Las horas posteriores a una gran tragedia no se viven solo en el lugar del accidente. Se extienden a las estaciones, a las casas, a los teléfonos móviles y a la mente de quienes, de una u otra forma, se sienten cerca de lo ocurrido. La sensación de irrealidad que muchos describen no es casual. Es, según los expertos, una de las primeras respuestas psicológicas ante un suceso extremo.
Según explica Javier Postigo Martínez, doctor en Psicología, psicólogo de emergencias y criminólogo, en un primer momento es habitual que algunas personas nieguen lo sucedido o incluso no sean capaces de recordarlo con claridad. “Puede haber una negación inmediata de lo ocurrido, una especie de bloqueo. Otras entran directamente en shock y no reaccionan”, señala.

Esa desconexión inicial funciona como un mecanismo de defensa. “El cerebro intenta protegerse de un impacto emocional demasiado intenso”, explica Postigo. Por eso, muchas personas relatan que lo vivido “no parece real”, como si estuvieran observando la escena desde fuera o como si se tratara de algo que le ha ocurrido a otros.
Horas después puede aparecer llanto repentino, ansiedad, dificultad para concentrarse
Pasadas esas primeras horas, la reacción emocional suele intensificarse. “Aparece lo que llamamos un mare magnum de emociones”, describe el psicólogo. Llanto repentino, ansiedad, nerviosismo, dificultad para concentrarse o para tomar decisiones son algunas de las respuestas más comunes. También puede darse una sensación de aislamiento, de indiferencia hacia lo que ocurre alrededor o incluso una pérdida de esperanza respecto al futuro.
Todas estas reacciones, subraya el experto, son normales. “Estamos hablando de respuestas adaptativas ante situaciones completamente anómalas, como un accidente grave. No significan debilidad ni falta de recursos personales”.
Con el paso de las horas y la llegada del día, cuando la magnitud real del desastre empieza a hacerse visible, estas emociones pueden transformarse o profundizarse. Es en ese momento cuando aparecen posibles secuelas psicológicas. “No todas las personas elaboran el trauma de la misma manera”, explica Postigo. “Algunas lo procesan de forma relativamente rápida y positiva, pero otras necesitan apoyo psicológico especializado”.
“No siempre podemos con todo solos. Pedir ayuda no es malo, es necesario”
Por eso, insiste en la importancia de pedir ayuda cuando es necesario. “No siempre podemos con todo solos. Pedir ayuda no es malo, es necesario. Y no significa que vayamos a necesitar terapia durante años, sino que necesitamos un acompañamiento puntual para recolocar lo vivido”.
En este sentido, recomienda que los afectados hablen con profesionales de la salud mental, especialmente en los primeros días. “Sirve para normalizar lo que sienten, para validar esas emociones y entender que no están ‘reaccionando mal’, sino de una manera humana”.
El miedo a volver a subirse a un tren
Uno de los miedos más repetidos tras este tipo de accidentes es el temor a volver a viajar en tren. Para el psicólogo, esta reacción es lógica. “Es completamente normal que ahora alguien se suba a un tren y sienta miedo. Pasó tras el 11-M y ocurre cada vez que hay una gran emergencia, como durante episodios de alerta por la DANA. El miedo es un sistema de protección”.

El problema aparece cuando ese miedo empieza a limitar la vida cotidiana. “Si impide viajar, trabajar o mantener una rutina normal, entonces sí es recomendable tratarlo de forma individualizada con profesionales específicos de la salud mental”, apunta.
“No saber qué ha pasado con un familiar genera una angustia enorme”
En el caso de las familias de las víctimas directas, el impacto emocional es aún más profundo y complejo. “Ellas atraviesan todas las fases propias del duelo, pero además viven una incertidumbre constante, especialmente en las primeras horas”, explica Postigo. A esa carga se suma la burocracia, el papeleo y, en ocasiones, la falta de información clara. “No saber qué ha pasado con un familiar genera una angustia enorme”.
Por ello, el experto insiste en la necesidad de actuar con prudencia y atender únicamente a canales oficiales. “Las redes sociales y los medios no oficiales pueden difundir información errónea o imágenes fuera de contexto. En un estado de nerviosismo, una sola imagen puede reactivar el pánico y hacer creer que un cuerpo o un herido es un familiar”.
Llamamiento a los medios de comunicación
También pone el foco en la responsabilidad de los medios de comunicación. “Se puede informar sin caer en el morbo ni en los detalles macabros. Mostrar cuerpos, mantas o imágenes muy explícitas puede provocar revictimización y hacer que las personas revivan el trauma una y otra vez”.
Finalmente, recuerda que en estas tragedias existen víctimas indirectas que a menudo pasan desapercibidas, como los animales de compañía desaparecidos, cuya pérdida también genera angustia y duelo. “Todo esto forma parte del mismo impacto emocional”.
“Son situaciones que requieren tiempo”, concluye Postigo. “Tiempo, trabajo personal y, en muchos casos, apoyo profesional. Ese acompañamiento es lo que permite, poco a poco, recuperar la sensación de normalidad”.


