Una imagen para la posteridad… lleno de trajes.
Es la historia que repite una y otra vez en las salidas a Bolsa en España.
Esta semana, la falta de diversidad en la alta dirección corporativa volverá a quedar al desnudo. El debut bursátil de Digi y el salto al Mercado Continuo de Cementos Molins expondrán una realidad que cuesta cambiar: en los estrenos en el parqué, que una mujer protagonice la foto es un acontecimiento excepcional.
Hay cierta presencia femenina, eso sí, en ambas empresas.
La operadora de telecomunicaciones rumana ha nombrado consejera a Virginia Arce, vicepresidenta y consejera independiente coordinadora de Indra, en la antesala de la salida a Bolsa con una valoración de 1.662 millones de euros.
Mientras, la cementera tiene como vicepresidenta primera a Beatriz Molins Domingo, además de otras dos vocales en el órgano de administración.
Pero las consejeras no tocan la campana en un debut bursátil. Lo hacen el presidente ejecutivo o el consejero delegado. Y ahí la representación femenina, aunque crece, es testimonial.
Por eso, encontrar una mujer en una salida a Bolsa es una misión (casi) imposible.
Pocas mujeres y acceso reciente a la alta dirección
Artículo14 ha analizado los estrenos bursátiles de los últimos 25 años en España, unas 90 operaciones.
El objetivo era determinar en cuántas ocasiones, si es que las había, una mujer había protagonizado un toque de campana como CEO o presidenta ejecutiva.
El proceso, como buscar una aguja en un pajar, arroja una respuesta afirmativa. Pero los casos son contados.

En la actualidad, en el Ibex 35 y el Mercado Continuo, hay dos presidentas ejecutivas —Ana Botín, en Banco Santander, y Adriana Domínguez, en Adolfo Domínguez—. Y siete CEO: dos en el índice selectivo —Gloria Ortiz, en Bankinter, y Arantza Ezpeleta, en Acciona Energía— y cinco en el Mercado Continuo: Adriana Domínguez (tiene la doble condición), María Isach (Atrys Health), Agnès Noguera (Libertas 7), Patricia Ayuela (Línea Directa) y Carmen Pinto (Nicolás Correa).
Es decir, 121 empresas y solo ocho casos —Adriana Domínguez se considera una única vez— en los que se cumple la premisa de compañía cotizada y ejecutiva.
Si se incluye la variable tiempo, la cifra baja.
En la banca no había mujeres cuando Banco Santander salió a Bolsa en 1967 ni cuando lo hizo Bankinter en 1972.
Ana Botín tomó las riendas en 2014, cuando falleció su padre, que gestionó la entidad casi 40 años con cuatro CEO: todos hombres.
Cuando Nicolás-Correa debutó en el parqué, en 1990, su actual CEO, Carmen Pinto, aún no había entrado en la empresa. Lo haría en 2002. Lo mismo sucede con Adriana Domínguez: su padre, el diseñador del mismo nombre, sacó a Bolsa la empresa en 1997. Ella tenía 21 años.
El caso de Libertas 7
Mientras, Acciona Energía y Línea Directa, que cotizan desde 2021, tenían un CEO cuando debutaron. La conexión femenina más cercana era María Dolores Dancausa, que lideró la aseguradora entre 2008 y 2010 y en esa fecha era CEO de Bankinter, dueño de Línea Directa.
En Atrys Health, la lógica es similar. Su actual CEO, Marian Isach, no ocupaba el cargo cuando la compañía saltó del BME Growth (antes, MAB) al Mercado Continuo en 2022. La diferencia es que su antecesora fue una mujer: Isabel Lozano. Ocupó el cargo en la empresa de telemedicina y oncología entre 2007 y 2025. Hoy, continúa como consejera.
Quien estuvo en la salida a Bolsa y continúa al frente como consejera delegada es Agnès Noguera en Libertas 7, el grupo de inversión financiera, gestión inmobiliaria y turística que dirige desde 2004.
La sociedad de la familia Noguera cotiza en el Mercado Continuo en 2021. Primero, lo hizo bajo la modalidad de fixing —la contratación se realizaba en dos periodos de cierre de operaciones— y, desde 2024, en la modalidad de contratación continua.
Al margen de estos casos, poco más.
En la retina, la imagen de Ana María Llopis, Sol Daurella o Helena Revoredo en el debut de Dia (2011), Coca Cola European Partners (2016) o Prosegur Cash (2017). De Concha Osácar en el de Hispania (2014) o Tamara Maes en el Oryzon Genomics (2015). Presidentas no ejecutivas, accionistas, consejeras, cofundadoras… En ningún caso, protagonistas principales ni únicas.
El doble techo: cristal y cemento
El repaso a los nombres es un reflejo de lo que dicen los datos.
Según la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), en 2025 había 424 consejeras en las empresas cotizadas, el 37,52% del total.
Solo 15 tenían la condición de ejecutivas y, en los últimos años, el número ha evolucionado a cuentagotas —eran 10 en 2017—. En la alta dirección, había 243 mujeres, el 25,18% del total.
“Se van dando pasitos de hormiga, el avance es muy lento”, sostiene Nuria Chinchilla, profesora de IESE Business School y experta en mujeres y liderazgo. Lo justifica con dos conceptos: el techo de cristal y el de cemento.
El primero alude al sistema, donde “todo está pensado para hombres del siglo anterior”. Para una mujer, dice Chinchilla, “la conciliación es muy importante; si no hay flexibilidad, es casi imposible que lleguen a la alta dirección“.
También son clave la negociación —”saben negociar para todo el mundo menos para ellas”— y la delegación —”como su visión es más amplia que la del hombre y anticipan más las consecuencias, ven más lo que falta y les cuesta soltar”—.
El techo de cemento es el que ellas mismas se imponen. Por eso es importante que haya referentes y se vean.
La cúpula y el consejo: vasos comunicantes
Que a las mujeres no accedan a la alta dirección es un freno para escalar al siguiente nivel: el consejo de administración. “No es posible acceder sin haber tenido una etapa ejecutiva, sin haber asumido las pérdidas y ganancias de una cuenta de resultados”, defiende Chinchilla.
Amparo Moraleda, presidenta del consejo de administración de Airbus a partir del 1 de octubre, afirma que la labor un consejo “no es ejecutar, sino constatar que las cosas se ejecutan”. Y, para eso, hace falta haber pasado por la gestión. “Tienes que entender lo que le estás pidiendo a un ejecutivo; de lo contrario, estás abdicando”, sostiene la profesora del IESE.
A este cuello de botella se une el efecto colateral de la Ley de Paridad, que fija en un 40% el porcentaje del sexo menos representado —generalmente mujeres— en las cotizadas y que está provocando que, en algunos casos, la misma mujer ocupe varios sillones en distintas empresas.
Chinchilla quita hierro: “Lo mismo sucede con los hombres; si te llaman para otro consejo es porque lo haces bien”.
Lo que está claro es que, al ser vasos comunicantes, para que haya más diversidad, el desafío es ampliar la presencia femenina en la alta dirección.
Cada 8 de marzo, en el Día Mundial de la Mujer, la Bolsa abre la sesión con un toque de campana por la igualdad de género. Desde 2021, BME tiene, además, un índice con las cotizadas más avanzadas en esta materia.
Los cifras sugieren una cierta mejora: en nueve años, hay 87 mujeres más en las cúpulas de las empresas cotizadas. Y en los estrenos en el BME Scaleup y el BME Growth, mercados orientados a empresas en crecimiento y pymes, la presencia de ejecutivas es ocasional. Solo queda escalar posiciones para que, algún día, sea una CEO quien toque la campana en una cotizada del Ibex 35.

