Opinión

“Too many men”

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¿Se imaginan que una plaza de su ciudad se reunieran miles de hombres para intercambiarse fotos íntimas de sus mujeres sin que ellas lo sepan? Esto pasa cada día en las plazas digitales. Grupos de hombres de distintas edades y clases sociales se reúnen para compartir y comentar imágenes de sus novias, esposas, amigas y familiares en ropa interior, desnudas y en situaciones privadas. No solo las enseñan, también las califican indicando sus medidas, con cuántos hombres han estado e incluso se animan a preguntar a los demás qué cosas les harían. Unos llevan disfraces de personajes de Bola de Dragón. La mayoría van ocultos con capuchas. Alguno se atreve a acudir con traje de ejecutivo y otros directamente en shorts ciclistas. ¡Y la cantina de Mos Eisley en Star Wars nos parecía poco realista!

La semana pasada, Meta cerraba una página de Facebook con más de 30.000 hombres que intercambiaban fotos íntimas de mujeres de su entorno como si fuesen cromos. La alerta la dio la escritora italiana Carolina Capria en su Instagram. Duele pensar que nadie más la denunciara en los más de siete años que llevaba activa. Pero no es un caso aislado: esta misma semana se ha revelado la existencia de otro foro en Italia en el que participaban más de 800.000 hombres, en el que también compartían y comentaban contenidos sexuales manipulados de actrices, famosas y políticas. En marzo cerraron en China un grupo de Telegram con más de 100.000 usuarios llamado “Mask Park” en el que sus integrantes intercambiaban fotos de parejas y exparejas como si fuese pornografía. Pero no hace falta que nos vayamos a Italia ni a China. A raíz de estas noticias hemos conocido que, los chats de WhatsApp en los que nuestros maridos, nuestros amigos y nuestros propios compañeros de trabajo nos exponen y nos intercambian, son algo cotidiano.

Confiábamos en que internet sería un lugar de libertad donde las ideas fluirían sin temor a la censura, pero la realidad es que se ha convertido en la guarida perfecta de las ideas más retrógradas, sexistas y machistas. Todo lo que hoy, por ley o por avance social, ya no se puede hacer ni está bien visto, se sigue reproduciendo en los oscuros callejones de internet. Allí los hombres que se resisten al cambio, junto con los delincuentes, encuentran su cantina sin tener que viajar al espacio.

La existencia de este tipo de foros y chats son otro caso más de violencia machista trasladada al espacio digital. La idea fundamental que sostiene esta práctica es la deshumanización de las mujeres en los relatos que conforman nuestra cultura: la publicidad, la moda, el cine, la música… Esta cosificación constante de las mujeres, contribuye a que todos esos hombres compartan esas imágenes sin sentirse culpables, porque son incapaces de empatizar con las víctimas. No las consideran ni siquiera humanas, sino objetos de su propiedad. El grupo de Facebook italiano se llamaba Mia moglie” que en español significa “Mi esposa” o “Mi mujer”. La filósofa feminista Celia Amorós utilizaba el término “las idénticas” para referirse a esa deshumanización cultural de las mujeres: el imaginario no nos trata como seres independientes, sino como un producto a granel. También se nos podría denominar “las intercambiables”, ya que se nos puede reemplazar por auténticas desconocidas y no pasa nada; o “las coleccionables”, que contiene el matiz de la acumulación como sinónimo de éxito y de trofeo.

La pornografía es otro sector que también conforma nuestro imaginario y nos inyecta esa idea de que una mujer es solo un cuerpo deshumanizado. Además, les dice a los hombres que un cuerpo no es suficiente, que para disfrutar de verdad hay que buscar la variedad. Algunos lo elevan hasta la categoría de derecho. Derecho a consumir una variedad de cosas y de cuerpos.

Lo más probable es que esos cientos de miles de hombres no se sientan en absoluto interpelados por ninguna campaña de igualdad, ni tampoco por los minutos de silencio que se convocan cada vez que asesinan a una mujer. Incluso, muchos de ellos se considerarán feministas. “Not all men!” habrán entonado más de una vez. Una expresión que ya no hace justicia ante la realidad de las cifras.

Propongo cambiar la expresión “Not all men” por “Too many men”. Millones de hombres incapaces de detectar la violencia machista y que la siguen ejerciendo día tras día, son demasiados y es necesario nombrarlos.  

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