Teatro

La Rara: “Todavía es difícil mover trabajos sobre estos temas hechos por mujeres”

La compañía sevillana creadora de 'Órgia' reflexiona sobre la memoria de las mujeres internadas en el antiguo psiquiátrico de Miraflores y el estigma de la salud mental

El reparto de 'Órgia'.
El reparto de 'Órgia'.
Teatro de la Abadía

Cinco mujeres vestidas de rojo se retuercen, saltan, gritan y llevan sus cuerpos hasta la extenuación. En Órgia, la compañía sevillana La Rara combina el teatro documental, la autoficción, la música y el lenguaje audiovisual para explorar la relación entre la salud mental y la condición femenina. La obra, estrenada en 2023, recupera los testimonios de las trabajadoras que participaron en el cierre del antiguo psiquiátrico de Miraflores, en Sevilla, durante los años ochenta. Pero también se pregunta por las formas que adopta el malestar en las mujeres de hoy, por aquello que ha cambiado desde entonces y por todo lo que permanece.

El montaje, que ha podido verse en el Teatro de La Abadía de Madrid del 15 al 18 de octubre, nació de una investigación que comenzó en las propias experiencias de sus creadoras, Rocío Hoces y Julia Moyano, y terminó llevándolas a uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de la psiquiatría española. En escena, ambas comparten protagonismo con Eloísa Cantón, Nerea Cordero y Eva Gallego, en una propuesta que transforma las voces recogidas durante el proceso documental en una experiencia física y colectiva. El espectáculo recibió el Premio Lorca al Mejor Espectáculo Revelación en 2024 y fue finalista en dos categorías de los Premios Max de 2025.

Al día siguiente del encuentro con el público celebrado tras una de las funciones en La Abadía, nos sentamos a tomar un café con Hoces y Moyano. Durante la conversación, las dos artistas recuerdan los orígenes de La Rara, explican cómo construyeron Órgia a partir de sus propias inquietudes y de los materiales encontrados en Miraflores, y expresan su frustración por las dificultades para dar continuidad a una producción que, pese a la respuesta del público, llevaba un año y medio sin representarse.

Una escena de ‘Órgia’.
Tino Yamuza

¿En qué momento nace La Rara? ¿Qué inquietudes os llevaron a formar la compañía y cuál fue vuestro primer proyecto?

Julia Moyano: La Rara nace con Si yo fuera madre. De hecho, es el proyecto en el que Rocío y yo nos conocemos realmente. Ya teníamos personas en común, pero fue a raíz de ese trabajo cuando surgió nuestro encuentro y nuestra conexión.

Rocío Hoces: No había una intención clara de formar una compañía. Simplemente había una inquietud. Las dos estábamos embarazadas o acabábamos de tener un hijo, y cada una estaba planteándose qué iba a hacer. Yo ya había sido madre antes y sabía el parón que suponía la maternidad en las artes escénicas. Hay una transformación muy grande de tu cuerpo y también una necesidad de permanecer en el lugar donde vives porque tienes una criatura pequeña. Nos preguntábamos cómo podíamos seguir trabajando sin dejar de criar, sobre todo durante ese primer año de vida. De ahí surgió la idea de poner todo eso en escena, de contar lo que nos estaba pasando. También era un desafío: queríamos ver hasta dónde podíamos llegar con nuestros bebés dentro de un proceso creativo. Empezamos a reunirnos para hablar de la maternidad, especialmente de todo aquello de lo que no se suele hablar. En realidad, así fuimos creando nuestra forma de trabajar: partir de cuestiones muy pegadas a nuestra piel. Conseguimos estrenar bastantes meses después y hacer una gira en la que siempre venían nuestros hijos. Había un espacio de juego para ellos dentro de la propia escena, y ese contraste tenía mucho sentido con lo que estábamos contando, que no era precisamente suave. Fue un reto enorme porque los bebés eran imprevisibles. Pero creamos un código que entendieron muy bien. Empezaron con apenas unos meses, cuando todavía les dábamos el pecho, y siguieron participando hasta los cinco o seis años. La obra fue desapareciendo poco a poco, pero ellos seguían preguntando: “¿Cuándo volvemos?”.

Habéis explicado que empezasteis investigando vuestros propios malestares y que después llegasteis a Miraflores. ¿Qué cambió en vuestra idea inicial de la obra cuando aparecieron aquellos testimonios?

Julia Moyano: Cambió y no cambió. Tuvimos que hacer un viaje de ida y vuelta porque no queríamos perder de vista cuál había sido el origen del proyecto. Partíamos de una toma de conciencia: había un malestar individual, pero también uno compartido con nuestra generación. Y estaba la necesidad de nombrarlo. Tú puedes decir que vas al endocrino, pero resulta mucho más difícil decir que vas al psiquiatra o al psicólogo. Eso sigue pasando a día de hoy; a mí me pasa. Cuando empezamos a escuchar todos aquellos testimonios y a conocer ese pasado tan duro, tuvimos que hacer un gran esfuerzo para que ese contenido no tapara ni deslegitimara nuestra propia voz. Pero ambas cosas podían convivir perfectamente.

Rocío Hoces: Recuerdo mucho la sensación inicial de no saber desde dónde abordar el tema. Meterte en la relación entre la locura y las mujeres era como entrar en un océano. En ese sentido, Miraflores nos dio un eje. Decidimos partir de aquel momento histórico y eso nos permitió focalizar la investigación. Podríamos habernos remontado al final de la Guerra Civil o a los primeros años del franquismo, porque también había muchísimo que abordar, pero elegir ese punto de partida nos ayudó a acotar y dirigir la mirada.

Una escena de ‘Órgia’.
Manuel Cuadrado

Julia Moyano: Antes de llegar ahí ya llevábamos un tiempo trabajando en Frenia, donde habíamos desarrollado toda esa investigación sobre la locura en las mujeres. Habíamos partido de nuestros propios cuerpos y de lo que nos pasaba a nosotras. Después pudimos dar el salto a la dramaturgia de Órgia, pero ya habíamos atravesado esa experiencia corporal y construido una voz colectiva.

Rocío Hoces: Además, las entrevistas no partían de una intención clarísima de contar exactamente lo que luego acabamos contando. Empezamos a preguntar para ver qué encontrábamos y qué nos inspiraba. Fue toda una búsqueda.

¿Hubo algún momento en que el respeto a los testimonios os limitara lo que podíais hacer teatralmente? ¿Alguna escena que tuvierais que replantear por ese motivo?

Rocío Hoces: Hablábamos mucho de mimar. Era una palabra que repetíamos constantemente. Las trabajadoras habían compartido con nosotras aspectos muy íntimos de sus vidas y nos habían hablado de las usuarias, de historias durísimas con las que también mantenían vínculos personales. Sentíamos que nos habían abierto algo muy delicado y queríamos cuidarlo. Era como caminar por una cuerda floja. Resultaba muy fácil meter la pata. Pero después recibimos comentarios muy positivos por parte de aquellas mujeres. Independientemente de lo que haya recibido el público, ellas sintieron que nos habíamos acercado a sus experiencias con respeto, y eso nos tranquilizó mucho. Creo que fue fundamental disponer de tiempo. Los procesos tienen que ser largos porque necesitas ir entendiendo lo que está pasando y encontrar cómo abordarlo. En este caso, gracias a una financiación que nos permitió investigar durante meses, pudimos avanzar despacio. Eso fue clave.

La obra empieza con un pódcast feminista, Loca Yo??, que reaparece en distintos momentos. ¿Por qué elegisteis ese formato para contar la historia?

Julia Moyano: ¿No conoces el podcast?

¿Es un podcast real?

Julia Moyano: ¡Sí! [Risas]. Rocío y yo estábamos enganchadísimas.

Rocío Hoces: Nos encantaba.

El reparto de 'Órgia'.
El reparto de ‘Órgia’.
Manuel Cuadrado

Julia Moyano: Era otra de las cosas que estaban ocurriendo en aquel momento. Existía Loca Yo??, un pódcast de Mai Ínsua y Tais Álvarez, que viven en Galicia y a las que no conocíamos personalmente. Tanto sus invitadas como los libros de los que hablaban nos servían para alimentar nuestra propia investigación. Ya habíamos explorado el lenguaje transmedia en Si yo fuera madre, así que pensamos: “¿Y si incorporamos esto como una capa más?”. Contactamos con ellas y les propusimos participar.

Rocío Hoces: Y grabamos el pódcast tal y como ellas lo hacían.

Julia Moyano: Siempre tenían una entrada característica; presentaban a sus invitadas con muchísimo entusiasmo.

Rocío Hoces: “¡Y es que son las putas amas!”, decían.

Julia Moyano: “Y con todas ustedes…”, y anunciaban a la invitada que correspondiera. En nuestro caso, era “¡La Rara!”. Se prestaron de una manera increíble, incluso escribieron un guion específicamente para la obra. Las amamos, de verdad.

Rocío Hoces:  Fue muy bonito. El pódcast ya no se emite, pero todavía puede escucharse. Es interesantísimo. Y, al final, Órgia es también un archivo de memoria de un momento.

Julia Moyano: Tenemos una cantidad de trabajo documental impresionante. También está todo lo relacionado con Saltar la tapia. Entrevistamos a Ricardo Pachón, que falleció este año, y nos facilitó materiales de su propio archivo. Algunos de los audios y de la música que suenan en el espectáculo proceden de aquellas grabaciones originales.

Rocío Hoces: Y los vídeos que se proyectan en un momento de la obra son de la residencia artística que hicimos en el psiquiátrico. Los grabó y editó un colectivo llamado La Cura.

Una escena de 'Órgia'.
Una escena de ‘Órgia’.
Tino Yamuza

Julia Moyano: Hay muchísimo material. Tenemos una exposición, el vídeo y también queremos preparar una edición de un libro mucho más completo. El estudio de arquitectura que hizo la maqueta dispone, además, de unos materiales preciosos con los planos originales. Hay algo que me gustaría añadir sobre el trabajo de los personajes. Nosotras no hacemos un trabajo de construcción de personajes propiamente dicho. El acercamiento a las trabajadoras fue muy respetuoso, y en ese sentido el verbatim es una técnica muy interesante. Cuando pasas horas y horas escuchando la voz de una persona, acabas familiarizándote con su respiración, sus pausas, sus dudas… Casi empiezas a entrar en su forma de pensar y, a partir de ahí, vas desarrollando su fisicalidad. Hasta tal punto fue así que, cuando conocimos personalmente a una de las trabajadoras, yo ya sabía quién era Carol. No habíamos intentado imaginar cómo eran aquellas mujeres: sus cuerpos se habían ido dibujando a través de sus voces. Con las usuarias sucedió algo parecido. Partimos de los pocos trazos que nos habían dado las trabajadoras sobre ellas, de sus padecimientos y de nuestro estudio sobre las secuelas de las sujeciones, la medicación y otras prácticas psiquiátricas. Hemos intentado ser muy fieles a todo eso, sin recurrir tanto a técnicas actorales convencionales. Por eso insistimos en la profundidad del trabajo corporal y vocal: creo que es lo que sostiene buena parte de Órgia.

La obra exige muchísimo físicamente a las cinco intérpretes. ¿Cómo conseguís mantener esa intensidad después de tres años representándola? ¿Habéis tenido que adaptar algo con el tiempo?

Rocío Hoces: Nos interesaba mucho llevar el cuerpo a un lugar de cansancio y agotamiento. En Frenia, cuando trabajábamos Julia y yo durante la residencia artística, ya habíamos desarrollado unas pautas de movimiento que, vistas desde fuera, resultaban muy angustiosas. También incorporábamos unas pautas de emisión sonora, pero todo era muy técnico. Cuando la gente veía Frenia, nos decía: “¡Es que lo pasáis muy mal!”. Y nosotras no lo pasábamos mal. Sabíamos perfectamente lo que estábamos haciendo. Se generaba una emoción muy intensa, pero no necesitábamos entrar emocionalmente en ese estado. Fue un descubrimiento interesante como intérpretes: comprobar que podíamos conectar con algo desde el cuerpo sin tener que poner nuestra propia emoción. En Órgia sí dimos un paso más hacia ese cansancio. Toda esa parte es real: te cansas, no sabes cómo. A mí me ha bajado la regla esta mañana y no sé cómo voy a tener esta noche el suelo pélvico ni cómo me van a aguantar las piernas para los saltos. Pero eso forma parte de la apuesta. Llegamos al agotamiento real, a los mareos y prestamos nuestros cuerpos a esa especie de trascendencia que también se produce.

Julia Moyano: También hay mucha confusión asociada al agotamiento físico. En la “Nana de la medicación”, por ejemplo, trabajamos el estado corporal que puede provocar un exceso de medicación. Estamos intentando entrar en esos cuerpos. Hay un momento en el que incluso trabajamos en apnea.

Rocío Hoces: Todo eso es real. Acabamos la función mareadas.

Una escena de 'Órgia'.
Una escena de ‘Órgia’.
Tino Yamuza

Julia Moyano: Cuando caemos al suelo, realmente lo vemos moverse [hace movimientos ondulantes con los brazos].

Rocío Hoces: Pero es nuestra apuesta y hemos comprobado que se sostiene. Somos cinco cuerpos. Si un día una está más flojita, hay otros cuatro cuerpos que la sostienen.

Durante gran parte de la obra lleváis esos monos y batas rojas, pero al final os desprendéis de ellos, pasáis por la desnudez y termináis con ropa de calle. ¿Qué queríais contar con esa transformación?

Julia Moyano: Al principio tenemos diferentes prendas para las trabajadoras y las usuarias. Hay elementos blancos, como el calzado, y otros que remiten al vestuario del psiquiátrico. Pero al final se trata de volver a nosotras, al batallón de La Rara. Una vez que nos hemos quitado toda esa piel relacionada con el psiquiátrico, aparece la necesidad de introducir color, de volver al presente, a la alegría y a la celebración.

Rocío Hoces: Nos quitamos la uniformidad. Cuando representamos a las usuarias vamos prácticamente uniformadas, aunque las prendas no sean exactamente iguales. Después somos distintas, somos nosotras. El vestuario es de Gloria Trenado, que está haciendo trabajos muy interesantes en la escena contemporánea. Además de ser amiga, ha sido muy cómplice de esta función. Se implicó desde el principio en lo que queríamos contar y fue encontrando el vestuario durante el proceso, igual que Eloísa Cantón fue construyendo el espacio sonoro. Nosotras le proponíamos una dirección y ella también aportaba muchísimas ideas.

Julia Moyano: De hecho, alguna vez llegó a participar en el trabajo corporal con nosotras.

Rocío Hoces: Invitamos a todo el equipo, incluso a quienes no iban a estar en escena, como los técnicos o las personas de vestuario, a poner el cuerpo en alguna sesión. Queríamos que todas pasáramos por esa experiencia.

Las proyecciones, la iluminación y el espacio sonoro tienen mucho protagonismo en la obra. ¿Hubo escenas que cambiaran sustancialmente cuando empezasteis a incorporar esos elementos?

Julia Moyano: Fue cuando empezamos a trabajar con Marta, de Chica Fábrica, que ha desarrollado toda la parte de las proyecciones en directo. Teníamos claro que queríamos incorporar esa capa. Los archivos de Miraflores estaban muy presentes porque habíamos hecho allí la residencia artística. Lo que no recuerdo es en qué momento decidimos algunas cosas concretas, como la parte del monstruo…

Rocío Hoces: Ya habíamos coqueteado con la narrativa transmedia en la versión virtual de Si yo fuera madre, junto a Álex Peña, que llevaba tiempo investigando sobre ello. Nos interesaba cómo crear dramaturgia a través de esos medios. Álex participó en la construcción inicial de la parte del pódcast y después Chica Fábrica tomó el relevo para las funciones. La pregunta era cómo podía convivir todo eso con lo que sucedía en escena. Teníamos muy claro que no queríamos imágenes porque sí: debían contar algo, estar integradas en la dramaturgia y tener una función dentro de ella.

Una escena de 'Órgia'.
Una escena de ‘Órgia’.
Rafael Núñez

Julia Moyano: Por eso ahora está todo tan integrado. Hay momentos en los que sientes que estás dentro de un pódcast y otros en los que nosotras convivimos con sus presentadoras, como cuando nos dirigimos a ellas para responder a una pregunta. A veces no sabes si estamos hablando con ellas o con el público. Esa capa juega con nosotras, pero no sabría reconstruir exactamente cuándo tomamos cada decisión.

Rocío Hoces: También hay que tener en cuenta que el equipo ha sido enorme. Hemos trabajado como si fuéramos el Centro Dramático Nacional, siendo una compañía pequeñita de Sevilla, situada completamente en los márgenes. Aprovechamos una coyuntura interesante en nuestra ciudad y conseguimos reunir apoyos que nos permitieron hacer una producción mucho mayor de lo que normalmente está a nuestro alcance. Poder trabajar con un equipo multidisciplinar, con miradas diferentes, ha sido un gustazo. Somos cinco cuerpos en escena y tres personas en la técnica, cada una con su especialidad. Fue una apuesta muy clara de La Rara que no nos ha salido bien. Bueno, bien, porque luego ves el trabajo, pero no ha sido una función fácil de llevar de gira.

Ayer comentasteis que la obra no había provocado ninguna reparación institucional hacia las mujeres internadas en Miraflores. ¿Qué creéis que sí puede conseguir el teatro con estas historias? ¿Y qué queda fuera de su alcance?

Julia Moyano: Para mí, personalmente, ha sido una reparación absoluta. Cuando empezamos, tenía muy claras algunas cuestiones de las que quería hablar. Hicimos listas con todo aquello que necesitábamos nombrar. Y ahora hay cosas que ya casi se me olvida mencionar porque siento que están reparadas. Verbalizarlas, compartirlas y sentir que dejan de formar parte de algo estigmatizado ha sido reparador para mí. Y si lo ha sido en mi caso, creo que también puede serlo para otras personas que reciben esas historias desde el escenario. Como decía una señora en el encuentro con el público, es necesario hablar de estas cosas y quitarles esa etiqueta.

Rocío Hoces: Hay algo muy político en el trabajo de La Rara que tiene que ver con colectivizar. Primero fue colectivizar todas esas ideas preconcebidas sobre la maternidad que no reflejan su realidad. Ahora se trata de colectivizar el malestar. No podemos hacer un ranking del sufrimiento. Lo que te hace sufrir, seas quien seas, es legítimo y necesita tener un espacio donde pueda compartirse. Y cuidado, porque no todo tiene que medicalizarse. Hemos entrado en una dinámica en la que parece que cualquier malestar tiene que resolverse individualmente: “Mírate lo tuyo, págate una terapia, haz esto, haz lo otro…”. Lo que plantea Órgia, esa verdad espiritual que va a ser revelada, tiene más que ver con lo que sucede cuando nos juntamos y compartimos lo que nos pasa. Hay algo sanador en hacerlo colectivamente. La respuesta a todo esto tiene que ser colectiva, no solo individual. En los últimos años se ha prestado mucha atención al tratamiento individual de la salud mental. Cuando estábamos haciendo la obra quizás no teníamos tan clara esta dimensión, pero ahora, con la distancia, veo que hay una parte de ese sufrimiento que es común, que es de todas. Y compartirla puede hacer que salgamos de aquí siendo diferentes.

Imagen promocional de ‘Órgia’.
Alejandra Amere

Órgia se estrenó en 2023. Tres años después, ¿qué recorrido ha tenido el espectáculo y qué esperáis de su paso por Madrid?

Rocío Hoces: Órgia no ha tenido demasiado recorrido. En Sevilla hemos estado dos veces: el estreno y otra función posterior. Madrid es un altavoz muy grande y estos cuatro días son una suerte. Esperamos que suceda algo a partir de aquí. De hecho, ya está sucediendo. Llevábamos un año y medio con el espectáculo metido en un cajón y ojalá resurja. Somos conscientes de que el teatro siempre llega a minorías; no es una plataforma audiovisual, pero ese trabajo pequeño, replicado muchas veces, tiene un potencial transformador. Nos gustaría que la obra tuviera una vida más larga. Conseguirlo a raíz de este paso por Madrid sería una gran conquista, porque, de lo contrario, nos queda la sensación de habernos quedado a medias. Tenemos todo este material y una respuesta increíble del público cada vez que hacemos la función, pero, por alguna razón, las contrataciones no llegan. Creemos que hay algo que se nos escapa. Todavía es difícil mover trabajos que tengan que ver con estos temas hechos por mujeres.

Julia Moyano: Y sigue existiendo un estigma. Se nota en los comentarios: “Es que va a ser duro”, “Es que la gente no sé si lo va a pasar muy bien”…

Rocío Hoces: O “es que hace falta un contexto”. Eso se lo han dicho muchas veces a nuestra distribuidora: “Necesitamos un contexto para programar Órgia“. Como si no fuera un espectáculo que pudiera formar parte de la programación habitual de un teatro.

¿Como si tuviera que estar vinculada a alguna celebración o fecha concreta?

Rocío Hoces: Sí, a un 25 de noviembre…

Julia Moyano: A una efeméride.

Sin embargo, hace poco también se representó Leonora en La Abadía…

Rocío Hoces: Claro, pero porque La Abadía está haciendo una apuesta maravillosa. Estamos muy agradecidas a Juan Mayorga y a Ronald. Nos han sacado de ese desván lleno de polvo y oscuridad y nos han traído aquí a pasear.

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