Al ministro de Transportes, Óscar Puente, hay que reconocerle que no cualquier político se planta ante los periodistas anunciando que responderá todas las preguntas sin más límite que el de su paciencia. Y ahí estuvo: 2 horas y 19 minutos sin removerse de la silla. A los periodistas, por su parte, hay que reconocerles los intentos más insospechados (sin suerte todos ellos) en busca de una respuesta para la gran pregunta: ¿por qué descarriló el tren Iryo en Adamuz?
Puente —que dijo de sí mismo que está en “modo crisis”— prometió nuevas apariciones ante los medios de comunicación y ante las Cortes. Lo que no prometió fue dar respuesta a la gran pregunta que se hace la sociedad española (y en particular las familias de los 42 fallecidos) porque, según sostiene, inclinarse por una tesis “no es posible”.
Las tesis, en realidad, no son muchas: o falló la infraestructura (entiéndase las vías) o falló el tren. Pero el ministro no piensa decantar la balanza, por mucho que haya más indicios acumulados en la primera tesis: una brecha en los raíles dejó marcas en las ruedas de todos los vagones del Iryo siniestrado hasta que el sexto coche descarriló; esas mismas muescas han podido verse en la rodadura de trenes que pasaron anteriormente por el mismo sitio.
“Un problema complejo”
Pero el ministro insiste en que no está claro y, en todo caso, niega que las vías se hallaran en mal estado por unas obras de remodelación low cost o por unas insuficientes tareas de mantenimiento. “No estamos ante un problema de falta de mantenimiento, ni de obsolescencia ni de inversión. Estamos ante otro problema, me temo, más complejo“, sostuvo el titular de Transportes.
De ese problema “más complejo”, probablemente nunca visto, no dio pista alguna, ya que sus abundantes declaraciones públicas se basan desde hace 48 horas en crear confusión entre las causas y las consecuencias, estrategia que ayer llevó al extremo al decir que podría haber “parte de las causas que provocaran parte de las consecuencias”. En suma, que hablar del motivo del descarrilamiento es “precipitado”.
Altísima velocidad
En cambio, Puente está completamente abierto a hablar de otros asuntos. Por ejemplo, de la liberalización del mercado ferroviario y de la entrada de operadores como Iryo y Ouigo desde 2023: “No soy el mayor fan del régimen de liberalización, pero me toca convivir con él y no depende de mí, sino de la UE”. O de si verdaderamente proyecta que el corredor Madrid – Barcelona aumente la velocidad cuando se supere esta crisis: “Vamos a aprovechar la total renovación de esta línea para que se pueda transitar por ella a 350 km/h“.

Tampoco tuvo inconveniente en comentar cómo se han disparado las quejas de los maquinistas debido al estado del trazado de la alta velocidad, unas protestas que atribuye a su estado de ánimo: “La media reclamaciones de los maquinistas de la alta velocidad son cuatro al día. Ayer, solo en la línea Madrid-Barcelona se produjeron 25”.
Sin preferencia, tengo papeles
Pero de las causas del descarrilamiento sí que no. Es obvio que si el motivo fuera el estado de las vías, la responsabilidad del siniestro recaería sobre su Ministerio. Pero incluso así Puente se siente en paz porque puede demostrar, papeles en mano, cuatro inspecciones recientes del trazado de Adamuz. En cambio, si el motivo fuera el tren de Iryo, el Ministerio quedaría limpio de polvo y paja.
“Yo no tengo ninguna preferencia por ninguna hipótesis, sea lo que sea tenemos que aprender de ello. Personalmente estoy bastante tranquilo con el trabajo que he visto del Ministerio de Transportes con sus infraestructuras, lo cual no quiere decir que no hayan podido fallar, pero creo que los protocolos se han seguido con rigor. Puede ser un fallo de infraestructura y puede ser del material ferroviario, que también sería un problemón. Sea lo que sea, lo trataremos de explicar y trataremos de aprender de ello”, dijo en los estertores de su comparecencia a lenta velocidad.



