El calendario litúrgico señala este martes 10 de febrero la festividad de Santa Escolástica, una figura esencial del cristianismo primitivo y referente indiscutible de la vida monástica femenina en Occidente. Hermana gemela de San Benito de Nursia, fundador del monacato benedictino, Santa Escolástica es recordada por su profunda espiritualidad y su firme carácter. Además, se la recuerda por su papel decisivo en la expansión de una forma de vida basada en la oración, el silencio y la comunidad.
Santa Escolástica, hermana de San Benito
Santa Escolástica nació en Italia a finales del siglo V, en el seno de una familia noble romana. Desde muy joven decidió consagrar su vida a Dios, siguiendo un camino paralelo al de su hermano Benito. Mientras él desarrollaba las bases del monacato masculino, ella hizo lo propio con las comunidades femeninas, convirtiéndose en la primera monja benedictina de la historia.
Según la tradición, Escolástica fundó un monasterio cerca de Montecassino, donde residía su hermano. Aunque llevaban vidas separadas, ambos se reunían una vez al año para conversar sobre asuntos espirituales. Uno de estos encuentros dio lugar al episodio más conocido de su vida.
El episodio que marcó su leyenda
San Gregorio Magno, principal fuente histórica sobre Santa Escolástica, relata que durante una de esas reuniones anuales, Escolástica pidió a su hermano que prolongara la conversación hasta la noche. Benito se negó, fiel a la regla que prohibía dormir fuera del monasterio. Entonces, Escolástica rezó y, de forma repentina, se desató una fuerte tormenta que impidió a Benito regresar.
Al día siguiente, Benito comprendió el significado del suceso y pronunció una frase que ha pasado a la historia: “Dios te ha perdonado porque has amado más”. Poco después, Santa Escolástica falleció. Su hermano aseguró haber visto su alma ascender al cielo en forma de paloma. Este relato simboliza la primacía del amor y la fe sobre la norma estricta.
Patronazgo y significado espiritual
Santa Escolástica es considerada patrona de las monjas benedictinas y, en un sentido más amplio, de quienes eligen la vida contemplativa. Su figura representa el equilibrio entre disciplina y misericordia, así como entre la regla y la experiencia interior. Estos valores siguen siendo actuales en una sociedad marcada por la prisa y el ruido constante.
En la iconografía cristiana suele representarse con un libro —símbolo de la regla monástica— y una paloma, en alusión a la visión de San Benito tras su muerte. En muchos monasterios y comunidades religiosas, el 10 de febrero se celebra con especial solemnidad.
Otros santos del 10 de febrero
Además de Santa Escolástica, el santoral de este martes recuerda a otros santos y beatos menos conocidos, pero igualmente significativos. Entre ellos destaca San Guillermo de Malavalle, eremita italiano del siglo XII que abandonó la vida militar para dedicarse a la penitencia y la oración. También se conmemora a San Silvano de Emesa, obispo y mártir, y a San Austreberto, abad venerado por su labor pastoral.
Estas figuras reflejan la diversidad del santoral cristiano, en el que conviven mártires, monjes, obispos y eremitas de distintas épocas. Todos están unidos por una misma búsqueda espiritual.
Una tradición que sigue viva
Celebrar el santo del día continúa siendo una costumbre muy arraigada, especialmente en países de tradición católica. Para quienes llevan el nombre de Escolástica, este 10 de febrero es una jornada de felicitaciones y recuerdo familiar. Aunque el nombre no sea hoy tan frecuente como en siglos pasados, la costumbre persiste.
Más allá de la onomástica, el santoral invita cada día a detenerse y mirar al pasado para comprender valores que han marcado la historia cultural y espiritual de Europa. La vida de Santa Escolástica recuerda la importancia del silencio, la constancia y el amor como motores de transformación personal.
