Nos tuvimos que encerrar en casa, pero las mafias nunca se quedaron fuera. Era 2020, el mundo se paralizó por la Covid-19. Mientras miles de españoles estaban ingresados en hospitales luchando por su vida y otros muchos profesionales intentando salvarlos, las redes de trata continuaron haciendo negocio.
La imposibilidad de ver a nuestros seres queridos fue lo que nos hizo lanzarnos, aún más, a las redes sociales: no podíamos salir de nuestros hogares y, por naturaleza, somos seres sociales.
Plataformas como TikTok o Instagram se convirtieron en una puerta de entrada a un negocio invisible, rápido y silencioso. Millones de usuarios nuevos haciendo el mismo baile con la canción del momento, familias enteras jugando a retos virales, videollamadas durante horas… Fue el momento de crear, de aprender, de reinventarnos y de explorar nuevas plataformas. Los proxenetas y victimarios también vivieron esta época.
“Hemos visto un cambio de paradigma en el que hemos pasado de un consumo de prostitución ‘tradicional’ a una industrialización y un fomento del sexo de pago en prácticas sociales consideradas de ocio”. Rocío Mora, directora ejecutiva de APRAMP, lleva cuatro décadas trabajando junto a su equipo en la atención integral a víctimas y supervivientes de trata y explotación sexual.
Esta industrialización de la prostitución ha implicado un “aumento sustancial de la trata de personas y la demanda permanentemente incentivada por otras industrias anexas como la pornografía y el mundo digital”, explica la directora de APRAMP.
La prostitución 2.0
Se trata de la conocida como ‘Prostitución 2.0’, la mutación de la explotación sexual de la mujer, pero esta vez, trasladada a escenarios que ocupan el ámbito digital. Ya no se ejerce únicamente en calles, clubes o pisos clandestinos. Ahora se esconde en los algoritmos de las redes sociales, es decir, en perfiles falsos y en mensajes privados que actúan como trampas.

Es infinito el espacio de captación de chicas jóvenes en situación de vulnerabilidad expuestas en las plataformas online.
Además, persiste un discurso de falso empoderamiento que circula como un virus: se hace creer a las chicas que vender su cuerpo es una decisión libre, que tienen el control sobre todo lo que ocurre. Pero es una mentira perfectamente diseñada. El poder jamás está en sus manos.
El control, realmente, lo ejercen quienes están detrás de las pantallas, en la sombra: redes de trata, proxenetas y demandantes de material sexual. Son ellos quienes dictan las reglas, quienes se enriquecen y quienes mantienen a las víctimas atrapadas en una red invisible de dependencia, explotación y violencia sexual.
Métodos de captación a través de redes sociales
El modus operandi de captación de las chicas es similar al que se utiliza de forma offline o ‘tradicional’. Las falsas ofertas de empleo, el acceso rápido a dinero… cualquier excusa es una oportunidad idónea para que los victimarios introduzcan en un entorno de violencia y explotación a sus víctimas.
La coacción y las amenazas son dos grandes herramientas que utilizan para seguir manteniendo el control. Saben quiénes son los miembros de su familia, sus amigos, su centro de estudios o trabajo, dónde viven… la extorsión a la que se pueden ver sometidas es muy grave.
Cada vez son más jóvenes
Un 40,7% de mujeres atendidas por APRAMP durante 2024 reconocieron haber empezado a ser explotadas sexualmente siendo menores de edad. Una de las mayores preocupaciones de la Prostitución 2.0 es la edad, porque el gran porcentaje de usuarios de TikTok, por ejemplo, son adolescentes y mujeres y hombres jóvenes por debajo de los 25 años.
Además, la mayor dificultad se encuentra en la invisibilidad de esta realidad porque en estos espacios “es más difícil detectar, intervenir y proteger a las víctimas”, apunta Mora. Lo que se convierte en un mayor reto para asociaciones como APRAMP: “Ya no basta con acudir y mapear los espacios abiertos en donde puede estar produciéndose este grave delito y vulneración de derechos”, explica la directora, hay que “estar en constante actualización de las formas y mecanismos para la captación y explotación que utilizan los victimarios”.
Por eso, creen que es necesario el uso de herramientas digitales, alianzas con las plataformas y un trabajo especializado para poder contactar con las posibles víctimas.
En el caso de APRAMP, lo hacen a través de agentes sociales supervivientes que “generan confianza cuando contactan con alguna mujer o menor”. Su papel es clave, ya que la identificación a través de lo vivido es una de las formas más eficaces de intervención.
Su voz es fundamental porque aporta credibilidad y cercanía, pero, sobre todo, esperanza a quienes puedan verse en esa situación de vulnerabilidad o conocer a alguien que lo esté, además de enseñar que la salida es posible.
“Cuanto más se esconde la explotación en el mundo online, más urgente es reforzar los recursos de detección e intervención para llegar hasta las víctimas antes de que sea tarde”, añade Rocío Mora.
Riesgos online vs offline
El ciberacoso, la extorsión, la exposición de la identidad o la huella digital permanente son algunos de los riesgos que se multiplican en el entorno digital.
“Quienes amenazan, coaccionan, extorsionan y explotan se valen del anonimato digital para esconderse, hacerse pasar por otras personas o no encontrarse en el mismo lugar que las víctimas, sin olvidarnos de quienes demandan las imágenes y vídeos”, relata Mora.
Es la forma en la que, a través del mundo digital, las mafias y los proxenetas utilizan las mismas técnicas que fuera de las pantallas, pero en esta ocasión, con un alcance muchísimo mayor y con consecuencias que son difíciles de revertir.

El mensaje de las profesionales que trabajan con víctimas no es decir que las redes sociales son malas o peligrosas “sino que la población joven, principal consumidora de los móviles, las redes sociales y el mundo digital tengan los conocimientos sobre esta realidad y las herramientas necesarias para prevenir, saber cómo actuar y a quién acudir ante un caso en el que estén intentando captarlas”, concluye la directora de APRAMP.
Desde su experiencia, las “normas y acciones de las plataformas no son suficientes” y creen que es necesario seguir trabajando de forma conjunta y sostenida entre todos los actores implicados con regulaciones adecuadas. Por ejemplo, en la protección de la infancia dentro y desde el mundo digital. Es importante que las propias empresas tecnológicas se involucren y que existan protocolos de detección, además de una mayor agilidad a la hora de denunciar.
Otro de los puntos más importantes es la educación digital y de prevención dirigida a adolescentes, familias y profesorado. Es importante capacitar a los profesionales de diferentes ámbitos: sanitario, educativo, social, para que así puedan disponer de herramientas de detección y actuación ante posibles casos de trata y explotación de la mujer.