La experta

“A Irán no le interesa una desescalada humillante”

La experta en Relaciones Internacionales, Lena Georgeault, analiza las débiles relaciones entre EE UU e Irán. Y advierte: "Irán está intentando administrar la escalada, no detenerla de inmediato"

La experta
La experta Lena Georgeault responde a las preguntas de Artículo14

La Guardia Revolucionaria lo ha negado tantas veces como Trump lo ha anunciado. Según el magnate, las conversaciones entre la Administración estadounidense y el régimen de los ayatolás para poner fin a la guerra se llevan produciendo desde el lunes. “Tienen muchas gansas de un acuerdo”, ha repetido el mandatario en varias ocasiones, justo después de reconocer que “Estados Unidos no tiene con quien hablar”.

Si quedaban dudas sobre si realmente habría un acuerdo o no, este miércoles, por sorpresa y tras un nuevo bombardeo sobre Teherán, ha quedado bastante claro. La televisión oficial del régimen contaba en directo -y citando a fuentes del Gobierno iraní- lo “excesiva” que les resultaba la propuesta de quince puntos enviada por Donald Trump.

Los ayatolás no quieren ni reabrir el estrecho de Ormuz ni tampoco renunciar a tener su propio arsenal nuclear, dos de los puntos que Trump considera imprescindibles para poder llegar a un acuerdo. Entre comunicados cruzados y versiones distintas, Israel ha vuelto a bombardear este miércoles Teherán y Líbano. Y los pocos puentes que podía haber entre ambos países han volado el mismo día que el conflicto cumple ya 27 días. 

Para Lena Georgeault, directora del Grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Villanueva, esa negociación de la que habla Trump probablemente sean “mensajes cruzados o tanteos diplomáticos”. “Washington tiene interés en comunicar negociaciones, pero a Irán no le interesa reconocerlo”, explica la experta en conversación con este periódico.

Para Georgeault, el fin del conflicto todavía queda lejos. Aunque “la superioridad estadounidense sigue siendo inmensa”, reconoce la experta, “a Irán no le interesa una desescalada humillante“. La experta en geopolítica analiza en esta entrevista las posibles conversaciones de Estados Unidos con Irán, la escalada militar en el Golfo y la principal baza de Irán: la guerra económica. 

Un fragmento de misil permanece incrustado en el suelo, al norte de Beirut
EFE/EPA/WAEL HAMZEH

– Donald Trump sostiene que Estados Unidos está negociando con Irán, mientras Teherán lo niega tajantemente. ¿Qué sabemos realmente de estos contactos: quién está hablando con quién y a través de qué canales?

– Lo más probable es que Trump llame “negociación” a una cadena de mediaciones indirectas, mensajes cruzados y tanteos diplomáticos a través de intermediarios. Washington tiene interés en comunicar sobre negociaciones con Irán, tanto para mostrarse como artífice de una posible salida como para calmar mercados. En cambio, a Irán no le interesa reconocer formalmente una conversación política de alto nivel con la Casa Blanca.

En esta diplomacia de terceros, se ha hablado de varios intermediarios. El ministro de Exteriores turco mantiene contactos con el emisario estadounidense Steve Witkoff, y también se han mencionado otros actores con distinto grado de implicación, como Egipto, Omán o Reino Unido. Sin embargo, el único canal claramente confirmado con acceso directo a la presidencia iraní es Pakistán.

Un vehículo militar israelí circula por el lado libanés de la frontera, en el norte de Israel
EFE/EPA/ATEF SAFADI

– El propio Trump ha admitido que no está negociando con el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei. En un sistema como el iraní, ¿qué recorrido real pueden tener unas conversaciones que no incluyen al actor clave? Se habla de Pezeshkian o del presidente del Parlamento…

En Irán coexisten varias capas de poder: la autoridad religiosa, los Guardianes de la Revolución y las instituciones civiles. Aunque formalmente haya presidente, ministros o presidente del Parlamento, la cuestión clave no es sólo quién habla, sino quién puede comprometer al régimen. Tendrían mucho más peso unas negociaciones con Mojtaba Jamenei, o, más ampliamente, con el núcleo que controla de verdad la coerción, la seguridad y la línea ideológica. Conversaciones con Pezeshkian o con el presidente del Parlamento tendrían consecuencias más limitadas. Dicho esto, tampoco son interlocutores irrelevantes.

En sistemas autoritarios complejos, muchas veces las conversaciones empiezan por figuras que no son las decisivas, precisamente porque permiten tanteo y flexibilidad. Sirven para medir hasta dónde puede llegar el otro sin comprometer todavía al poder central. Ahora bien, si esas conversaciones con Washington desencadenaran o luchas internas en el régimen, el escenario cambiaría radicalmente.

Un misil iraní en el cielo sobre la ciudad de Nablus, en Cisjordania
EFE/EPA/ALAA BADARNEH

– Washington ha pedido una “tregua” de cinco días… ¿Es posible que Irán esté asfixiando a Estados Unidos en el conflicto?

– En el plano puramente militar, la superioridad estadounidense sigue siendo inmensa. Estados Unidos está concentrando fuerzas, mantiene opciones de escalada y puede golpear con mucha más potencia que Irán.  Donde Irán sí está consiguiendo resultados es en el coste estratégico y económico del conflicto. El bloqueo o semibloqueo de Ormuz, la caída del tráfico marítimo, la volatilidad brutal del petróleo y del gas y la amenaza sobre infraestructuras energéticas producen una onda de choque global. Y ahí Trump es particularmente vulnerable, porque el precio del petróleo, la gasolina y la Bolsa son indicadores políticos internos decisivos para él. Estados Unidos puede dominar la escalada, pero no puede hacerlo gratis.

– Con el conflicto abierto y la tensión en máximos, ¿le interesa realmente a Irán frenar la escalada en este momento o está buscando ganar tiempo para negociar desde una posición más fuerte?

– Al régimen iraní no le interesa ni una desescalada humillante ni una guerra total que acelere su caída. Necesita demostrar varias cosas a la vez. Primero, hacia fuera, que aún puede bloquear, amenazar, lanzar misiles y alterar los cálculos de sus adversarios. Segundo, hacia dentro, que no capitula ante Estados Unidos ni ante Israel, porque una retirada demasiado visible dañaría su legitimidad ante sus propias bases y ante el aparato de seguridad. En este sentido, su objetivo parece ser ganar tiempo, conservar capacidad de daño y llegar a una eventual negociación desde una posición menos débil de la que tendría si aceptara ahora las condiciones de Washington. En ese sentido, todo apunta a que está intentando administrar la escalada, no necesariamente detenerla de inmediato.