Las matronas salvan vidas donde más falta hace y donde menos recursos existen. En zonas de conflicto, campos de desplazados o territorios devastados por catástrofes, su trabajo va mucho más allá del parto: es en muchos casos, el único apoyo sanitario que reciben mujeres y adolescentes en situaciones límite.
La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) reivindica su papel como personal de primera línea en emergencias. En el Día Internacional de la Matrona, desde MSF alertan de que estos programas pierden financiación justo cuando el mundo más los necesita.
En escenarios donde los sistemas de salud se han debilitado o colapsado, estas profesionales atienden necesidades médicas urgentes, pero también ofrecen apoyo continuo en procesos complejos y, en muchos casos, traumáticos. Nunca han sido tan necesarias y nunca han estado tan amenazadas.
Las mujeres sufren más durante los conflictos
“Creo que las matronas son importantes en todos los lugares donde trabajamos, pero ahora aún más, dado el cambiante panorama humanitario que estamos viendo, donde muchos programas de salud sexual y reproductiva han perdido financiación”, explica Kate Charlton, coordinadora médica de MSF en contextos de emergencia como Gaza, Myanmar o Sudán. “También estamos en un periodo en el que vemos más conflictos que nunca, y sabemos que las mujeres sufren de manera desproporcionada durante los conflictos”.
Según la Organización Mundial de la Salud, cuando los servicios de partería están integrados en los sistemas sanitarios, podrían prevenir más de cuatro de cada cinco muertes maternas, fetales y neonatales. Sin embargo, casi dos tercios de las muertes maternas se producen en países afectados por conflictos o con sistemas especialmente frágiles.
“Tu presencia marcó la diferencia”
En Sudán, donde la guerra civil ha devastado infraestructuras y desplazado a millones de personas, la necesidad de atención obstétrica segura es constante. “Pero las mujeres siempre necesitarán atención segura durante el embarazo y el parto: no puede ser una idea secundaria en la respuesta humanitaria”, recuerdan desde MSF. En este contexto, Blessing Odagwe coordina actividades de partería desde el hospital docente de Nyala, en Darfur del Sur, y lidera equipos que se desplazan durante horas para llegar a comunidades remotas.
Su trabajo se centra en la formación práctica del personal local. “Si no contamos con personal cualificado para asistir partos en la comunidad, habrá un aumento de las muertes maternas y de recién nacidos”, advierte. Por ello, entrena a matronas en partos normales, hemorragias posparto y complicaciones neonatales, además de enseñar a detectar signos de riesgo y gestionar derivaciones urgentes.

“Cuando una mujer llegó durante una de nuestras formaciones estando de parto, utilicé ese caso como ejemplo para enseñar a la matrona”, relata. “Al final del día, la madre llamó al bebé con mi nombre, diciendo: ‘tu presencia marcó la diferencia’”. Para Odagwe, este gesto no es un reconocimiento individual, sino una muestra del impacto colectivo: “Para mí, no es un reconocimiento personal, sino un reflejo del impacto que MSF está teniendo en la comunidad al lograr un resultado positivo para muchas familias”.
Muchas de las matronas que trabajan en estos contextos han vivido en primera persona el desplazamiento y la violencia. Es el caso de Zoubeida, que tras huir de su hogar terminó trabajando en un campo de desplazados en Tawila, en Darfur del Norte, donde atiende a mujeres embarazadas en condiciones extremadamente precarias.

“Necesitamos recursos”
En Afganistán, la atención en salud sexual y reproductiva solo puede ser proporcionada por mujeres, mientras que las restricciones educativas amenazan la formación de futuras profesionales. El país se encuentra entre los diez con mayor mortalidad materna y entre los cinco con mayor mortalidad neonatal a nivel mundial.
Maryam Saidy comenzó como traductora en un hospital de maternidad en Khost y decidió formarse como matrona tras observar el impacto de esta profesión. Hoy dirige un equipo de 150 personas. “Soy responsable de comprobar que tanto las pacientes como las matronas y el personal que trabaja bajo mi supervisión estén en un entorno seguro, y de que las pacientes reciban una atención de calidad y se respeten sus derechos”, explica.
Describe también la gravedad de los casos que reciben: “Llegan ya en trabajo de parto activo y la mayoría presenta hemorragias graves”. Ante estas situaciones, la respuesta debe ser inmediata: “Cuando la madre llega, es la matrona quien responde primero a su llamada de ayuda. La llevamos directamente a la UCI, le colocamos vías intravenosas, llamamos a los ginecólogos, al equipo de anestesia e intentamos hacer todo lo posible para salvar a esta madre lo antes posible, porque toda la familia está preocupada por ella y por el recién nacido”.

El trabajo de las matronas también abarca la atención a supervivientes de violencia sexual, una realidad frecuente en contextos de guerra. Entre enero de 2024 y noviembre de 2025, MSF trató a más de 3.396 personas en Darfur. Muchas agresiones ocurrieron durante desplazamientos o en actividades cotidianas como recolectar agua o alimentos.
A esto se suman los riesgos derivados de abortos inseguros. En contextos frágiles, las complicaciones pueden ser entre cinco y siete veces más graves que en entornos estables, debido a factores como el estigma, la falta de servicios adecuados y los retrasos en la atención.
Pese a su papel fundamental, la falta de matronas sigue siendo un problema crítico. “Necesitamos recursos, necesitamos políticas, necesitamos implementación, y necesitamos la formación y el fortalecimiento de capacidades de las matronas en todo el mundo”, subraya Charlton.
