Olga es una de las camareras de piso que van a poder mejorar su calidad de vida con los cambios que se van a aplicar en el sector en Canarias. Con la modificación de la ley de ordenación del Turismo, el hotel de Tenerife donde trabaja estará obligado a instalar camas elevables mecánicas y carros motorizado para trasladar los útiles de limpieza. Y su salud, en especial su espalda, se lo agradecerá.

“Tengo 54 años y llevo más de 10 años como camarera de pisos. Empecé por necesidad laboral y con el tiempo me fui quedando en el sector. Mi trabajo consiste en limpiar zonas comunes y habitaciones, hacer camas, limpiar baños, reponer amenities y dejar todo listo para el cliente. Es un trabajo muy exigente y, muchas veces, poco visible y nada valorado”.
Llega a limpiar hasta 18 habitaciones por jornada. Un ritmo vertiginoso que hasta ahora debía realizar subiendo a pulso los colchones o arrastrando los carritos de la limpieza por los pasillos. “De media realizo 10 habitaciones de clientes y un máximo de 3 salidas. En los días en los que no tengo salidas, puedo llegar hasta 18 habitaciones de clientes máximo, dependiendo de la tipología, ya que trabajo por tiempos en la limpieza”.
Es como si trabajara contrarreloj, en una maratón de la limpieza. “Lo más duro es el estrés mental desde que coges el control de trabajo, con un tiempo muy limitado para cumplirlo, junto al esfuerzo físico continuo: agacharte, levantar peso y no parar en toda la jornada”.
Y como consecuencia, su cuerpo se resiente y tiene dolores crónicos. “Hacer camas parece algo simple, pero supone un gran desgaste para todo el tren superior del cuerpo —espalda, hombros y brazos—, especialmente con colchones de 2 metros. Tengo dolores habituales en la espalda, cervicales y muñecas. Es algo que forma parte del día a día. Además, padezco una enfermedad crónica en la zona cervical que se agrava con el estrés y la sobrecarga de trabajo”.
Las bajas médicas en su sector son más habituales por el desgaste físico que conlleva. “He tenido que coger bajas por sobrecarga física y dolores musculares derivados del trabajo. Con el paso de los años el trabajo ha afectado claramente a mi salud. El cuerpo se va deteriorando y cada vez cuesta más recuperarse”.
Esas condiciones de trabajo que padecen hasta 113.000 camareras de piso en toda España, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE), se acaban trasladando a su vida personal. “Llego a casa cansada, con dolor, y eso influye en mi familia y en mi descanso. Muchas veces no tengo fuerzas para disfrutar con mi hija, y mi día libre lo paso en la cama, sin ánimo para nada, tras siete días duros de trabajo”.
Por eso recibe la noticia de este cambio en la ley con alivio aunque espera que no se quede en papel mojado. “Espero que esta nueva ley suponga un antes y un después, y que realmente se reduzca la carga de trabajo y se proteja nuestra salud. La hemos recibido con esperanza, pero también con cautela. Queremos que no se quede en el papel y que se cumpla de verdad”.

No son cambios menores, mecanizar algunas partes de su trabajo son fundamentales para no sufrir dolores de espalda. “Pueden marcar una gran diferencia si se aplican bien. Sobretodo para que las nuevas no pasen por lo que hemos pasado nosotras: las que llevamos años en esta profesión estamos rotas.
Puede mejorar nuestra calidad de vida, reducir el dolor y permitirnos seguir trabajando sin que nuestra salud se deteriore aún más”. Olga quiere trabajar, pero no dejarse la salud en cada habitación de hotel que limpia. “Porque al final, lo único que pedimos es poder trabajar sin destrozarnos el cuerpo”.
