Keri Russell lleva cuatro temporadas interpretando a Kate Wyler, una diplomática estadounidense que intenta mantener el equilibrio entre sus ambiciones profesionales y un matrimonio sometido a constantes tensiones. En The Diplomat, la serie creada por Debora Cahn, la política internacional y la intimidad doméstica comparten un territorio donde la lealtad puede convertirse en un problema porque el poder altera las relaciones personales. La cuarta temporada profundiza en los conflictos de Kate con su marido, Hal Wyler, interpretado por Rufus Sewell, mientras las decisiones políticas amenazan con desbordar el ámbito profesional. Russell, actriz y productora ejecutiva de la ficción, encuentra en esa inestabilidad uno de los grandes atractivos de su personaje. La intérprete, que ha cumplido 50 años, asegura que nunca se había divertido tanto trabajando. En esta conversación habla del desafío de regresar a un personaje después de un año, de la relación entre el poder y el matrimonio, de lo que ha aprendido de los diplomáticos y de la escritura de Cahn, a quien considera el verdadero motor de la serie.
Después de cuatro temporadas, ¿qué ha aprendido de Kate Wyler y de ese mundo diplomático en el que vive?
Una de las cosas que siempre decimos de la serie es que pretende ser una carta de amor al servicio exterior. He tenido la oportunidad de sentarme y conocer a algunas de estas personas, y son increíbles. Son muy inteligentes, tienen muchísima curiosidad, son eficaces y podrían dedicarse a cualquier otra cosa, pero han entregado su vida al servicio público. He aprendido muchísimo sobre este mundo, sobre lo difícil que es y sobre cuánto trabajan las personas que forman parte de él.

La serie combina las grandes decisiones políticas con los conflictos de pareja. ¿Qué le interesa de interpretar a una mujer que quiere arreglar su matrimonio mientras se pregunta si puede confiar en su marido?
Es un sueño. Rufus y yo siempre decimos que nunca quieres que tu personaje esté ganando durante demasiado tiempo, porque eso no es lo divertido. Empiezas con un objetivo y, de repente, te encuentras con otras tres cosas que tienes que gestionar. Eso es lo que hace tan interesante un buen drama. Y, además, están todos esos momentos cómicos, los pequeños detalles que aparecen a lo largo de la historia. Es un sueño como trabajo. Me encanta. He cumplido 50 años este año y estoy disfrutando más que nunca de mi trabajo. Es lo mejor.
Kate comienza la temporada con la intención de pasar página con Hal, pero la realidad política complica enseguida sus planes. ¿Cómo encontró el tono de esa relación?
Es muy divertido. En muchas ocasiones rodábamos una escena y yo acababa llorando de la risa. El equipo de peluquería y maquillaje tenía que entrar para arreglarme. Lo sorprendente de haber llegado a este punto de la historia es que aparece otra persona en la ecuación y cambia por completo la dinámica.
Su cadencia es diferente, su ritmo es diferente y sus intenciones también lo son. Para mi personaje, tener que lidiar con él y con todo lo que representa su mundo constituye un problema muy particular. Y es delicioso, verdaderamente delicioso.
La relación de Kate y Hal siempre ha estado marcada por la ambición de ambos. ¿Qué cambia cuando el poder empieza a repartirse de otra manera?
Por supuesto que el poder cambia una relación. Y, si se trata de una relación larga y saludable, espero que ese poder cambie muchas veces. Durante un par de años puede tenerlo una persona y después puede tenerlo la otra. En última instancia, eso es bueno, porque todo el mundo tiene su turno. Creo que la relación entre Kate y Hal representa muy bien esa idea.
¿Qué supone para Kate que su marido acceda a una posición de poder distinta de la suya?
Cambia el equilibrio entre ellos. Kate y Hal llevan mucho tiempo acostumbrados a navegar por un mundo en el que sus posiciones pueden variar. Lo interesante es ver cómo se enfrentan a esos cambios y cómo afectan a su relación. La serie nos permite explorar esa dinámica sin dejar de lado el humor y los pequeños momentos que hacen que sus personajes resulten tan humanos.

¿Cómo consigue volver a entrar en la vida emocional de Kate después de un año sin rodar la serie?
Rufus y yo comentábamos que gran parte del trabajo está en la escritura. No tenemos que hacer demasiado por nuestra cuenta. Basta con volver, leer el guion y, de repente, ya estás dentro otra vez. Es muy emocionante cada vez que sucede. Una buena escritura hace gran parte del trabajo para ti.
¿La interpretación también cambia a medida que los guionistas conocen mejor a los personajes?
La escritura es la verdadera heroína de esta serie, con mucha diferencia. Debora Cahn es muy inteligente, y esa cualidad no siempre aparece en las series de largo recorrido. No es una guionista cínica. No está desencantada con las relaciones ni con los matrimonios. En última instancia, tampoco lo está con el país. Esa combinación es lo que hace que su voz sea tan singular.
Además, es capaz de tomar grandes ideas y cuestiones que nos importan como sociedad y hacerlas accesibles, reconocibles. Esa es una cualidad extraordinaria.
¿Qué destacaría de su manera de trabajar y de dirigir al equipo?
No creo que hoy sea suficiente con ser excelente en lo que haces. Necesitamos líderes, y Debora lo es de una manera extraordinariamente natural. La veo ayudar a los guionistas más jóvenes, acompañarlos, hacer que crezcan y darles espacio para que tengan éxito. Necesitamos personas al mando que sean excelentes en su trabajo y que, además, sepan cuidar del conjunto. Estoy cansada de quienes no saben hacerlo. Debora lo consigue con mucha naturalidad y se lo agradezco de verdad.

La serie aborda un mundo político que parece cada vez más difícil de comprender. ¿Cómo convive con esa realidad mientras interpreta a Kate?
La serie intenta ofrecer una mirada a ese trabajo que sea heroica, sin ironía y, al mismo tiempo, realista. Es un trabajo difícil, pero necesario. Es muy fácil volverse cínico respecto al servicio público, y eso nos ha llevado a una situación muy complicada en el planeta. Creo que es importante que el público sea consciente de lo que hacen estas personas y de las dificultades a las que se enfrentan.
¿Qué le gustaría que el público entendiera sobre las relaciones que retrata The Diplomat?
Debora tiene una visión muy esperanzadora de las relaciones complicadas y duraderas. Es una idea casi radical. Creo que ahí reside parte de la magia de la serie. Los personajes se enfrentan a desafíos enormes, pero la historia no parte de la idea de que las relaciones están condenadas al fracaso. Hay algo muy valioso en esa perspectiva.

