Cine

Júlia de Paz sobre la violencia machista: “Los niños y niñas no están siendo escuchados”

Júlia de Paz y Nuria Dunjó estrenan en el Festival de Málaga el largometraje 'La buena hija', sobre la difícil situación que vive una niña de doce años tras la separación de sus padres por violencia doméstica

Escena de 'La buena hija'.

Celebramos un buen momento en el cine español para las autoras y realizadoras. Júlia de Paz y Nuria Dunjó estrenaron el pasado viernes La buena hija, tras su estupenda acogida en el Festival de Málaga, donde fue candidata a la Biznaga de Oro.

Las creadoras ya habían trabajado juntas en Harta, el cortometraje que dio origen a La buena hija, y en Ama, también presentado en Málaga. En esta ocasión abordan una situación compleja para los menores: cómo vive Carmela, de doce años, el contexto de los puntos de encuentro familiares tras la separación de sus padres y las dificultades que esto implica.

Entrevistamos en exclusiva a Júlia de Paz, directora, y Nuria Dunjó, guionista.

La maternidad en soledad y la desconexión con el padre son temas que he visto recurrentes en tu filmografía, Júlia, ¿de dónde nace tu interés por indagar en estas situaciones?

Júlia: Creo que, más que partir de un tema concreto, partimos de las preguntas que nos genera. En cada proyecto hay algo que nos inquieta y nos atraviesa en ese momento. Nos interesa especialmente la familia, porque es donde se construye la identidad de una persona, esa herencia que recibimos de los progenitores. Más que elegir un tema, seguimos las preguntas que nos abre.

Para hacer esta película, ¿hubo alguna experiencia vuestra personal o cercana que encendiera la chispa de la historia?

Nuria: No. El germen surge porque una amiga de Júlia trabajaba en un punto de encuentro familiar y empezamos a descubrir esa realidad. Nos sorprendió que fuera algo tan desconocido, pese a afectar a tantos niños.

A partir de ahí iniciamos una investigación, hablamos con muchas madres y entendimos que estos niños no eran considerados víctimas, cuando claramente lo son. Están atravesados por la violencia. La pregunta que nos impulsó fue: ¿qué pasa con estos niños?

La historia está contada desde el punto de vista de la niña, ¿por qué os interesaba esto?

Júlia: Porque en la investigación, y al hablar con mujeres supervivientes de violencia machista, vimos que los niños y niñas no estaban siendo escuchados ni se estaban teniendo en cuenta sus derechos básicos, como el de vivir una infancia sin violencia.

Nuria: Teníamos claro que el punto de vista debía ser el de la niña. Queríamos visibilizar sus necesidades, sus miedos, sus contradicciones y ambivalencias.

Júlia de Paz con el equipo de ‘La buena hija’ en el Festival de Málaga
EFE / Jorge Zapata

Es muy llamativo cuando la niña está hablando con la jueza de menores y los padres están allí presentes escuchando sus declaraciones. ¿Eso está permitido en el contexto real?

Nuria: Sí, ocurre. Por ley debería haber un biombo, pero en la práctica muchas veces no está.

Júlia: No debería ser así, pero sucede. Hay precariedad en el sistema judicial, todo va muy rápido y no se cuidan estos procesos. El foco no está en los niños, sino en otros aspectos, como mantener la unidad familiar, y eso deja desprotegidas cuestiones fundamentales.

Para vosotras, ¿qué es ser una buena hija en el contexto de la película?

Nuria: No tenemos una respuesta cerrada. El título busca cuestionar esa dualidad de bueno y malo. ¿Qué significa ser buena? ¿Quién decide qué es ser mala? Igual que nos interesa cuestionar quién marca los límites de la violencia, también nos interesa cuestionar quién define esos conceptos.

En cuanto a construcción de los personajes, la niña y la madre hablan poco, y el padre habla mucho, es muy de extremos, ¿os interesaba narrar desde la contención o la omisión?

Júlia: Tiene que ver con los perfiles. El padre ocupa todo el espacio y está centrado en sí mismo, en su propio narcisismo. No ve el daño que genera, y eso se traduce en una expansión verbal constante. La madre, en cambio, está en la contención, intentando sostener la situación. Esa diferencia se refleja de forma natural en el lenguaje de los personajes.

Vuestra película llega en un momento en el que muchas directoras cuentan historias familiares y personales desde perspectivas nuevas, con un tono intimista, como la vuestra. ¿Diríais que vuestra película es necesaria?

Nuria: No nos sentimos cómodas con el término “necesaria”. Para nosotras sí lo ha sido, porque durante la investigación detectamos una urgencia: poner sobre la mesa el conflicto de estos niños y niñas invisibilizados, y esa violencia psicológica que atraviesan. La necesidad nace de ahí, del proceso.

¿Qué ha supuesto para vosotras presentar el proyecto en el Festival de Málaga y qué creéis que va a suponer para la película?

Júlia: Ya habíamos estado en el festival con Ama y con Harta, que fue la semilla del largo. Estar aquí permite que la película se vea y que el conflicto que plantea genere preguntas y conversaciones. Ojalá ocurra. Eso es lo más valioso que puede aportar el festival.

Júlia, ¿cómo fue trabajar con Alauda en la serie Querer? ¿Aprendiste o recogiste algo de ese proyecto para aplicar en este tuyo?

Júlia: Me incorporé a Querer cuando ya llevábamos años de investigación en nuestro proyecto, así que las temáticas no eran exactamente las mismas. Aun así, el proceso de la serie me aportó mucho.

Sobre todo he aprendido de Alauda Ruiz de Azúa y de Eduard Solá: su manera de crear, de comunicarse y de entender el proceso creativo. Eso es lo que más me llevo.

TAGS DE ESTA NOTICIA