Por qué Fontaines D.C. es lo mejor que le ha pasado a la música en mucho tiempo

El concierto de los irlandeses en Madrid confirma el alcance de una banda que ha devuelto al rock la ambición, la personalidad y la capacidad de contar el presente. Su ascenso también explica qué echaba de menos una generación que creció entre guitarras

Concierto del grupo irlandés Fontaines D. C. en el Palacio de Deportes de Madrid
Concierto del grupo irlandés Fontaines D. C. en el Palacio de Deportes de Madrid
Paula Martín | Mercury Wheels @ Live Nation España

Carlos O’Connell tenía una invitada especial entre el público del Movistar Arena. Se llamaba Rosa y había sido su profesora de biología. Años atrás, cuando el guitarrista de Fontaines D.C. todavía era un adolescente, ella lo había llevado a aquel recinto a escuchar a Leonard Cohen. El pasado 22 de octubre le tocó verlo desde el otro lado. O’Connell le dedicó Happy for You. En una noche protagonizada por uno de los grupos más importantes del momento, ese agradecimiento introdujo una historia pequeña y bastante reveladora: alguien te lleva a un concierto y, años después, sigues intentando averiguar hasta dónde puede conducirte lo que escuchaste.

Fontaines D.C. están produciendo ahora ese efecto en otros. Con cinco discos publicados desde 2019, han construido un repertorio que permite defender, sin demasiadas precauciones, que son la mejor banda de rock actual. Hay competencia, por supuesto. La afirmación pertenece a la crítica, no a una clasificación deportiva. Pero resulta difícil encontrar otra formación que reúna hoy semejante continuidad creativa, una identidad tan reconocible y tantas posibilidades abiertas.

Madrid ofreció una buena ocasión para comprobarlo. Dopamine Chamber, su quinto álbum, llevaba menos de una semana publicado cuando llegaron al pabellón. El concierto comenzó con Tongue y concedió un espacio considerable a las canciones nuevas, intercaladas con piezas que ya explican por sí solas su ascenso: Boys in the Better Land, Jackie Down the Line, I Love You, Starburster. La presentación tenía el riesgo añadido de enfrentar al público con un disco que todavía estaba aprendiendo a escuchar.

Grian Chatten habló poco. Su presencia se sostiene en una manera de ocupar el escenario que combina inquietud, concentración y una seguridad difícil de ensayar. Abre los brazos, levanta la mirada, reclama una respuesta. Su voz, profunda, grave, conserva algo incómodo incluso cuando la melodía invita a cantar juntos. Esa fricción es parte del atractivo: la belleza de Fontaines casi siempre tiene un nervio expuesto.

El poder de las guitarras

Decir que apenas quedan grupos que hagan “rock de verdad” puede expresar una frustración comprensible, aunque describe mal una escena donde también trabajan bandas como IDLES, Shame, Wolf Alice o The Last Dinner Party. Lo que se echa de menos es la aparición de un grupo nuevo capaz de convertirse en una referencia compartida, de generar conversación más allá de sus seguidores y de hacer que el siguiente disco importe.

Fontaines han recuperado esa expectativa. Su trayectoria permite seguir una transformación, discutirla y reconocer sus consecuencias en las canciones. Publicaron Dogrel en 2019; A Hero’s Death, en 2020; Skinty Fia, en 2022; Romance, en 2024. Ahora llega *Dopamine Chamber. Cada entrega modifica la anterior sin obligar a fingir que los comienzos fueron un error.

En Dogrel estaban el impulso, las guitarras cortantes y una ciudad que parecía hablar a través del grupo. A Hero’s Death ensanchó las sombras y rebajó la velocidad. Skinty Fia convirtió el desarraigo y la identidad en una música más densa. Romance abrió espacio a melodías expansivas, a una sensibilidad cinematográfica y a canciones que podían crecer mucho sin perder su rareza.

Esa evolución tiene algo especialmente valioso para quienes descubrieron la música siguiendo discografías: invita a escuchar un álbum entero. Importan la secuencia, los cambios de temperatura, las relaciones entre canciones. También importa regresar después al primer disco y comprobar cuánto de aquella banda permanece.

Concierto del grupo irlandés Fontaines D. C. en el Palacio de Deportes de Madrid
Concierto del grupo irlandés Fontaines D. C. en el Palacio de Deportes de Madrid
Paula Martín | Mercury Wheels @ Live Nation España

La poesía se escucha en el acento

La formación nació en Dublín, donde coincidieron Chatten, los guitarristas Carlos O’Connell y Conor Curley, el bajista Conor Deegan III y el batería Tom Coll. La literatura formaba parte de sus conversaciones y de su manera de entender las canciones. En sus primeras giras con Shame, Chatten llegó a regalar a Charlie Steen un libro de Yeats. La anécdota ayuda a situar una afinidad que atraviesa su trabajo.

La tradición poética irlandesa aparece en la atención al lenguaje, en el ritmo de las frases y en la convivencia de lo íntimo con lo colectivo. Chatten mantiene su acento y deja que determine la musicalidad. Las palabras tienen un lugar de procedencia. Su interpretación puede resultar seca, casi recitada, y abrirse después hacia una melodía de una vulnerabilidad inesperada.

I Love You condensa esa capacidad. Su declaración afectiva arrastra rabia y decepción; el vínculo con Irlanda contiene también una discusión sobre el país. La canción permite que el amor tenga contradicciones políticas, que pertenecer a un lugar incluya el dolor de verlo cambiar.

En Madrid fue uno de los momentos centrales del tramo final. La intensidad vocal de Chatten y la acumulación instrumental explican por qué funciona en un recinto grande: la canción desarrolla su propio conflicto hasta volverlo físicamente perceptible. No depende únicamente de que miles de personas conozcan el estribillo.

Una estética que también forma parte de la música

El atractivo de Fontaines incluye su imagen. Los colores eléctricos, la ropa deportiva, los cabellos teñidos y la mezcla de referencias que acompañaron a Romance hicieron visible la transformación del grupo. Había una decisión estética reconocible, una voluntad de construir un mundo alrededor de las canciones.

Conviene concederle importancia. El rock siempre se ha escuchado también a través de cuerpos, portadas, fotografías y prendas que permiten imaginar otra versión de uno mismo. La autenticidad puede convivir perfectamente con una imagen trabajada. En Fontaines resulta convincente porque sus cambios visuales acompañan decisiones musicales. La ambición se percibe en el conjunto: en el modo de cantar, en los arreglos, en la escala que buscan y en su disposición a desconcertar a quienes preferirían que siguieran haciendo el primer álbum.

Para una parte de los millennials más viejos, ese universo puede resultar familiar sin ser una repetición de su adolescencia. Reconocen (reconocemos) ecos del rock alternativo, de la melancolía británica y de la electrónica que escucharon mientras crecían. También encuentran una voz contemporánea, atravesada por el cansancio, la ansiedad y la dificultad de imaginar el futuro. Es una lectura generacional posible.

Crecer sin volverlo todo más fácil

Dopamine Chamber, publicado el 16 de octubre por XL y producido por James Ford, prolonga la expansión del grupo. Incluye once canciones y una colaboración con Rosalía, Where Is Gone?, que añade otra posibilidad a su vocabulario.

El álbum trabaja con la seducción y el malestar: ofrece superficies hermosas mientras explora una relación agotadora con el placer, la evasión y el deseo. Su amplitud sonora plantea una cuestión interesante para una banda que empieza a ocupar grandes recintos: cuánto puede agrandar su música conservando la incomodidad que la distingue.

En Madrid, Rosalía no apareció. Where Is Gone? tuvo que sostenerse como canción dentro del repertorio del quinteto. Lo mismo sucedió con Mimesis, cuyo desarrollo apunta con claridad hacia un público multitudinario. La banda está aprendiendo a manejar esa escala sin abandonar las piezas más ásperas de su catálogo.

Tampoco hace falta convertir el concierto en una perfección retrospectiva. Aunque durante el concierto predominó el entusiasmo, también abundaron las pausas que cortaban el impulso y una conexión irregular con algunas zonas del pabellón. Esa reserva importa: tener grandes canciones y conseguir que una arena entera respire con ellas son trabajos relacionados, pero distintos.

Una banda que todavía puede sorprender

Su crecimiento ha tenido una base bastante reconocible: tocar, escribir, volver a tocar y mejorar las canciones. Los primeros conciertos ante públicos pequeños, el apoyo de la radio, las giras y una discografía sostenida explican buena parte de su recorrido. Las redes amplifican lo que sucede alrededor del grupo, pero la obra ofrece razones para quedarse después del primer vídeo.

También existe una posición pública. El apoyo a Palestina, expresado de nuevo por Chatten en Madrid, y su implicación en iniciativas relacionadas con la falta de vivienda conectan con preocupaciones presentes en su música. La identidad irlandesa conserva una dimensión social incluso mientras su audiencia se internacionaliza.

El cantante de la banda irlandesa Fontaines D.C., Grian Chatten, durante su concierto en Madrid
El cantante de la banda irlandesa Fontaines D.C., Grian Chatten, durante su concierto en Madrid
Paula Martín | Mercury Wheels @ Live Nation España

La mejor razón para entusiasmarse con Fontaines D.C. está, sin embargo, en lo que todavía desconocemos de ellos. A estas alturas podrían acomodarse en una fórmula rentable, pero siguen introduciendo cambios que obligan a revisar las expectativas.

En Madrid reservaron Starburster para el tramo final, pero eligieron despedirse con Six Shot Morning, una canción recién publicada. Dejaron que el público saliera del recinto con un sonido que apenas empezaba a reconocer. Es una decisión de repertorio que explica bastante bien el momento de la banda: ya tienen un pasado al que acudir y siguen dando espacio a lo que viene después.

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