Carolina Marín volvió a tener que pasar por el quirófano este jueves. Sin lesión conocida previa a la que le retiró de luchar por las medallas en París 2024, la onubense explicaba que llevaba “muchos meses aguantando un dolor muy punzante“.
La campeona olímpica sabe lo que es ser una de las mejores deportistas de los últimos tiempos, también, una carrera cuyas lesiones le han marcado su trayectoria.
La pesadilla que comenzó en 2019
En un mensaje difundido por Marín en redes, volvía a poner de manifiesto el calvario por el que ha ido pasando desde 2019, cuando llegó su primera gran lesión. Era un 27 de enero, se disputaba la Final del Masters de Indonesia, Carolina ganaba por 9 a 2 frente a Saina Nehwal cuando de pronto se tiró al suelo con un grito de dolor. Intentó seguir, pero a los pocos minutos tuvo que retirarse.

El diagnóstico fue un jarro de agua fría. Se había roto el ligamento cruzado anterior, una lesión que le impedía disputar los Juegos de Tokio 2020, que aún en ese momento no se sabía que se retrasarían un año por la pandemia. En mayo de 2021 una nueva recaída hizo que no pudiese finalmente acudir a los que hubiesen sido sus terceros Juegos.
Por ello París era la reconciliación con los cinco aros para la primera mujer no asiática en ser oro en bádminton. Pero una nueva rotura, el 4 de agosto en el encuentro de semifinales, le llevaba de nuevo al quirófano.
España contuvo la respiración ante una nueva rotura de la onubense más internacional. “No me voy a retirar así”, comentaba la onubense y volvió a los entrenos para centrarse en un Europeo (que se celebrará entre el 6 y el 12 de abril) que por primera vez acogerá Huelva en su honor. Retomó los entrenos hasta que reapareció, sorpresivamente, el dolor.

Un año y medio después su rodilla derecha vuelve a necesitar una intervención quirúrgica, con el “mago” del deporte nacional, el Dr.Leyes.
“Estos últimos meses han sido bastante duros para mí y una de las principales razones era la rodilla(…). Os decía que no estaba bien anímicamente. Creo que ahora vais a entender muy bien una de las principales razones por las cuales todo ha sido mucho más complicado”, añadió en un vídeo donde se confesaba ante sus followers.
Las respuestas de la experta
La psicóloga deportiva Tamara Arroyo, analiza como puede un deportista de élite puede lidiar con una de estas lesiones recurrentes, que generan estrés, incertidumbre y mucho dolor.
“Lo que veo en consulta es que una lesión no solo corta la temporada, corta la confianza. En la élite, el cuerpo no es “solamente” un cuerpo: es herramienta, es identidad y es seguridad. Tanto es así, que cuando la lesión aparece de nuevo, el deportista no vive solo el dolor o la interrupción, sino que vive una incertidumbre que queda dentro de él: “¿puedo confiar en mí?”, apunta.
“La experiencia en intervención clínica me dice que la repetición hace nacer la hipervigilancia (frases como “me oigo demasiado”), la irritabilidad, la frustración y un desgaste silencioso. Hay deportistas que parecen fuertes por fuera, pero que por dentro viven negociando todo el tiempo con su cabeza. No es que no quieran rendir, lo que pasa es que el cuerpo deja de sentir que es un lugar seguro. Y esto contamina el entrenamiento, la decisión y, sobre todo, el disfrute por la práctica deportiva, algo absolutamente esencial”, desarrolla Arroyo.
Tamara Arroyo: “El trabajo psicológico no es ‘animar’ al deportista”
Para trabajar con la incertidumbre, la psicóloga es muy clara: “no se calma pensando más, se calma con estructura. Quiero destacar que el trabajo psicológico no es ‘animar’ al deportista. Es ayudarle a volver a un lugar interno de dirección cuando la mente se va al miedo”, explica.
“En la práctica clínica lo traduciría en poder volver al foco sobre lo entrenable, lo controlable (rutina, adherencia, descanso, comunicación con el staff, progresión…) y hacer la separación de dos cosas que se confunden muy fácilmente en lesión recurrente: miedo y peligro. Tener miedo a recaer es normal, el problema llega cuando el deportista interpreta cualquier sensación como amenaza, y es entonces que aparece el freno, la evitación o la idea de forzar “para demostrar”. En la mayoría de las intervenciones el objetivo es conseguir que el deportista pueda decirse “esto es miedo y no necesariamente riesgo” y actuar en consonancia. Diría que en la mayoría de casos, el deportista no necesitas certezas para avanzar, necesita un mapa.
Cuando hablamos de herramientas para trabajar con el deportista, Arroyo nos remite a dos tipos. “Primero de regulación: una rutina breve y diaria para bajar activación, dormir mejor y reducir el “ruido” interno. Un sistema nervioso alerta interpreta peor el cuerpo. También contribuye de forma significativa el poner objetivos semanales (que sean físicos) concretos y medibles: si el deportista mira solo la meta final, la rehabilitación parece eterna pero si mira sólo el paso de hoy, regresará la sensación de control”, apunta.
“La confianza no regresa a partir de la esperanza, sino de la evidencia acumulada”
“Después, herramientas de reconstrucción de confianza: trabajar el autodiálogo (pasar de frases de amenaza a frases de tarea). También imaginería deportiva orientándose a la ejecución y una vuelta progresiva al gesto temido como una escalera. Es decir, la confianza no regresa a partir de la esperanza, la confianza regresa por la evidencia acumulada: repetir, comprobar, sostener”.
“A veces la recaída empieza en el silencio y no en el músculo”
“Y, por último, cuidar el entorno: pactar cómo se comunica el dolor, qué criterios se respetan y cómo se protege al deportista de presiones innecesarias. A veces la recaída empieza en el silencio y no en el músculo”.
Cuando volver
Más allá del alta médica, el momento de volver es un pilar fundamental que tratar. “Diría que con todo ello no buscamos volver rápido, buscamos volver con confianza”, comenta la experta.
“El alta médica te dice “todo bien, puedes”, pero no siempre te dice “todo bien, estás preparado”. Y en élite, esto es una gran diferencia. En mi opinión, un deportista está realmente preparado para volver cuando vuelve con confianza funcional, y no solo con permiso para la competición”, añade.

Desde su experiencia tratando con deportistas de alto nivel, se trata en tres planos. “En primer lugar, el corporal: con un deportista que ya deja de vivir en forma de vigilancia, que empieza a notar sensaciones normales de carga sin pasar a lo automático de peligro. En segundo lugar, el mental: que la atención y la toma de decisiones sean también limpias, porque cuando alguien vuelve antes de tiempo se nota en la duda, en el freno del gesto o en el exceso de intensidad para demostrarse algo. Y es que el miedo puede estar, lo importante es que no dirija. En tercer lugar, el contexto real: no vale con ir muy bien en un entorno controlado, sino que un deportista habitualmente tiene que tolerar oposición, tolerar fatiga, tolerar error, tolerar presión, etc., y que la lesión no se convierta, por él, en el centro de la cabeza”.
“Considero que volver no es volver a entrenar, es volver a confiar ante la presión. Y esa confianza no vuelve ni por esperanza, ni por calendario: la confianza no vuelve por tiempo, vuelve por evidencia en contexto real”, concluye Tamara Arroyo.
