Cuando hace un año se anunció que Amazon había pagado 40 millones de dólares por los derechos de Melania, un documental centrado en la primera dama de Estados Unidos, los círculos de la industria audiovisual encarnaron sus cejas. No era la cifra astronómica, la más alta jamás pagada por un documental, sino el personaje lo que les tomó por sorpresa. En un momento político de inestabilidad, con la fatiga de la lucha en las calles por la inmigración, el estreno de este documental ,un año después de la inauguración del segundo mandato de Donald Trump, llega marcado por la polarización. Melania aterriza en los cines cuando la relación entre el poder político y el mundo cultural se encuentra cada vez más tensa. A la inversión inicial de los 40 millones hay que sumar, según diversas informaciones, otros 35 millones destinados a la promoción del filme y otros tantos para el realizador Brett Ratner. Sin embargo, a pocos días de su estreno en salas, el ruido mediático que ha despertado el documental no se ha traducido en espectadores.
Melania se estrena esta semana en entre 1.500 y 2.000 cines de Estados Unidos, tras una proyección privada en la Casa Blanca que reunió a figuras del entorno presidencial y a invitados tan dispares como el consejero delegado de Apple, Tim Cook, el exboxeador Mike Tyson o la reina Rania de Jordania. Lejos de ese círculo de poder, el recibimiento ha sido mucho más frío. En redes sociales se han multiplicado las capturas de pantallas de plataformas de venta de entradas que muestran salas prácticamente vacías en ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Atlanta o Jacksonville. Incluso en Estados tradicionalmente favorables a Trump, como Florida o Georgia, las sesiones inaugurales apenas han registrado ventas.
BREAKING: Posters for Melania Trump's new documentary get graffitied all across the country as Americans display what they truly think of their First Lady.
This is not the marketing campaign that she was hoping for…
The $40 million movie — an insanely inflated price for a… pic.twitter.com/vJyIjQrJ4p
— Occupy Democrats (@OccupyDemocrats) January 27, 2026
La situación se repite en Reino Unido, donde el documental se proyecta en un número reducido de salas. Tim Richards, consejero delegado de la cadena Vue, ha descrito las ventas como “flojas” y ha señalado que la mayor parte de las reacciones del público han sido de queja por la decisión de programar la película. En el cine insignia de la cadena en Londres, solo se había vendido una entrada para la primera sesión del viernes. En otras ciudades, todas las butacas siguen disponibles a pocas horas del estreno.
El contraste entre la inversión y las previsiones de taquilla es notable. Firmas especializadas en análisis de mercado estiman que Melania recaudará en torno a cinco millones de dólares en su primer fin de semana, una cifra modesta incluso para un documental, y muy alejada de las expectativas que acompañaron al anuncio del proyecto. En el sector se cuestiona, además, si los datos de taquilla llegarán a publicarse con detalle, dada su previsión discreta y el inminente salto del filme al catálogo de Prime Video.

El documental se presenta como un retrato íntimo de Melania Trump durante las tres semanas previas a la segunda investidura de su marido. En declaraciones promocionales, Melania lo ha definido como una “mirada privada y sin filtros” a su vida familiar, empresarial y filantrópica. El tráiler, sin embargo, ofrece más estética que sustancia. Podemos ver a la Primera Dama vestida de abrigos, sombreros, gafas de sol y botas de lujo; escenas cuidadosamente compuestas. Su asesor externo, Marc Beckman, ha insistido en que se trata de una obra “nada política”, aunque para muchos críticos el proyecto resulta inseparable del contexto en el que se inscribe.
Desde que Donald Trump irrumpió en la política nacional, Melania Trump ha sido una figura opaca. Se conocen los datos básicos de su biografía, nacida en la antigua Yugoslavia, modelo desde la adolescencia, llegada a Nueva York en los años noventa, matrimonio con Trump en 2005, pero poco más. Su papel como primera dama durante el primer mandato estuvo marcado por ausencias, silencios y gestos que alimentaron todo tipo de interpretaciones. El misterio que la rodea ha dado pie a teorías sobre una influencia decisiva en la trastienda del poder o especulaciones sobre una relación matrimonial distante. Cada aparición pública, cada elección de vestuario, es analizada como si escondiera un mensaje cifrado.

El documental promete despejar esas incógnitas, aunque quienes ya lo han visto señalan que evita deliberadamente los aspectos más incómodos. No hay apenas referencias a las controversias políticas, ni a los escándalos que han acompañado a la figura del presidente, ni a los episodios más tensos de su vida pública. Para algunos analistas, más que una obra reveladora, Melania funciona como un ejercicio de control de imagen. Es una construcción cuidada de la figura de la primera dama en un momento en el que la Administración Trump busca legitimidad cultural.
Esa lectura se refuerza por la figura de Jeff Bezos. Cuando se cerró el acuerdo con Amazon MGM Studios, no faltaron quienes interpretaron la operación como un gesto de acercamiento del fundador de Amazon a la Casa Blanca, en un contexto de creciente escrutinio regulatorio sobre las grandes tecnológicas. El propio Trump ha elogiado públicamente la película, calificándola de “increíble” y asegurando que está “captando la atención de mucha gente”. Los números, por ahora, no parecen respaldar esa afirmación.
The opening of “Melania” seems to be going well. pic.twitter.com/4RWuX9d2kM
— 𝕊𝕦𝕟𝕕𝕒𝕖_𝔾𝕦𝕣𝕝 (@SundaeDivine) January 27, 2026
El director del documental, en el punto de mira
A las dudas comerciales se suma la polémica en torno a su director, Brett Ratner. El cineasta, conocido por la saga Rush Hour, no había vuelto a dirigir desde 2014, tras ser acusado en 2017 de conducta sexual inapropiada por varias mujeres, entre ellas una denuncia por violación que él negó categóricamente. Tras aquellas acusaciones, Ratner se apartó de Hollywood y rompió su relación con Warner Bros. Melania supone su regreso a primera línea, una decisión que ha generado incomodidad tanto dentro como fuera de la industria. Según algunas informaciones, el rodaje estuvo marcado por tensiones internas y un control férreo de acceso al material.
La elección del lugar del estreno tampoco ha estado exenta de controversia. La proyección oficial se celebra el jueves 29 de enero en el Kennedy Center de Washington, rebautizado recientemente tras una decisión impulsada por la Administración Trump que provocó críticas en el ámbito cultural. Para muchos, el gesto simboliza la voluntad del presidente de dejar su huella en instituciones tradicionalmente asociadas a una idea más plural de la cultura.

En última instancia, el desempeño de Melania en taquilla puede resultar secundario para sus impulsores. El documental forma parte de una estrategia de Amazon que prepara otra serie documental de tres episodios que ampliará el retrato de la primera dama y que llegará directamente al ‘streaming’. En ese terreno, donde las métricas son menos transparentes y el éxito no se mide solo en entradas vendidas, el proyecto podría encontrar una segunda vida.
Por ahora, el estreno en salas deja la imagen de butacas vacías en cines vacíos de una producción millonaria que aspiraba a desvelar el misterio de una de las mujeres más observadas y menos conocidas de la política contemporánea. El interés existe, pero parece insuficiente para llenar las salas. Entre la curiosidad y el cansancio político, Melania se estrena en mitad del tumulto político que vive el país, midiendo la moral cultural de los conservadores desesperados por encontrar un relato favorable.


