Indra da el pistoletazo de salida a un trimestre decisivo. Por delante, que el mercado conozca cuál es la visión del nuevo equipo gestor sobre el futuro de una compañía con un gran reto: cumplir los compromisos de ejecución de más de 20.000 millones de euros en contratos.
Tras un verano de margen, con la llegada de Ángel Simón a la presidencia (abril) y Josep María Recasens al puesto de consejero delegado (mayo), toca pasar a la acción.
La primera cita clave llegará esta semana. El martes 29 de septiembre, Indra celebra consejo de administración. Una reunión que abordará cambios en la cúpula directiva. En el foco, Manuel Ausaverri y Manuel Escalante, al frente de Estrategia y Tecnología.
Serían los primeros movimientos en un comité de dirección al que Simón y Recasens incorporarán personas de su confianza, que podría simplificarse —tiene 16 miembros— y que tiene una asignatura pendiente: el talento femenino.
Indra cumple la exigencia del 40% en el consejo que marca la Ley de Paridad, pero el suspenso es claro en el comité de dirección. En él, sólo hay una mujer: María del Carmen Moneva, directora global de Recursos Humanos.

Un mes después, el 29 de octubre, el grupo de tecnología y defensa presentará al mercado sus resultados del tercer trimestre.
Y, el 25 de noviembre, detallará el plan estratégico en el Día del Inversor.
En 2024, presentó una hoja de ruta que contemplaba alcanzar 10.000 millones de euros en ingresos en 2030. Un año después, al calor del rearme europeo, adelantó el plazo a 2028.
Pero la palanca para conseguirlo, las adquisiciones, no ha funcionado ni con Santa Bárbara ni con Iveco Defence ni con Escribano Mechanical & Engineering. Ahora, los Escribano estudian sacar su compañía a Bolsa tras vender su participación del 14,3% en Indra.
Los pedidos crecen y sube en Bolsa

Para 2026, Indra apunta a 7.000 millones de facturación, lo que supondría un 17% más que el ejercicio pasado. Espera que el resultado operativo (ebit) crezca al mismo ritmo, hasta superar los 700 millones.
En el primer semestre, ingresó 3.179 millones de euros, un 29,7% por encima del mismo periodo del año anterior. Todas sus divisiones —defensa, Minsait, gestión de tráfico aéreo, movilidad y espacio— progresaron. El beneficio neto fue de 219 millones, un 2,1% más.
El volumen de nuevas órdenes superó los 5.000 millones (+58,4%). A 30 de junio, la cartera de pedidos se situaba en 20.533 millones de euros (+116,7% interanual) y cinco veces más que en 2017. El 57% corresponde al área de defensa, que aportó el 31% de los ingresos y el 52% del resultado operativo (ebit).
Pese a la convulsión de los últimos 18 meses —doble cambio de presidente; salida de José Vicente de los Mozos, CEO desde 2023; e inferencia del Gobierno, primer accionista—, Indra se revaloriza casi un 28% en el año y se aproxima a máximos históricos. En un informe de julio, Bankinter destacaba “su creciente capacidad para convertir cartera de pedidos en ingresos”.
A la espera de conocer los detalles del plan estratégico, que se adaptará a los nuevos retos geopolíticos y al impacto de la inteligencia artificial, sigue vigente el mensaje que Recasens lanzó en la junta de accionistas del 30 de junio. “Excelencia en la ejecución, elevando la velocidad de entrega“, remarcó entonces el nuevo CEO.
Precisamente, el primer gran reto de Indra no es ir a más, sino cumplir lo prometido.
La prioridad: cumplir con Defensa

Indra es el principal beneficiado de los proyectos de inversión impulsados desde el Ministerio de Defensa para desarrollar, fabricar y adquirir sistemas de armas y equipos militares avanzados. De los 33.000 millones destinados por España a defensa en 2025, unos 24.800 millones correspondieron a estos programas especiales de modernización.
Dentro de estos programas, Indra participa en proyectos valorados en 13.800 millones, el 42% del presupuesto total de defensa. De los 31 programas impulsados en 2025, el grupo lidera o participa a través de alianzas en 17 de ellos.
Así, la primera tarea de Indra es cumplir con su principal cliente, el Ministerio de Defensa, parte del Gobierno que, es a su vez, el primer accionista de la compañía. A través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), este controla el 28% del capital.
En concreto, Tess Defence, consorcio liderado por Indra y en el que participan Escribano, Sapa y Santa Bárbara, ha acumulado retrasos en el programa del blindado Vehículo de Combate sobre Ruedas (VCR) 8×8 Dragón.
Como consecuencia, el departamento que dirige Margarita Robles ya ha sancionado a Tess Defence con más de 9 millones de multa por este motivo y por el incumplimiento de hitos técnicos. Entre enero y junio, se entregaron 43 vehículos, frente a los 41 de todo 2025. Según el contrato firmado en 2020, el número total asciende a 348 unidades que Indra pretende entregar antes de que finalice 2028.
En paralelo, la compañía ha seguido estrechando lazos con Defensa. Hace unos días, se adjudicó, junto a Telefónica, un contrato de 23 millones para los servicios de comunicaciones satelitales de la red privada del Ministerio.
Más capacidad industrial

No obstante, para seguir ganando escala, Indra debe reforzarse en otro frente: la búsqueda de socios.
En la agenda del nuevo equipo gestor figura sellar “alianzas sólidas y relaciones de cooperación a nivel nacional e internacional”, dijo Recasens en la junta. De este modo, el objetivo es multiplicar las capacidades para convertir los pedidos en entregas, impulsar la innovación y posicionarse de cara a los programas del futuro.
Por esta razón, el foco está puesto en las negociaciones con Santa Bárbara para crear una empresa conjunta para grandes contratos militares terrestres. Aunque siguen enfrentadas en los tribunales, la empresa de General Dynamics hizo un guiño a Indra este verano al solicitar al Tribunal Supremo la suspensión del recurso contra la concesión de los 3.000 millones en créditos públicos al 0% de interés para el programa de modernización de artillería autopropulsada del Ejército de Tierra. Sin embargo, el conflicto sigue abierto en la Audiencia Nacional.
Mientras, Indra mantiene su plan de sumar 140.000 metros cuadrados de capacidad industrial en 2027 en España, que representó el 53% de los ingresos en 2025. Tras apostar por Córdoba y León, la compañía quiere abrir cinco plantas industriales en el país y una en Oriente Medio para la producción de blindados, radares y drones. Un calendario que ratifica en la presentación a inversores que aparece en su web, actualizada en agosto de 2026.
Por ejemplo, en Cataluña, creará 1.500 nuevos empleos hasta 2027 y espera incrementar un 50% su negocio, hasta unos 550 millones en ventas. Simón, consejero delegado de CriteriaCaixa entre 2024 y 2025, se estrenó como presidente no ejecutivo de Indra en un acto en su región natal el pasado mayo.
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