Turismo

Qué pagas en un billete de avión y cuándo conseguir un precio más barato

El encarecimiento del combustible ya se traslada al precio de los billetes. Entender qué pagas y cuándo comprar es clave en un contexto de tarifas al alza

En la aviación, hay una ley no escrita que dice que, si sube el queroseno, el pasajero lo termina notando.

2026 promete ser uno de esos años en los que pagarás más por volar.

Aún quedan siete meses para que termine, un mundo en tiempos volátiles como los actuales. Pero el calendario corre y las previsiones que apuntaban a un conflicto en Oriente Medio de unas pocas semanas han quedado enterradas a golpe de bombardeos.

Dos meses después del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, no hay acuerdo de paz definitivo, está bloqueado el estrecho de Ormuz —arteria clave para el comercio de petróleo y gas— y empieza a cundir el nerviosismo.

En Europa, preocupa el suministro de queroseno, aunque España parte con ventaja por su posición en refino.

Mientras, las aerolíneas ya han activado el plan de choque: aviones en tierra, cancelaciones de vuelos… y precios más altos.

Aviones de Qatar Airways en el aeropuerto de Teruel.
Yovanna Blanco.

Con el petróleo marcando 120 dólares por barril, las que operan sin coberturas ante oscilaciones del precio del combustible ya han introducido recargos. Las que tienen blindaje tienen margen pero, cuanto más tiempo pase, peor para el pasajero.

¿Cómo se fijan los precios, qué estás pagando y cuándo es el mejor momento para comprar?

Fíjate en lo que pone tu billete: da muchas pistas.

La tarifa aérea

En el precio total de tu vuelo, el primer componente —y no siempre el más elevado— es la tarifa aérea.

Cada aerolínea tiene su estructura de precios y la construye ad hoc. Así, lo que hace una compañía de bajo coste como Ryanair difiere de una tradicional como Iberia.

Sin embargo, a la hora de crear su modelo, todas trabajan con escalones o clases y tienen en cuenta el coste marginal por asiento: cuánto les cuesta meter un pasajero más.

Hay compañías que sólo consideran como coste marginal la tasa del aeropuerto; otras incluyen una pequeña parte por el combustible extra que tendrían que utilizar.

Esa tarifa mínima con la que arranca la venta  no es, ni mucho menos, el precio al que esperan comercializar todos los asientos. De lo contrario, perderían dinero en esa ruta.

La venta empieza con unos pocos asientos a la tarifa mínima y, a medida que avanza, se van desbloqueando niveles, que tienen un lote de asientos asignado, con distintos precios. Por ejemplo, 19, 24, 29 euros.

Equipajes de mano en los aviones - Sociedad
Pasajeros desembarcando en un vuelo.
Licencia Unsplash

Los niveles o clases definen con las letras del abecedario y puede haber hasta 30, pero eso no significa que todas se activen.

Cada compañía, según su red de rutas, puede tener distintas estructuras de precios. Puede aplicar el mismo modelo para las rutas domésticas y tener otro para vuelos internacionales. O distinguir entre vuelos europeos y transoceánicos.

“La estructura de precios que aplicas a cada ruta depende de la distancia, dónde empiezas y dónde acabas, de los costes de aeropuerto y del tipo de tráfico que tengas, cuánto tienes que estimular la demanda y si necesitas empezar con precios más bajos o no”, explican fuentes del sector.

A partir de ahí, entra en juego la oferta y la demanda. Ese equilibrio, y no el coste de la ruta, es el que marca el precio de tu vuelo. Lo que pagas. Pero hay más factores.

El combustible y las tasas

Aunque algunas aerolíneas asignan una parte del combustible a la tarifa aérea, otras lo separan en otra partida.

También varía el nivel de detalle de la información. Por eso, quédate con un código: YQ o YR. Ese es el combustible.

No es obligatorio tener un cargo de combustible: algunas compañías lo tienen, mientras que otras, ante una subida del queroseno, simplemente suben sus tarifas aéreas.

Pero, ante un aumento significativo, siempre hay una reacción porque el combustible es el principal coste para una aerolínea: oscila entre el 25% y el 30% de los gastos totales.

Si se encarece, de la noche a la mañana los costes aumentan y hay que sacar más ingresos de cada vuelo.

Así, en un contexto como el actual, no tener contratadas coberturas es un problema. Si la aerolínea no consigue vender más caro y llenar el vuelo, lo cancelará porque los ingresos no compensa los costes.

Y, si en general la demanda no responde, el peligro es mayor. Por cada pasajero, las empresas ganan de media 7,9 dólares. Si los gastos se disparan y se mantienen al alza mucho tiempo, incluso su supervivencia puede estar en juego.

Además del combustible, en un billete también aparecen reflejados, cada uno con sus siglas, otros costes.

Los más habituales son la tasa aeroportuaria de salida en España (por el uso de la terminal y las instalaciones) y la tasa de seguridad y, en el destino, el control migratorio y de aduanas.

“Siempre tienes que comunicar el precio final; no vale decir, el billete cuesta 19 euros y, cuando vas a pagar, hay unas tasas de aeropuerto que son 9 euros más”, explican fuentes del sector.

Esa información siempre tiene que estar reflejada. Y no son ingresos de la aerolínea; esta sólo los recauda. Pero existen otras fuentes de ingresos adicionales.

Eso no es todo: los extras

Facturar una maleta extra, seleccionar pasillo o ventana, el embarque prioritario, los cambios de vuelo o la comida a bordo.

El precio total de tu billete depende de lo que elijas. De servicios que, en el pasado, sí estaban incluidos en la tarifa aérea y que se han convertido en una lucrativa fuente de ingresos adicionales para las aerolíneas.

Ryanair, líder del bajo coste en Europa, obtuvo un 34% de sus ingresos de los extras en su ejercicio fiscal de 2025, concluido en 31 de marzo del año pasado.

En total, 4.719 millones de euros, un 10% por encima del año anterior y un crecimiento mayor que el de su negocio tradicional: mover pasajeros.

Según sus cifras, la tarifa media por pasajero fueron 46,1 euros. Los ingresos complementarios, 23,57 euros.

Michael O'Leary, presidente de Ryanair - Sociedad
El presidente de Ryanair, Michael O’Leary durante una rueda de prensa.
EFE/ JJ Guillén

Las aerolíneas operan vuelos rentables y deficitarios. Con algunos ganan dinero, otros deben mantenerlos para ofrecer un producto atractivo a los pasajeros.

Y los ingresos complementarios son una herramienta para que, al final del año, el balance sea positivo.

El mejor momento para comprar

La pregunta del millón: ¿cuándo es el mejor momento para comprar?

Cuanto antes, mejor. Es el mantra del sector y tiene una explicación.

A medida que se acerca la fecha del vuelo, los precios suben porque, acuérdate, la aerolínea empezó vendiendo unos pocos billetes a un precio muy bajo pero no puede permitirse que todos los asientos se vendan a ese precio.

Si hay mucha demanda, el sistema de gestión de ingresos (revenue management) empieza a cerrar clases. Cuanto antes se cierren los niveles más bajos, más tarifa media.

Es decir, no sólo es llenar el vuelo; el precio también importa. 

Por eso, si eres de los de esperar al último minuto en busca de un chollo, cuidado. No siempre funciona.

Hay veces que, en la recta final, sólo hay precios altos. Si alguien compra es porque verdaderamente necesita volar, piensan las compañías.

Otras, en cambio, hay tarifas bajas porque considera que no ha incentivado lo suficiente la demanda con su política comercial. O porque la competencia tiene un vuelo a la misma hora, está vendiendo más barato y eso eleva la presión.

Además de la antelación y de evitar, si puedes, los días de más demanda (Navidad, festivos nacionales), un truco: el timing.

Las aerolíneas organizan sus vuelos en función del invierno y el verano. Con el arranque de la temporada, empiezan a vender los billetes de los vuelos de los siguientes meses.

La de verano empezó el 29 de marz0. Tu próximo objetivo, el cambio al invierno, es a finales de octubre.

La mala noticia: cada vez te conocen más

Este sistema de fijación dinámica de precios está muy extendido. También lo sufres en los hoteles, Uber o Glovo.

Pero en los cielos europeos explotó con el despegue del bajo coste y su propuesta de volar a precios muy económicos. Viendo el éxito del low cost, las aerolíneas tradicionales se sumaron al modelo. El mismo recorrido que siguieron los ingresos complementarios.

Los tiempos no juegan a tu favor. Con la inteligencia artificial y los modelos de machine learning, las compañías ya no se basan en datos históricos y en acontecimientos especiales, como un evento deportivo.

Ahora, tienen muchos más datos y calibran mejor cuánto estás dispuesto a pagar. La buena noticia es que sus ofertas se ajustan mejor a lo que buscas. La mala, que no tienes escapatoria.

TAGS DE ESTA NOTICIA