A las puertas de la ceremonia del Premio Nobel de la Paz este miércoles, Oslo despierta con una figura ausente que, sin embargo, lo ocupa todo. María Corina Machado, la líder de la oposición venezolana, convertida en símbolo internacional de resistencia tras las elecciones del 28 de julio de 2024, sigue siendo una incógnita a menos de veinticuatro horas del inicio de los actos oficiales. Su nombre aparece en el programa; su presencia física, no. Y esa ausencia -o su posible irrupción- mantiene en vilo a diplomáticos, periodistas y a buena parte de la diáspora latinoamericana concentrada estos días en la capital noruega.
A las 13:00, hora local, estaba prevista la primera cita: la tradicional rueda de prensa de la persona galardonada en el Instituto Nobel de la Paz. La institución ha confirmado que Machado aseguró que viajaría a Oslo. Pero nadie, fuera de su círculo más íntimo, sabe si ya está aquí, si está en tránsito o si su llegada, si ocurre, será tan inesperada como las breves horas en que reapareció en enero para unirse a una protesta multitudinaria en Caracas, antes de ser detenida y amenazada por el régimen de Nicolás Maduro.
De momento, todo apunta a que la tradicional rueda de prensa tendrá que retrasarse al menos un par de horas. “La rueda de prensa con la galardonada con la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, prevista para hoy a las 13:00 CET en el Instituto Nobel de Noruega, se pospondrá. Informaremos a los medios acreditados de la nueva hora con un mínimo de dos horas de antelación”, explican desde la organización del Nobel.
“Partimos de la base de que la galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, estará presente en la rueda de prensa”.
Cancelada la rueda de prensa
Sin embargo, horas después, Erik Aasheim, portavoz del Instituto Nobel de Noruega, ha asegurado que finalmente, la conferencia de prensa “no tendrá lugar hoy”.
“La propia María Corina Machado ha declarado en entrevistas lo complicado que será el viaje a Oslo. Por lo tanto, en este momento no podemos proporcionar más información sobre cuándo y cómo llegará para la ceremonia del Premio Nobel de la Paz“, ha avanzado Aasheim.
El cierre del espacio aéreo
Desde el verano de 2024, vive en la clandestinidad. Su salida de Venezuela -si es que efectivamente ha ocurrido- se da en un contexto aún más hermético por la crisis de conectividad aérea que afecta a Caracas, aislada de la mayoría de conexiones internacionales tras las cancelaciones motivadas por las advertencias de Washington y el despliegue militar estadounidense en el Caribe.

Frente a la ausencia de confirmaciones, las teorías han corrido como la pólvora. En los mentideros venezolanos circula ya una hipótesis que mezcla maniobras diplomáticas, escoltas militares y un operativo de precisión. Según la versión compartida por Aliomar Bracho, al frente del perfil Venezolanos Unidos por la #LibertadParaVenezuela, Machado habría salido del país camuflada en el último vuelo de deportación desde Estados Unidos a Venezuela: una aeronave que, escoltada por un F-18 y un F-35, habría aterrizado en un aeropuerto prácticamente vacío y sin seguridad operativa. Tras el desembarco de los repatriados y una espera de dos horas, la opositora habría subido al avión entre una delegación diplomática no sometida a inspecciones, para luego volar a Puerto Rico, continuar hacia Estados Unidos y comunicarse desde allí con Marco Rubio y Donald Trump antes de su traslado final a Noruega. Una historia difícil de verificar, pero que refleja bien el clima de sospecha, tensión y épica que rodea su figura.
La familia de Machado ya está allí
Mientras tanto, Oslo comienza a llenarse de rostros latinoamericanos. La madre de Machado, Corina Parisca; su hermana, Clara; y su hija, Ana Corina Sosa -“llena de ilusión y orgullo”, según declaró- ya caminan por la ciudad. También han llegado mandatarios y figuras afines a la oposición venezolana: el presidente argentino Javier Milei aterrizará este martes por la tarde; el paraguayo, Santiago Peña, llegará mañana; y el panameño José Raúl Mulino ya se reunió con los familiares de la galardonada. A ellos se sumará Edmundo González Urrutia, exiliado en España y ganador de las presidenciales en 2024.

En Caracas, el discurso es otro. Diosdado Cabello, número dos del chavismo, ha calificado el Nobel como una “subasta” entregada “al mejor postor”. En su narrativa, el foco no está en Oslo, sino en la presión estadounidense y en la falta de pronunciamiento de la Corte Penal Internacional sobre los ataques de Washington en el Caribe y el Pacífico. La tensión regional se ha visto alimentada, además, por nuevas revelaciones del Washington Post sobre los planes opositores para una eventual transición tras Maduro y los recientes comentarios de Trump insinuando ataques por tierra contra Venezuela bajo el argumento de combatir el narcotráfico.
Con este trasfondo, la figura de Machado se vuelve aún más simbólica: una mujer en la clandestinidad, perseguida, galardonada y, quizá, en tránsito hacia el escenario donde este miércoles debería recibir uno de los premios más relevantes del año. Si comparece hoy en Oslo, su imagen dará la vuelta al mundo. Si no lo hace, la sombra de su ausencia será igual de elocuente.
En Oslo, todos miran hacia la puerta que aún no se ha abierto. Y todo el mundo espera.
