Daniel Drucker lleva más de cuatro décadas intentando comprender una pequeña hormona que hoy está en el centro de una revolución médica. Se llama GLP-1, está presente de forma natural en el cuerpo humano y, durante años, parecía una pieza más dentro del complejo engranaje del metabolismo. Sin embargo, su uso farmacológico ha cambiado el tratamiento de la diabetes tipo 2, ha abierto una nueva etapa contra la obesidad y ha situado medicamentos como Ozempic en el centro del debate sanitario mundial.
El propio Daniel Drucker, catedrático de la Universidad de Toronto e investigador en el Hospital Monte Sinaí de la ciudad canadiense, prefiere no exagerar. No se presenta como un científico de grandes frases ni como alguien seducido por la fama. Pero sus palabras ayudan a entender por qué Ozempic no es solo un fármaco para adelgazar, sino una herramienta que podría transformar la forma de abordar varias enfermedades crónicas.
Qué es el GLP-1 y por qué Ozempic ha cambiado la medicina
Según explica Daniel Drucker en La Voz de Galicia, el GLP-1 es “una pequeña proteína” que funciona como hormona. Sus niveles aumentan cuando comemos o cuando el cuerpo atraviesa una infección. En condiciones normales, sus efectos son modestos: ayuda a regular el azúcar en sangre, influye en el apetito y contribuye a reducir la inflamación.
La clave está en lo que ocurre cuando esa hormona se utiliza como tratamiento. En niveles farmacológicos altos, el GLP-1 tiene efectos mucho más potentes. Drucker señala que puede reducir el azúcar en sangre, bajar el peso corporal, disminuir la inflamación y beneficiar a órganos como el corazón, el hígado, el riñón o incluso el cerebro.
Por eso Ozempic se ha convertido en mucho más que el nombre comercial de un medicamento famoso. Para Drucker, el campo del GLP-1 “solo está empezando”. Aunque la investigación comenzó hace más de 40 años, ahora se están observando posibles beneficios en enfermedades cardíacas, hepáticas, renales, vasculares o inflamatorias.
De una consulta frustrante a un cambio histórico contra la obesidad

Uno de los puntos más relevantes de la entrevista es cómo Daniel Drucker recuerda el tratamiento de la obesidad en los años ochenta. Entonces, la consulta de pérdida de peso era una de las más frustrantes para los médicos. Se usaban hormonas tiroideas, metformina o anfetaminas, pero los resultados eran muy pobres.
“Si perdían tres o cuatro kilos era un milagro”, recuerda Drucker. Los pacientes, sin embargo, necesitaban perder mucho más: 15, 20 o 30 kilos. Hasta la llegada de los fármacos basados en GLP-1, la alternativa más eficaz era la cirugía bariátrica. Una opción útil pero no asumible ni deseada por todo el mundo.
Ese cambio explica el impacto de Ozempic. La obesidad ha dejado de verse únicamente como un problema de voluntad, dieta o ejercicio. Drucker insiste en que todavía no se sabe con precisión por qué existe la actual epidemia de obesidad. La genética no ha cambiado en 50 años, así que el origen debe estar en el entorno: el suministro de alimentos, los químicos, la forma de vida o el gasto energético. Pero la respuesta exacta aún no está clara.
“La mayoría tendrá que tomarlo durante mucho tiempo”
La frase más importante de Daniel Drucker llega cuando aborda una de las grandes preguntas sobre Ozempic: qué ocurre cuando el paciente deja el tratamiento. Su respuesta es clara. Algunas personas podrán reducir la dosis o incluso abandonar el medicamento, pero muchas vuelven a ganar peso cuando lo dejan.
Drucker compara la obesidad con otras enfermedades crónicas. Nadie se sorprende de que una persona con hipertensión, enfermedad de Crohn o artritis reumatoide necesite medicación prolongada. Con la obesidad, sostiene, debería asumirse una lógica parecida. Una vez desarrollada, al cerebro le cuesta regresar a su estado anterior.
Por eso afirma que “la mayoría de las personas tendrán que tomar la medicación de forma indefinida, al menos por ahora”. No lo plantea como una condena, sino como una realidad médica actual. Tal vez en el futuro haya tratamientos capaces de reeducar al cerebro para defender un peso corporal saludable. Pero, de momento, ese punto todavía no se ha alcanzado.
El debate sobre el uso estético de Ozempic

Drucker también se pronuncia sobre el uso de Ozempic en personas sin diabetes tipo 2 ni obesidad severa. Reconoce que, cuando había escasez de medicamento, le molestaba que pacientes con enfermedades graves pudieran quedarse sin acceso mientras otras personas lo usaban para perder unos kilos.
Ahora, sin embargo, matiza su postura. Si no hay problemas de suministro y una persona toma la decisión con un médico, con seguimiento y con un objetivo razonable, lo considera una decisión individual. Lo que sí le preocupa es el acceso demasiado fácil a través de internet, con consultas de apenas unos minutos y sin una explicación adecuada sobre los riesgos, efectos secundarios o señales de alarma.
