una comunidad que puede conocer mejor las costumbres del anfitrión que las propuestas de quienes aspiran a gobernar. Esa relación previa con el público es el principal activo del pódcast. Los políticos llegan como invitados a un espacio donde la confianza ya está construida.

¿Qué ocurre con el debate en la televisión pública?

Conviene corregir una impresión: las entrevistas con Jordi Wild no han cancelado los debates electorales. RTVE presentó el 5 de octubre una propuesta con tres encuentros: un cara a cara entre Sánchez y Feijóo el 17 de noviembre, un debate de portavoces parlamentarios el 23 y otro entre los cuatro principales candidatos el 26. La corporación ofreció emitirlos en directo, en horario de máxima audiencia y con señal gratuita para los operadores interesados.

A 28 de octubre, la negociación mantiene diferencias relevantes. PSOE y PP han aceptado el 16 de noviembre como fecha para un cara a cara en una cadena privada, con Mediaset como escenario planteado. La disputa se concentra en el encuentro a cuatro: los socialistas defienden celebrarlo en RTVE y los populares quieren Atresmedia. El PP ha rechazado expresamente la opción de la televisión pública. Por tanto, el debate a cuatro de RTVE sigue siendo una propuesta sin acuerdo entre los principales partidos.

Pedro Sánchez en La Revuelta - Sociedad
Imagen durante el programa.
RTVE

Este bloqueo permite entender mejor el éxito de Wild. Los candidatos han aceptado una entrevista individual con unas condiciones anunciadas por su anfitrión mientras sus equipos siguen discutiendo dónde confrontar sus programas. En el pódcast podrán desarrollar un argumento sin la intervención inmediata de un rival, contar su trayectoria y administrar las pausas. En un debate, una promesa puede encontrarse al instante con una votación anterior, una contradicción o una pregunta que el adversario lleva semanas preparando.

La televisión tampoco garantiza por sí misma un examen riguroso: los tiempos encorsetados y las respuestas memorizadas pueden convertir un debate en una sucesión de discursos. Pero las dos fórmulas cumplen funciones distintas: la conversación larga permite conocer al candidato; la confrontación ayuda a comprobar cómo responde cuando pierde el control del relato.

De Slash y Charlie Sheen a los aspirantes a La Moncloa

Jordi Carrillo, conocido como Jordi Wild, comenzó su trayectoria en YouTube con El Rincón de Giorgio y puso en marcha The Wild Project en 2020. Su catálogo ha superado las 350 personalidades entrevistadas, con invitados como Arturo Pérez-Reverte y Charlie Sheen. Algunas conversaciones se prolongan durante más de cinco horas. El tono informal y la amplitud temática han convertido el programa en un espacio capaz de reunir celebridades, divulgadores y figuras polémicas bajo una misma marca.

Su afición al metal forma parte de esa identidad. Antes del pódcast entrevistó a Slash; después ha conversado con ShaunTrack y El Estepario Siberiano sobre música, interpretación e industria. Sin embargo, presentar ahora su salto electoral como la aventura de un aficionado al rock que descubre la política sería incompleto. Las cuestiones ideológicas, económicas y geopolíticas llevan años presentes en su contenido.

Por su programa han pasado el coronel Pedro Baños, el economista liberal Juan Ramón Rallo y el periodista David Jiménez. También ha organizado debates con Roberto Vaquero, líder del Frente Obrero. Esa selección permite introducir asuntos que una parte de su público quizá no buscaría en un informativo, pero también concede al presentador una capacidad editorial considerable: decide quién explica la economía, quién interpreta una guerra y qué posiciones representan cada corriente política.

La informalidad también tiene una ideología

La crítica a Wild debe atender a lo que dice y a cómo organiza las conversaciones. En 2023, investigadores del entorno digital cuestionaron sus intervenciones sobre menores extranjeros no acompañados y ocupación por reproducir marcos asociados a la extrema derecha. Entre los ejemplos recogidos figuraba esta afirmación suya: “Lo de los MENAS es un problema, hagan lo que hagan no tiene consecuencia para ellos”.

Una frase así generaliza sobre un colectivo vulnerable y presenta la supuesta impunidad como una certeza. El tono coloquial puede hacerla pasar por una observación espontánea, aunque contiene una interpretación política que necesita datos y contraste. Ahí reside uno de los problemas del formato: la familiaridad con quien habla puede reducir la distancia crítica con lo que está diciendo.

También merece atención quién dispone de autoridad para explicar el mundo. Un programa dirigido especialmente al público masculino puede ampliar las voces que escucha esa audiencia o reforzar un circuito de referentes que rara vez cuestiona sus propias prioridades. En las entrevistas electorales, la vivienda, los cuidados, la violencia contra las mujeres o la precariedad merecen un tratamiento que vaya más allá del enfrentamiento cultural y de la frase provocadora.

Dos verificadores y una promesa de preguntas difíciles

Jordi Wild ha anunciado conversaciones de entre 60 y 90 minutos, más breves que sus entregas habituales, y la presencia de dos periodistas verificadores en el plató. Su función será comprobar afirmaciones tanto de los candidatos como del entrevistador. También promete repreguntar y abordar asuntos incómodos. Es una precaución relevante y reconoce que una entrevista electoral exige recursos distintos a los de una charla con un músico.

El examen estará en la ejecución. Tener verificadores disponibles no asegura que una falsedad se corrija con suficiente claridad, ni que la rectificación acompañe al fragmento cuando circule en redes. Tampoco resuelve las preguntas que parten de una premisa equivocada o las respuestas que esquivan el asunto sin ofrecer un dato comprobable.

La duración plantea otra exigencia. Una hora y media permite profundizar, pero también concede mucho tiempo a un candidato entrenado para reconducir preguntas. La calidad dependerá de la preparación del entrevistador, de su capacidad para detectar evasivas y de aplicar un criterio equivalente a los cuatro. Antes de publicarse las conversaciones, atribuirles dureza o independencia sería aceptar su promoción como resultado.

Sánchez, de ‘La Pija y la Quinqui’ a Broncano

La apuesta por estos espacios tiene antecedentes recientes. En julio de 2023, Sánchez acudió a La Pija y la Quinqui, donde habló de sus gustos musicales, su familia y sus antiguos mensajes en redes. El formato permitió presentar al presidente a través de referencias compartidas con un público joven. Su visita produjo una conversación política en un entorno al que muchos espectadores habían llegado para entretenerse.

El 22 de octubre de este año pasó por La Revuelta. La entrevista de David Broncano incluyó vivienda, la crisis de Ceuta y los procedimientos judiciales que afectan a su entorno familiar, además de anécdotas sobre otros mandatarios. Sería inexacto reducirla a un encuentro sin asuntos incómodos. El registro humorístico convivió con preguntas políticas, aunque dentro de una relación con el invitado muy diferente a la de una entrevista informativa convencional.

Sánchez también reconoció errores en la gestión de Ceuta y habló de su decepción con José Luis Ábalos. Ada Colau ha aceptado acudir a La Revuelta. Broncano ha reiterado la invitación a Feijóo y Abascal, sin que se puedan dar, al menos por el momento, sus visitas por confirmadas.

La búsqueda de una imagen personal accesible no empezó con los pódcast. Sánchez y Feijóo acudieron a El Hormiguero en junio de 2023, en noches consecutivas. Abascal había visitado el programa en octubre de 2019 y reunió a más de cuatro millones de espectadores. La combinación de política, personalidad y espectáculo lleva años formando parte de la competición electoral.

Vox también recurrió a entrevistas con streamers durante la campaña de 2023 para acercarse al voto joven. Ahora Feijóo ha anunciado su aceptación de la invitación de Wild con un vídeo que empleaba la estética de un combate. Cada equipo adapta su presentación al lenguaje del espacio al que quiere entrar: humor, desafío, confesión o conversación cultural.

El cambio mediático está en la multiplicación de intermediarios. Un candidato busca hoy al espectador de televisión, al seguidor de un creador y a quien solo verá treinta segundos de la entrevista en el móvil. El programa completo aporta contexto y prestigio; el fragmento puede alcanzar a personas que nunca lo abrirán. Para los equipos de campaña, una anécdota eficaz tiene posibilidades de circular fuera de la audiencia habitual del partido.

Ese sistema también aumenta el poder del anfitrión. Wild presta su espacio, su lenguaje y la confianza de sus seguidores; a cambio, la presencia de los candidatos consolida su posición como interlocutor político. La operación beneficia a ambas partes, pero su utilidad para el elector dependerá de lo que consiga averiguar.

El 13 de noviembre estarán disponibles, si se mantiene el calendario anunciado, cuatro conversaciones para comparar. Faltará comprobar si los candidatos responden sobre sus decisiones, concretan sus promesas y aceptan las repreguntas. Y seguirá siendo necesario cerrar el debate conjunto: por muchas horas que concedan por separado, ninguna de esas entrevistas pondrá a los cuatro frente a las respuestas de los demás.

Un negocio que crece con la influencia

Detrás de la estética informal de The Wild Project hay una actividad empresarial que su creador ha descrito públicamente. En una entrevista en La Placita Amarilla, Wild explicó que sus patrocinios anuales complicaban el cálculo de los ingresos mensuales y señaló que podía haber meses de entre 200.000 y 300.000 euros.

En otra conversación, con David Jiménez, situó entre tres y cinco millones de euros la suma de su patrimonio y su dinero líquido. Son cantidades declaradas por él, pero ayudan a dimensionar la transformación de un canal personal en un negocio de gran alcance. El éxito del pódcast también ha elevado su capacidad para atraer patrocinadores y desarrollar proyectos fuera de YouTube.

Esa dimensión económica importa al analizar las entrevistas electorales. Los candidatos buscan acceder a una audiencia; el programa obtiene invitados que pueden ampliar su notoriedad y atraer nuevos espectadores. La presencia de los cuatro dirigentes tiene valor para la marca incluso antes de que se publique una sola respuesta: el anuncio ya genera noticias, conversación y expectativas.

De Piqué y Frank Cuesta a la divulgación científica

La lista de invitados permite comprender por qué los equipos de campaña quieren entrar en ese espacio. A los escritores, economistas y analistas ya mencionados se suman Gerard Piqué, Frank Cuesta, Kiko Rivera y Nacho Vidal. El programa reúne trayectorias y públicos muy distintos, con conversaciones que aprovechan tanto el interés por una profesión como la curiosidad por la vida personal de una figura conocida.

También han pasado por el pódcast el divulgador científico José Luis Crespo, creador de QuantumFracture, y la ajedrecista Anna Cramling. Con ellos, Wild ha abordado cuestiones de física, la competición ajedrecística o el desgaste que exige una partida. Esta variedad es parte de su atractivo y debe figurar en cualquier análisis que aspire a explicar su influencia sin reducir todo el programa a sus intervenciones más polémicas.

La mezcla plantea, a su vez, una exigencia para el entrevistador. Una experiencia personal, una explicación científica y una afirmación sobre inmigración necesitan formas diferentes de contraste. El invitado puede ser convincente, expresarse con seguridad y sostener una conversación entretenida sin que todas sus afirmaciones estén acreditadas. El formato prolongado ofrece tiempo para comprobarlas, pero también puede reforzar la autoridad de quien habla si apenas encuentra objeciones.

En las entrevistas políticas, ese problema será especialmente visible. Los candidatos llegan con equipos, argumentarios y experiencia para transformar una pregunta en una exposición favorable a sus intereses. Dejarles hablar puede producir respuestas reveladoras; saber cuándo interrumpirlos será igualmente importante.

Libros y combates bajo una misma marca

Wild ha extendido su actividad al mercado editorial y a los espectáculos de lucha. Entre sus libros figuran Así es la puta vida, presentado como un texto de “antiayuda”, y Anatomía del mal, dedicado a ocho crímenes reales. Su editorial señala que ha vendido más de cien mil ejemplares de sus anteriores títulos. Por eso resulta impreciso describir su producción únicamente como libros de autoayuda y superación: también explota su interés por el crimen, el misterio y los aspectos más violentos del comportamiento humano.

Su afición a las artes marciales mixtas se ha traducido en el Dogfight Wild Tournament, un evento propio. La expansión muestra cómo una comunidad reunida alrededor de un creador puede acompañarlo hacia otros productos: un libro, un espectáculo o una entrevista electoral. Cada proyecto parte con una ventaja de reconocimiento que un competidor nuevo tendría que construir.

Ese recorrido permite afinar el retrato. Wild llega a las elecciones como un empresario del entretenimiento con una audiencia consolidada y capacidad para convertir sus iniciativas en acontecimientos. Su aspecto, su lenguaje y el escenario doméstico preservan la sensación de proximidad, pero su posición económica y mediática lo sitúa lejos de la del espectador corriente.

La crítica más pertinente debe examinar cómo utiliza ese poder: qué preguntas considera prioritarias, a quién concede credibilidad y cómo reacciona cuando una respuesta contradice los hechos. Con cuatro aspirantes a La Moncloa ante el micrófono, esas decisiones tendrán un alcance que supera el entretenimiento.