Marta Echarri ha pasado más de dos décadas tomando el pulso al sector financiero, como directiva de banca. Ha trabajado en la banca de inversión internacional (Merrill Lynch, UBS y JP Morgan), ha dirigido un neobanco en plena expansión digital (N26) y ha liderado, como consejera delegada, la digitalización de Western Union International Bank. Una etapa en la que vivió personalmente la transformación del sector desde un ámbito más tradicional, con un modelo jerárquico piramidal, a los nuevos modelos de negocio basados en el liderazgo horizontal.
“La cultura de un banco de inversión global cotizado frente a un banco no cotizado equipado por fondos de venture capital es abismal”, explica Echarri, en una entrevista con Artículo14. En el entorno digital descubrió estructuras planas, la necesidad de tomar decisiones rápidas y una cultura que no culpabiliza el error. Hasta llegar a su conclusión: “Me he hecho fan del liderazgo por influencia y no del liderazgo por autoridad”, reconoce. Hasta que, en 2024, decidió renunciar al mundo corporativo, dar un giro a su carrera y emprender.
Un giro hacia el emprendimiento

Echarri, que hasta entonces conocía bien las exigencias del comité de dirección en grandes empresas, ha vivido también en carne propia el vértigo de la emprendedora. En los últimos dos años ha lanzado dos ‘startups’: Muse Movement, un espacio de bienestar integral en Madrid, y KiriApp, una iniciativa para fomentar el hábito del ahorro entre niños y jóvenes. Esa doble experiencia -corporativa y emprendedora- es la que sustenta su último proyecto profesional, como asesora externa en KPMG Startup Connect. La firma de servicios profesionales ha lanzado un programa para acompañar ‘startups’ y ‘scale ups’ a lo largo de su ciclo de vida.
Su función es clara: tender puentes. “Soy capaz de hablar el lenguaje del emprendedor, de ser un poco la traductora entre el mundo de los startuperos y el mundo más corporativo de los servicios profesionalizados”, resume Marta Echarri, que reconoce que muchas ‘startups’ asumen que una gran firma solo trabaja con cotizadas o grandes grupos familiares. “Nuestra labor es desmitificar precisamente que solo trabajamos con grandes cotizadas”, admite. Según detalla, el programa adapta honorarios y equipos al estadio real de la compañía, con profesionales que han elegido voluntariamente participar en el ecosistema emprendedor.
Importancia del asesoramiento
La asesora, que ha experimentado las necesidades que afronta un emprendedor, recalca la importancia de un buen asesoramiento técnico desde el primer momento. Como señala gráficamente, ella ha sido la ‘cliente cero’ de KPMG Startup Connect y sus comentarios han ayudado a ajustar tanto las necesidades como las respuestas. En su faceta de asesora subraya que en la fase inicial es vital constituir la arquitectura societaria. “Es fundamental hacer una estructuración patrimonial y societaria correcta. Una mala decisión en ese punto puede tener consecuencias fiscales relevantes cuando llega la venta o la entrada de inversores”, advierte. En esta fase, el pacto entre socios, la creación de una holding interpuesta o el diseño de planes de stock options son la base para construir la empresa.

Cuando la empresa crece y, si por ejemplo, se da entrada a inversores, las necesidades cambian. Entonces, aparecen exigencias de auditoría, estándares más sofisticados de gobierno y cumplimiento normativo. “Estos son servicios profesionalizados que tienen que externalizar sí o sí”, recuerda. Por su parte, el acompañamiento al proyecto culmina con la salida de los inversores. Puede ser una venta a un socio corporativo o la salida a bolsa, pero en cualquier caso el proceso exige ordenar la casa -revisión legal, fiscal, contable y de gobierno corporativo, que resume como “housekeeping”- antes de abrirla al mercado.
Un ecosistema con pocas mujeres
En esta nueva faceta, Marta Echarri está empapándose día a día del ecosistema emprendedor. En España, Barcelona se ha convertido en uno de los polos de ‘startups’ más dinámicos y es la tercera ciudad con mayor concentración de emprendedores de Europa. Ello explica por qué el programa se ha lanzado en esta ciudad. En los últimos cinco años, el ecosistema de las ‘startups’ y ‘scaleups’ ha movilizado más de 38.000 millones de euros de inversión en casi 3.100 empresas. Ese crecimiento se articula en torno a cuatro actores clave: los fundadores, las oficinas familiares que han empezado a destinar parte de su patrimonio a activos alternativos, los fondos —venture capital en fases iniciales y private equity cuando la empresa ya ha escalado— y las aceleradoras o hubs de innovación que conectan talento y capital.

Como reconoce Echarri, los incentivos fiscales recogidos en la conocida como Ley Beckham -que permite un tipo fijo del 24% en el IRPF sobre rendimientos del trabajo a quienes hayan vivido cinco años fuera de España- han impulsado su ebullición. Sin embargo, esta atracción de talento internacional y de capital en el ecosistema refleja una profunda brecha de género: “En el rol de fundadora ellas son minoría; estamos en el entorno de un 7%. La diferencia es abismal”. Para Echarri, la explicación a esta realidad tiene un origen casi antropológico. En su opinión, “el gran freno de las ‘startups’ femeninas es la aversión de las mujeres al riesgo. La vida del fundador es un día a día con mucha volatilidad y mucha incertidumbre”.
Empoderamiento femenino
Con todo, su visión es optimista especialmente con las nuevas generaciones. “Creo que estamos en la senda y que ellas van a dar el salto“, afirma. En este ámbito, Marta Echarri aporta también su granito de arena, como mentora de jóvenes profesionales. “He hecho incontables mentorazgos a mujeres que no se sienten con la confianza de creer que pueden, lo que se ha identificado como ‘síndrome de la impostora’. Les he ayudado a asumir responsabilidades o negociar un salario”, admite. Desde su experiencia vital -“siempre he estado en minoría”-, cree firmemente en la meritocracia de las mujeres en los puestos ejecutivos.

Por eso dedica parte de su tiempo a la docencia y a encuentros con jóvenes profesionales. Está convencida de que la generación Z llega con otra mentalidad, pero necesita referentes visibles. “Las nuevas generaciones vienen muy fuerte”, afirma. Para ella, ver a mujeres con diez o quince años más de trayectoria en puestos de responsabilidad es el primer paso para que se atrevan a dar el salto.
En el ámbito del emprendimiento, la falta de referentes complica que las mujeres se atrevan en este ámbito. De ahí, que en su faceta de divulgadora Echarri sienta como propia la misión de difundir el ecosistema como mujer. Y no solo como emprendedora, sino también como inversora. Es una de las socias de Calafia, un club de inversión formado por veinte mujeres que actúan como business angels en fases semilla (pre-seed y seed) con una inversión media de 40.000 euros. El objetivo es doble: aportar capital y acompañamiento. “Nuestra misión es aumentar la huella de las mujeres en el ecosistema”, admite.
Educación financiera

Esa misma lógica del empoderamiento, marca otro de sus proyectos: la educación financiera. Desde su experiencia en el ámbito de las finanzas, Echarri avisa de la falta de cultura financiera en España. Esta es la misión de su ‘startup’ Kiri, que impulsa cuentas de inversión para menores con el fin de fomentar el ahorro desde edades tempranas. “Pero con un importante foco en la educación financiera, que es sin duda asignatura pendiente en nuestro país”, recalca. En este sentido, recuerda que en España solamente invierte en bolsa alrededor del 15% de la población frente al 30% de media en países de la OCDE.
Para ella, la planificación financiera es una herramienta de autonomía. “Si tienes la disciplina desde pequeñito de ahorrar 10 euros al mes, la planificación de tu futuro te cambia 180 grados”. En el contexto actual, cuando la longevidad está aumentando, considera imprescindible fomentar el ahorro temprano y sostenido. “Como país deberíamos dar incentivos al ahorro“, apunta. En cualquier caso, fiel a su filosofía de liderazgo, apuesta por el ejemplo. “Mi discurso es siempre positivo y optimista y de hacer cosas, más que de quejarme”.
