A Ana no le dan miedo los retos. Por eso se lanzó a trabajar en un sector tradicionalmente masculinizado como es el transporte de viajeros. Conduce un VTC desde 2019 y su elección no fue casual. Buscaba libertad, conciliación y un empleo que encajara con su momento vital. “Me gusta conducir, me gusta tratar con gente y necesitaba un trabajo que me permitiera compaginarlo con las oposiciones de profesora de Lengua y literatura, que es lo que he estudiado”. A esa motivación se sumó un impulso personal: “Soy una persona a la que no le asustan los retos y entrar en un sector tan masculinizado fue también una forma de demostrarme a mí misma que podía hacerlo”.
Conduce un vehículo grande, “muy cómodo, moderno y bien preparado” para ofrecer un buen servicio, que al final es lo más importante en este trabajo. Pero lo que sigue llamando la atención al pasajero es quién va al volante. “A veces la sorpresa está en la cara del cliente incluso antes de subir al coche”, explica. Comentarios como “ah, ¿eres tú la conductora?” o “pensaba que vendría un hombre” forman parte de su día a día. “No siempre es con mala intención, pero te das cuenta de que todavía hay ciertos prejuicios muy arraigados”. Más que una experiencia aislada, lo que le pesa es “esa repetición constante de tener que romper expectativas”.
La discriminación no se presenta de forma clara, pero sí a través de gestos y actitudes acumuladas. “Discriminación directa, no siempre, pero sí pequeñas actitudes que suman: comentarios, miradas, dudas innecesarias sobre tu capacidad”. También dentro del propio sector. “Con otros conductores también se percibe, sobre todo al principio, como si tuvieras que justificar más por qué estás ahí”.
En carretera, los comentarios paternalistas siguen apareciendo. “Qué bien conduces para ser mujer” o “ten cuidado, que estas calles son muy estrechas” son comentarios que ha escuchado más de una vez. “Son frases que parecen inofensivas, pero que no se le dicen a un hombre”. Y su respuesta suele ser clara. “Yo intento tomármelo con calma, pero también con firmeza, porque creo que es importante no normalizar ese tono”.

La sorpresa inicial de muchos pasajeros, sin embargo, no suele traducirse en rechazo. “Muchísima sorpresa, sobre todo al principio del trayecto”, reconoce. En la mayoría de los casos, la reacción acaba siendo positiva. “La mayoría acaba reaccionando bien, incluso con admiración, y muchos terminan el viaje diciendo que han ido muy cómodos o tranquilos”. En ocasiones, ese desconcierto inicial se convierte en algo más. “A veces esa sorpresa inicial se transforma en respeto, y eso también es bonito de ver ya que significa que has hecho bien tu trabajo”.
Ese respeto, admite, suele exigir un esfuerzo adicional. “Parece que tenemos que hacerlo todo un poco mejor para que no haya dudas. Ser más prudente, más paciente, más correcta…”. Con el tiempo, ha aprendido a convertir esa presión en su fortaleza. “Eso me ha hecho aún más profesional y más segura de mí misma. Sé lo que valgo y no necesito demostrarlo todo el tiempo, aunque a veces el entorno te empuje a hacerlo”.
También percibe diferencias en función de quién se suba al coche. “En general, las mujeres suelen ser más cercanas y empáticas”. Con los hombres, aunque el trato suele ser respetuoso, reconoce que “siempre estás un poco más alerta”. Aun así, insiste en que se siente segura en su trabajo: “La mayoría de los clientes son conocidos de la empresa que suelen viajar con nosotros”.

Abrirse camino en un sector tan masculinizado no ha sido sencillo. “Lo más difícil ha sido romper la idea de que este no es un trabajo para mujeres”. Evitar que te encasillen o que te miren como una excepción sigue siendo uno de los mayores retos. “Ganarte tu sitio sin tener que pedir permiso, simplemente haciendo bien tu trabajo”.
Pese a todo, hay aspectos que compensan cualquier dificultad. “Lo que más me gusta es la independencia y el trato con la gente”. En especial, una parte muy concreta de su jornada: “A diario hago una ruta de transporte escolar de niños con necesidades especiales y sin duda, es mi parte favorita”. Con ellos ha creado un vínculo que va más allá de lo profesional. “Los quiero muchísimo y llevo cuidando de ellos en el trayecto de ida y vuelta al cole durante muchos años. Al final se crea un vínculo muy bonito”. La cara menos amable del trabajo es física. “Las muchas horas sentada y el cansancio físico que se acumula”.
Para las mujeres jóvenes que se plantean dedicarse a este sector pero temen el machismo o la inseguridad, su mensaje es sencillo. “El miedo es normal, pero no puede ser un freno. Que se prepare, que confíe en sí misma y que no deje que nadie le diga lo que puede o no puede hacer”. Y lanza una idea que apunta al cambio estructural: “Este trabajo, como muchos otros, también es para mujeres, y cuantas más seamos, más normal será vernos al volante”.


