La aparente calma del Banco Central Europeo (BCE) esconde una profunda fractura. Aunque la autoridad monetaria ha logrado un hito al situar el precio del dinero en un “cómodo” 2%, las actas de su última reunión revelan una división cada vez más profunda entre los miembros de la institución. El debate que domina los pasillos de Fráncfort es crucial para el futuro de la Eurozona. ¿Se necesitan más recortes en los tipos de interés en 2025? La respuesta, según se desprende de los documentos, enfrenta a los dos grandes bandos del BCE, los “halcones” y las “palomas”, en una silenciosa guerra de posturas.
La situación actual, en la que el precio del dinero se percibe como una posición robusta para la política monetaria, es el único punto de consenso. Los miembros del Consejo de Gobierno coinciden en que, si se realizan más rebajas, estas serán “ajustes marginales”, confirmando una fase de cautela.
Sin embargo, esta tregua de opiniones es efímera. A fin de cuentas, la incertidumbre sobre el futuro de la inflación y el crecimiento económico genera fuertes discrepancias en la estrategia a seguir con los tipos de interés en 2025.
Las “palomas”: el temor a una deflación silenciosa
El ala más flexible del BCE, las “palomas”, ha levantado la voz ante lo que consideran un riesgo inminente. Una inflación que podría caer demasiado rápido, incluso por debajo del objetivo del 2%.
Su postura se basa en el análisis de que las proyecciones y las expectativas del mercado de una inflación inferior a la esperada parten de una previsión de que habrá un recorte adicional en los tipos de interés en 2025.

Los más cautos de este grupo temen que, si este ajuste no se produce, la inflación se sitúe “persistentemente por debajo del objetivo durante varios trimestres consecutivos“. Consideran que esta tendencia, que solo se agravaría sin una relajación del precio del dinero, es la principal amenaza.
Argumentan que un recorte adicional no solo es necesario para guiar a la economía hacia una estabilidad sostenible, sino que ya está descontado por el mercado. Y su ausencia podría desestabilizar las previsiones económicas.
Los “halcones”: la cautela como estrategia
En el polo opuesto, los “halcones” piensan justo lo contrario. El ala dura de la institución, que se muestra más reticente a la expansión monetaria, considera un error centrarse en el riesgo de una inflación demasiado baja.
Para ellos, lo más importante es que la institución se coloque en una posición de flexibilidad total. Eso implica no solo no bajar los tipos de interés en 2025 mientras la incertidumbre global es elevada, sino también mantener abierta la posibilidad de volver a subirlos si la situación lo requiere.

Según las actas, algunos miembros del BCE resaltaron que “es importante que el Consejo de Gobierno tenga una perspectiva bilateral, manteniendo plena opcionalidad para futuras reuniones”.
Esta postura se basa en la convicción de que la inflación podría mantenerse por debajo de la meta. Por lo que una política flexible y sin compromisos es la única forma de reaccionar rápidamente ante cualquier “shock” en el futuro de los tipos de interés en 2025.
El impacto en la economía real y la reunión de septiembre
Por primera vez, la autoridad monetaria reconoce que sus tipos de interés “ya respaldan significativamente la demanda de préstamos” y que los recortes anteriores “aún no se han trasladado de forma total a la economía”.
Este punto de vista es fundamental para entender la posición de los “halcones”, ya que sugiere que la política monetaria ya es lo suficientemente laxa y que los recortes previos tardarán más en hacer efecto.
Este análisis que destaca la inercia de la economía real es uno de los principales argumentos para la cautela y la razón por la que la división se ha agudizado.

El próximo capítulo de este drama económico se escribirá en la reunión del 11 de septiembre. Una reunión considerada por muchos la clave para dirimir si es posible llevar a cabo más recortes de los tipos de interés en 2025.
Para esa fecha, los banqueros centrales tendrán una “mejor comprensión de cómo la economía estaba respondiendo a los desafíos actuales”.
El futuro de los tipos de interés en 2025 pende de un hilo. La decisión final dependerá de los datos de inflación y la evolución de la economía.