Kimberly Guilfoyle podría convertirse en uno de los mayores quebraderos de cabeza de Donald Trump. La hasta ahora embajadora estadounidense en Grecia, obligada a abandonar su puesto tras varias acusaciones de conducta inapropiada, amenaza con revelar información comprometida sobre la familia presidencial y su círculo político más cercano. Según han publicado Daily Mail y The Daily Beast, la antigua prometida de Donald Trump Jr. podría haber recopilado durante años secretos y episodios privados que ahora podrían salir a la luz.
“Kimberly sabe dónde están enterrados los cadáveres. Conoce a las personas, los secretos, las peleas y las relaciones”, aseguró una fuente al Daily Mail. Otra persona familiarizada con la situación advirtió de las consecuencias que podría tener su regreso a Estados Unidos: “Nadie quiere a una Kimberly enfadada y sin nada que perder”.

Seis años dentro de la familia Trump
La inquietud no responde únicamente a su antiguo cargo diplomático. Guilfoyle, de 57 años, formó parte del núcleo personal y político del trumpismo durante buena parte de la última década. Su relación con Donald Trump Jr., que se prolongó durante aproximadamente seis años, le permitió conocer desde dentro las dinámicas familiares y las estrategias políticas del entorno republicano.
Antes de incorporarse a la diplomacia, la exfiscal había desarrollado una carrera televisiva en Fox News y se había convertido en una de las defensoras más visibles del movimiento MAGA. Participó en las convenciones republicanas de 2020 y 2024 y colaboró activamente en las campañas presidenciales de Trump.
Sin embargo, su relación sentimental con el primogénito del mandatario terminó y este inició una nueva etapa junto a Bettina Anderson. Poco después, Guilfoyle fue designada embajadora en Atenas, un nombramiento que la alejaba de Washington, pero que mantenía su vinculación con la Administración.
Su trayectoria personal también incluye un matrimonio con Gavin Newsom, actual gobernador demócrata de California, con quien estuvo casada durante su etapa como alcalde de San Francisco.
Ahora, algunas fuentes consultadas por la prensa estadounidense sostienen que varios aliados de Trump intentaron evitar su destitución ante el temor de que comenzara a hablar. “Mantener contenta a Kimberly significa mantenerla callada”, afirmó uno de los informantes.

Una factura de 100.000 dólares y acusaciones de tráfico de influencias
La salida de Guilfoyle se produjo después de que The Wall Street Journal publicara distintas informaciones sobre su comportamiento durante su etapa diplomática y los meses anteriores a su nombramiento.
Una de las acusaciones más delicadas apunta a que habría solicitado a un donante republicano el pago de una deuda de 100.000 dólares de su tarjeta American Express. A cambio, supuestamente le habría ofrecido contactos con funcionarios de la Administración que podrían ayudarle a resolver problemas fiscales y judiciales.
El destinatario de los mensajes, Eric Deters, antiguo candidato al Congreso por Kentucky, habría recibido instrucciones bancarias para efectuar la transferencia. Según lo publicado, Guilfoyle insistió en que necesitaba que realizara el pago aquel mismo día y le prometió mantener su lealtad política.
De acuerdo con las informaciones difundidas, la exembajadora intentó convencer posteriormente a responsables de la Casa Blanca de que aquellos mensajes habían sido fabricados mediante inteligencia artificial, una explicación que no habría resultado convincente.

Las sospechas también alcanzan su actividad en Grecia. Guilfoyle habría utilizado encuentros diplomáticos para favorecer los intereses de una empresa privada, facilitando a uno de sus representantes acceso privilegiado a altos cargos y dirigentes extranjeros.
Además, durante una cena oficial habría asegurado que Estados Unidos tenía capacidad para desestabilizar cualquier país que quisiera. La oficina del inspector general del Departamento de Estado abrió una investigación sobre estas y otras denuncias relacionadas con su comportamiento.
Trump marca distancias con su antigua nuera
La polémica ha provocado también un cambio en el discurso público del presidente. Tras conocerse la dimisión, Trump trató de minimizar la relación que había mantenido con Guilfoyle, pese a que durante años había sido una figura habitual en su entorno.
“No, no era miembro de mi familia. Creo que salió con mi hijo hace mucho tiempo”, declaró el mandatario, intentando desvincularse de quien estuvo cerca de convertirse en su nuera.

