Profesiones imposibles

Andrea Segura, periodista deportiva y narradora de fútbol: “Un error de una mujer no tiene la misma repercusión que el de un hombre”

Andrea Segura, periodista deportiva y narradora de fútbol, sabe lo que es convivir con el juicio constante hacia su trabajo: "Tenemos el foco encima mucho más que nuestros compañeros"

Escuchar a una periodista deportiva narrar un ¡gooool! en un partido de fútbol sigue siendo, todavía, motivo de debate. Y no por su profesionalidad sino, simplemente, por ser mujer. Andrea Segura es voz y rostro femenino en el periodismo deportivo y sabe muy bien lo que es convivir con el juicio constante hacia su trabajo. “Creo que el público está algo más acostumbrado, pero que la raíz de la costumbre sigue estando. Han sido muchos años de educar al oído y la vista con hombres ocupando todos los espacios en las retransmisiones deportivas. Algo hemos avanzado, pero si tuviera que equiparlo con un partido de fútbol, en la narración, siento que estamos en los primeros 10 minutos de partido”, explica.

Esa sensación de estar todavía al inicio del camino se traduce, según Segura, en una evaluación más exigente hacia las mujeres que se ponen al frente de una retransmisión, especialmente en el fútbol masculino. “Sí. Siento que nosotras tenemos el foco encima mucho más que nuestros compañeros de profesión. Creo que un error de una mujer narrando un partido no tendría, ahora mismo, la misma repercusión que si lo tiene un hombre. Eso no juega a nuestro favor, desde luego, esa presión es algo con lo que tenemos que convivir”.

Andrea desempeña su profesión sabiendo que, en algún momento, llegarán críticas ajenas al trabajo. “Me han criticado por muchas razones comunes con mis compañeros hombres, eso es cierto, porque estamos muy expuestos y es algo relativamente habitual. Pero a mí, sin embargo, me hacen de manera bastante frecuente comentarios relacionados con mi género”, señala. “Admito todo tipo de críticas y no pretendo gustarle a todo el mundo —ni siquiera creo que eso sea posible—, pero es frustrante en ocasiones hacer tu trabajo de la mejor manera posible y que lo que quede, día tras día, es que tu tono de voz es más aguda porque eres una mujer”.

La narración de partidos es el escaparate más visible del periodismo deportivo. Y un espacio que la mujer está comenzando a conquistar. “Es la parte más visible de las retransmisiones y la que más presente tienes cuando eres aficionado o aficionada a esto. A mí me costó escucharme a mí misma y por eso también entiendo que al público que lleva muchos años escuchándolo le cueste”.

Con el paso del tiempo, Segura percibe algunos cambios en la forma de recibir a las mujeres narradoras, aunque sin triunfalismos. El fútbol es un ámbito de insulto fácil. “Sí, llevo unos seis años narrando fútbol masculino y creo que las críticas se han suavizado. También creo que es una cuestión de costumbres, de dinámicas. Eso no justifica el insulto ni el desprecio, desde luego, pero sí siento que algo hemos mejorado”. Aun así, añade, “quien quiere insultar sin razón alguna, difícilmente va a reflexionar para dejar de hacerlo, y todavía quedan muchos que cumplen este perfil”.

Los logros en el fútbol femenino han ayudado, en parte, a normalizar y visibilizar la presencia de mujeres en el periodismo deportivo. “Sí, aunque con matices. Creo que se ha pecado de colocar a las mujeres en el periodismo deportivo de mujeres como algo normal, pero solo ahí”, reflexiona. “Encorsetadas de nuevo en un papel muy concreto del que salirse es más difícil. Sigo sintiendo un poco lo de: ‘aquí sí, el deporte de mujeres, para las mujeres, pero en lo nuestro que no se metan’”.

Esa sensación se traslada también al nivel de exigencia. “Intento no pensarlo demasiado porque es una presión que me costó quitarme de encima los primeros años”, admite. “Quizás no de forma orgánica, pero sí creo que un error de una mujer narradora resonaría muchísimo más que el de un hombre. Es algo que pasa, además”.

Segura espera que este avance no sea una moda pasajera. “Las cosas están cambiando, pero la gente que las cambia tiene que confiar de verdad en ese cambio. No puede ser un cambio por moda o simplemente por sumarse a ciertas dinámicas. A mí sí me da la sensación de que las oportunidades están empezando a llegar, quiero creer en ello. Y luchar para que suceda desde donde pueda”.

En un entorno tan expuesto como el deporte y las retransmisiones en directo, las redes sociales juegan un papel clave. Y Segura ha aprendido a marcar límites. “No les presto demasiada atención a las redes sociales. Escucho las críticas constructivas y las que creo que me pueden hacer mejor periodista e incluso persona. Pero el ruido por el ruido siento que es solo eso. También he aprendido a saber qué oír, qué escuchar y cómo hacerlo. Se nota cuando alguien te comenta simplemente para hacerte daño o por sumarse a la masa social de insultar a la mujer. Me llegan a insultar cuando ni siquiera estoy narrando un partido. Es un claro ejemplo de que no me están insultando a mí porque soy yo o por cómo hago mi trabajo. Es el insulto por inercia”.

¿Y qué falta para que una mujer narrando fútbol deje de ser noticia? Para Segura, la respuesta es paciencia y oportunidades. “Tiempo y personas que confíen en nosotras. No tener miedo a saltar a ese vacío que hasta hace pocos años era la narración de fútbol para las mujeres. Hay muchas mujeres —al igual que hombres— válidas para esta rama de la profesión. Ojalá dentro de unos años algunos de los mejores momentos deportivos del momento sean contados por mujeres”.

Como ocurre en el fútbol, la normalidad no llega de golpe: se construye minuto a minuto, partido a partido, hasta que la voz deja de ser excepcional y pasa a ser, simplemente, parte del juego.

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