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Not-To-Do List: la guía para una Navidad más ligera (y más tuya)

Este año, olvídate del "todo y ya" y descubre cómo este nuevo enfoque puede transformar tu Navidad desbordada en unos días más simples y sin presiones

'El diario de Bridget Jones' (Sharon Maguire, 2001)

Cada año, diciembre llega con un guion no escrito; el de preparar más comida de la necesaria, multiplicar los compromisos, decorar como si se evaluase cada detalle y sostener una dinámica familiar que exige más energía de la que muchas veces se tiene. La Navidad, en teoría un paréntesis, acaba funcionando como una agenda paralela que se come por completo la rutina.

En medio de todo esto, empieza a circular una idea que está ganando adeptos tanto en redes sociales como en libros de psicología: crear una Not-To-Do List, la lista de lo que no vas a hacer. Sí, has leído bien. Lejos de ser una renuncia, es una forma de recolocar prioridades antes de que diciembre tome el control.

Los expertos coinciden en que la mayor fuente de estrés navideño no es la Navidad en sí, sino la acumulación de tareas autoimpuestas. La Not-To-Do List actúa como un filtro porque te permite descartar lo que consume energía sin aportar nada a cambio.

‘El diario de Bridget Jones’ (Sharon Maguire, 2001)

Durante décadas hemos planificado la Navidad como si cada actividad fuese imprescindible: el menú abundante, la mesa perfecta, los planes encadenados o los regalos interminables. Pero pocas veces cuestionamos qué hay ahí por inercia y qué podría desaparecer sin que nadie lo eche de menos. Hacer esta lista es invertir el orden habitual: no pensar “qué falta”, sino “qué sobra”. Es decir, no cocinar todo desde cero si no te apetece, no asistir a todos los encuentros por educación, no hacerte responsable del clima emocional de todos o no documentarlo todo para redes.

El simple gesto de decir “este año no” reduce la tensión anticipatoria, ese estrés previo que aparece incluso antes de que ocurran las cosas. La Not-To-Do List funciona como un salvavidas preventivo porque evita que diciembre se convierta en una gincana emocional antes de que empiece.

También implica renunciar a la obsesión por la perfección. El perfeccionismo es una forma de autoexigencia que impide disfrutar, y diciembre suele amplificarlo: la mesa impecable, la armonía forzada, las fotos sincronizadas, la coreografía invisible para que todo parezca ideal…

Escena de la tercera entrega de ‘El diario de Bridget Jones’

Muchas personas ya comparten su propia Not-To-Do List. Las más repetidas incluyen no intentar agradar a todos, no sostener conversaciones que sabes que te desgastan, no cargar con funciones que no te corresponden y no competir con versiones idealizadas de la Navidad que circulan en redes sociales. En el fondo, estas decisiones no recortan celebración, sino la hacen más humana.

La Not-To-Do List no es un manifiesto de renuncia, sino una práctica de cuidado personal; un recordatorio de que diciembre no necesita ser una demostración de eficiencia ni un despliegue de sacrificio. La Navidad puede ser amable si tú también lo eres contigo misma. Y, quizá, la forma más consciente de celebrarla este año sea empezar por decidir qué no vas a hacer para dejar espacio a lo que de verdad importa.

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