El FMI pide acelerar la regulación de los activos tokenizados ante el rápido crecimiento del mercado

El organismo ve ventajas en la automatización y la liquidación inmediata, pero reclama seguridad, interoperabilidad y mayor supervisión

Kirstalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI)
Kirstalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Kiloycuarto.

La transformación digital de los mercados financieros empieza a obligar también a los reguladores a moverse. El Fondo Monetario Internacional (FMI) reclama a los gobiernos que aceleren la regulación de activos tokenizados para proporcionar seguridad jurídica a un mercado todavía pequeño frente al sistema financiero tradicional, pero que está creciendo con rapidez.

La institución considera que la respuesta debe apoyarse en la denominada neutralidad tecnológica: una misma actividad y un mismo riesgo deberían recibir un tratamiento regulatorio equivalente, independientemente de que la operación se realice mediante una infraestructura tradicional o utilizando una cadena de bloques.

La tokenización consiste, de forma simplificada, en representar activos financieros mediante tokens digitales registrados en infraestructuras programables. Puede aplicarse a bonos, acciones, depósitos, fondos u otros instrumentos que ya existen fuera de la tecnología blockchain.

Un mercado que ya mueve miles de millones

El FMI calcula que el mercado público de activos tokenizados, dejando al margen las operaciones de recompra, ha crecido hasta situarse alrededor de los 65.000 millones de dólares. A esa cantidad se añaden aproximadamente 8.000 millones en mercados privados.

La dimensión es todavía reducida frente a los mercados financieros convencionales, pero algunos segmentos han avanzado mucho más rápidamente. El volumen diario medio a 30 días de las operaciones de recompra tokenizadas alcanza ya los 371.000 millones de dólares, aunque sigue siendo inferior al registrado en los mercados tradicionales de repos.

El FMI considera que esa expansión justifica anticiparse mediante una regulación de activos tokenizados capaz de proporcionar certidumbre antes de que estas infraestructuras alcancen una dimensión mucho mayor.

La tecnología puede eliminar intermediarios

El atractivo de la tokenización reside principalmente en su capacidad para simplificar determinadas operaciones. Los registros compartidos pueden reducir la necesidad de reconciliar información entre diferentes intermediarios, aumentar la transparencia y permitir que determinadas tareas se ejecuten automáticamente mediante contratos inteligentes.

También puede facilitar la llamada liquidación atómica, en la que la entrega del activo y el pago se producen prácticamente al mismo tiempo. Eso elimina algunos riesgos tradicionales de contraparte y reduce procesos que actualmente pueden prolongarse durante horas o días.

Pero esa misma velocidad introduce nuevos desafíos. Una orden automatizada puede ejecutarse inmediatamente y los problemas de liquidez, fallos tecnológicos o llamadas de garantías también pueden propagarse mucho más rápidamente.

«Misma actividad, mismo riesgo, mismas reglas»

El principio central de la regulación de activos tokenizados que defiende el FMI pasa por analizar qué representa cada instrumento en lugar de crear automáticamente una legislación distinta por utilizar una determinada tecnología.

Un valor financiero tokenizado debería quedar sometido a las normas aplicables a los valores. Un depósito bancario representado digitalmente tendría que continuar sujeto a la regulación bancaria. Y una infraestructura tokenizada utilizada para realizar pagos debería cumplir las obligaciones correspondientes a los sistemas de pago.

El objetivo es evitar tanto vacíos regulatorios como una normativa que favorezca artificialmente unas tecnologías frente a otras.

Seguridad jurídica e interoperabilidad

Uno de los grandes obstáculos sigue siendo determinar con precisión qué derechos posee quien compra un token. El FMI considera imprescindible aclarar jurídicamente cuestiones como la propiedad del activo subyacente, la validez de una transferencia o el momento exacto en el que una operación puede considerarse definitivamente liquidada.

La interoperabilidad constituye otro de los puntos esenciales. Si bancos, mercados y operadores construyen plataformas incompatibles entre sí, el resultado podría ser un sistema dividido en numerosas islas digitales de liquidez.

Por eso la institución reclama estándares que permitan que las distintas redes puedan comunicarse y operar entre ellas sin obligar al mercado a concentrarse en una única tecnología.

Hay riesgos, pero todavía no son sistémicos

El FMI advierte de que el crecimiento de la tokenización puede amplificar vulnerabilidades conocidas del sistema financiero. Entre ellas figuran los problemas de liquidez, el apalancamiento, las conexiones entre instituciones y la posibilidad de que una perturbación se traslade rápidamente desde una plataforma digital al mercado tradicional.

También aparecen riesgos específicamente tecnológicos. Una parte cada vez mayor de las operaciones puede depender del código de contratos inteligentes, proveedores externos, sistemas de custodia o infraestructuras que operan continuamente.

Por ahora, sin embargo, el tamaño del mercado no lleva al FMI a identificar un riesgo sistémico inmediato. La preocupación reside en preparar la supervisión antes de que alcance una escala mucho mayor.

El FMI pide más recursos para los supervisores

La institución considera que la regulación de activos tokenizados tendrá que ir acompañada de un cambio en las capacidades de los propios organismos supervisores.

«Los supervisores necesitan contar con las competencias, herramientas y recursos necesarios para supervisar los mercados de activos tokenizados de manera segura y eficaz», señala el FMI.

Eso implica adquirir conocimientos específicos sobre custodia digital, contratos inteligentes, liquidez intradía, tecnologías de privacidad y dependencias de proveedores tecnológicos.

La tokenización todavía representa una fracción del sistema financiero mundial, pero el mensaje del FMI es preventivo: las reglas deben evolucionar antes de que la tecnología crezca lo suficiente como para que sus vulnerabilidades se conviertan en un problema para la estabilidad financiera.

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