Carolina Marín ha iniciado un nuevo capítulo en su carrera deportiva marcado por la prudencia y la mirada a largo plazo. Tras pasar por el quirófano el pasado 4 de febrero para someterse a una meniscectomía parcial en la rodilla derecha, la campeona olímpica ha puesto en marcha un plan de recuperación cuyo objetivo principal no es volver cuanto antes a competir, sino recuperar calidad de vida y dejar atrás un dolor que se había convertido en crónico.
La intervención, realizada por el doctor Manuel Leyes, abordó tanto el menisco interno como el externo de una rodilla que llevaba meses dando señales de alarma. Las molestias se arrastraban desde los Juegos Olímpicos de París y se intensificaron tras su regreso a las pistas después de la grave lesión de ligamento cruzado sufrida en agosto de 2024. Esta vez, la decisión de operarse fue meditada y consensuada, pensando en el futuro.
Una recuperación medida al milímetro
El proceso de recuperación está estimado en unas seis semanas, aunque los plazos no están marcados por la urgencia competitiva. Durante las primeras fases, Carolina deberá apoyarse en muletas y centrarse en reducir la inflamación, recuperar movilidad y asegurar una correcta cicatrización. A partir de ahí, el trabajo se enfocará en la readaptación muscular y en reforzar la estabilidad de la rodilla.
El control de cargas será clave. La planificación alternará entrenamientos muy controlados con periodos de descanso, evitando sobreesfuerzos y escuchando constantemente las sensaciones de la articulación. El objetivo es construir una base sólida antes de volver a exigirle al cuerpo el nivel que demanda el bádminton de élite.
La salud, por delante del calendario
A diferencia de otras etapas, en esta ocasión no hay fechas subrayadas en rojo. Carolina Marín ha dejado claro que la prioridad no es competir de inmediato, sino asegurarse de que la rodilla responda sin dolor. Es un cambio de enfoque significativo en una deportista acostumbrada a forzar los límites, pero que ahora apuesta por la paciencia como aliada.
Este planteamiento también responde a la experiencia acumulada. La onubense ya ha atravesado procesos de rehabilitación largos y complejos, y sabe que acelerar etapas puede salir caro. Volverá cuando esté preparada, no cuando el calendario lo dicte.
El reto mental, otra vez presente
Más allá del aspecto físico, la recuperación vuelve a poner a prueba la fortaleza mental de la campeona olímpica. El recuerdo de la rehabilitación tras la rotura del ligamento cruzado sigue reciente, pero también le aporta una ventaja: sabe lo que implica el camino y cómo gestionarlo.
Carolina se muestra positiva y serena ante este nuevo contratiempo. La experiencia le ha enseñado a relativizar y a centrarse en el día a día, sin obsesionarse con lo que vendrá después. La cabeza, una vez más, será tan importante como la rodilla.
¿Dónde podría volver a competir?
Si la evolución es favorable, el regreso a la competición se produciría de forma progresiva y selectiva. En el horizonte aparecen escenarios clásicos del bádminton mundial donde Carolina Marín ya ha brillado en el pasado. Torneos europeos como el All England Open en Birmingham o el Campeonato de Europa, que podría disputarse en sedes como París o Copenhague, son citas que encajan en un regreso gradual.
A nivel internacional, también figuran pruebas del circuito asiático, como torneos en Indonesia, Malasia o Japón, siempre que las garantías físicas sean totales. Más a largo plazo, el gran objetivo seguiría siendo el Campeonato del Mundo y, si las sensaciones acompañan, mantener abierta la puerta a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
Paso a paso, sin descartar nada
La hoja de ruta de Carolina Marín no está escrita con fechas cerradas ni metas inamovibles. Cada fase de la recuperación marcará el siguiente paso. Por ahora, el foco está en sanar, fortalecerse y volver a sentirse bien dentro y fuera de la pista.
Lejos de ser un retroceso, esta parada representa una decisión valiente. Carolina Marín vuelve a demostrar que su grandeza no solo se mide en títulos, sino en la capacidad de adaptarse, cuidarse y seguir creyendo en el futuro, incluso cuando toca volver a empezar.
