Mascotas

Ruptura canina: ¿qué pasa con los perros cuando una pareja se separa?

¿Realmente se dan cuenta de la separación? ¿Es conveniente una custodia compartida? ¿Quién ha de quedarse con las mascotas? Resolvemos todas las dudas

Un fotograma de la serie 'Thank you, next'.

Un fotograma de la serie 'Thank you, next'. Netflix

Pocas cosas más dolorosas (con permiso del dolor de muelas) hay que las rupturas, pero cuando estas ocurren (porque aquí viene un delicado spoiler: el amor rara vez es para siempre), junto al duelo hemos de enfrentarnos a otro tipo de separaciones. Hablamos de aquellas que abarcan desde el no tan banal asunto de quién se queda la cuenta de Netflix hasta el de qué miembro de la pareja es el expulsado del grupo de amigos de WhatsApp. Y por supuesto, junto a la custodia de los hijos, no podemos olvidar otra de la que se habla menos, pero que resulta en ocasiones ciertamente dolorosa e incluso conflictiva: la de los perros. Tras la reforma operada por la Ley 17/2021 sobre el régimen jurídico de los animales, el Código Civil ahonda en la posibilidad de regular la contribución económica de los cónyuges a las cargas asociadas al cuidado de las mascotas. Hasta entonces, la custodia compartida de una mascota podía plasmarse en un acuerdo de divorcio, mas esta consideración carecía de un valor legal. Pero más allá de asuntos legales -importantes, lo sabemos, pero algo fríos-, hay que tener en cuenta aspectos mucho más humanos… Porque en asuntos perrunos, precisamente es la humanidad la clave.

Sin duda, decidir sumar un perro a la convivencia es una decisión importante para una pareja, pero en el caso de que las cosas comiencen a ir mal, sin duda es precisamente el can el motivo por el que en muchos casos, la decisión de frenar la relación se alarga demasiado. Un estudio realizado por la Universidad Japonesa Azabu confirma que el amor entre perros y dueños es igual al que existe entre hijos y padres, y lo cierto es que ya se habla en muchos casos de Perrhijos, el fenómeno que explica porqué los millennials prefieren tener mascotas que hijos. De hecho, un estudio revela que uno de cada cinco millennials ha decidido que su familia prescinda de tener hijos para tener en su lugar perros. Esta investigación también señala que el 40% asegura que el amor que su posible pareja tiene por los animales es un aspecto fundamental al comenzar una relación.

Más emociones que ladridos

Hablamos con Adem Fehmi, especialista en comportamiento canino de Rover.com, para saber qué hacer en caso de separación para que los perros sufran lo menos posible. Porque cuando Cupido falla, la forma en la que se gestionan las emociones no es siempre fácil de controlar, pero intentar que los peludos no lo pasen tan mal como nosotros sí puede estar en nuestras manos. Advierte que en realidad, aunque es posible que la mascota note los cambios en el hogar, sobre todo cuando se trata de la marcha de uno de los dueños, es posible que algunos perros no lo noten o no les importe tanto. “Puede depender del temperamento del perro en cuestión y del tipo de relación y vínculo que tenga con la persona que ya no está a su lado en caso de que se quede sólo con uno de sus dueños. El grado en que les  afecte la separación también puede depender de lo mucho que haya cambiado su vida debido a la separación: si el perro en cuestión es capaz o no de afrontar muy bien los cambios en general, así como si los propietarios se han adaptado en consecuencia para ayudar a que la transición de la marcha de una persona sea lo menos estresante posible para la mascota”, explica. “En general, no hay que olvidar que una separación o un divorcio puede afectar a todos los miembros de la familia, y el perro sin duda forma parte de ella. Cualquier entorno estresante y los cambios en el estado de ánimo de un propietario también pueden afectar a un perro debido a los posibles cambios en el comportamiento del dueño durante este periodo”, comenta a Artículo14.

El confinamiento disparó la adopción de mascotas, pero bien sabemos los efectos que esos días de convivencia ininterrumpida forzada tuvo en muchas parejas. Así lo revela el Instituto Nacional de Estadística, que indica que tras la pandemia, las rupturas matrimoniales aumentaron en 2021 un 13,2%. Por eso, no es extraño conocer a ex parejas que comparten a sus mascotas. Precisamente de eso habla la periodista Ines Bellina en un artículo publicado en The Cut en el que habla acerca de cómo en la actualidad, la forma en la que se gestionan los cuidados de las mascotas es parte de las separaciones. Bellina confiesa que tras haber intentado compartir con su ex a su perro Charlie, después de seis meses de vaivenes, peleas y malos ratos (querida Bellina: feel you), decidió tirar la toalla en aras de su salud mental. “Decir adiós a Charlie fue el día más triste de mi vida. Después de dejarlo en casa de mi ex por última vez, sollocé tan fuerte y durante tanto tiempo que sentí la garganta en carne viva. Durante la década más turbulenta de mi vida, él había sido mi mejor amigo, mi leal compañero, mi familia. Odiaba pensar que lo estaba abandonando, pero ya no podía ocultar el hecho de que al cumplir con este acuerdo, me estaba abandonando a mí misma. Aunque me sentí mal por eso, comprendí al mismo tiempo que ahora, era libre”, escribe.

¿Y si son dos o más?

En el caso de que sean dos o más los perros, ¿es conveniente separarlos? Y si se separan, ¿es bueno que se junten de vez en cuando o es traumático? Adem Fehmi explica que no existe una solución única para todos los casos, por lo que en todas las decisiones que se tomen sobre el cuidado de los perros debe tenerse muy en cuenta la situación y el perro en cuestión. “Aunque a un propietario le rompa el corazón tener que separarse de sus perros, puede que lo mejor para ellos sea no separarlos si existe el riesgo de que uno o más de ellos se vean afectados negativamente por la separación y la encuentren estresante. Por otra parte, a veces puede ser beneficioso decidir separar a los perros si ello puede significar que puedan recibir más tiempo cada uno de su dueño en términos de ejercicio, adiestramiento y enriquecimiento”, comenta. “Al igual que los humanos, los perros pueden variar significativamente en carácter, temperamento y necesidades; puede ocurrir que un perro se adapte mejor al estilo de vida que puede ofrecerle un dueño y que otro perro se adapte mejor al otro”, asegura.

Otra opción adecuada, en el caso de que no se considere conveniente separar a los perros en cuestión, sería compartir la custodia de modo que puedan permanecer juntos, pero pasar tiempo en diferentes hogares a lo largo de la semana o incluso a lo largo de un mes, como pasar tiempo con cada propietario en semanas alternas. “Una vez más, debe evaluarse si los perros en cuestión son capaces de soportar bien una división entre dos hogares, pero, cuando se establece correctamente, la custodia compartida de un perro puede funcionar bien. Esto suele requerir que ambos propietarios estén de acuerdo en cuanto al cuidado de la mascota y las rutinas individuales del perro, ya que puede ser útil que ambos sigan una rutina similar. Si en cada hogar se satisfacen las necesidades del perro -emocionales, físicas y mentales-, la mascota puede adaptarse mejor a un entorno cambiante. Los propietarios también deben tener cuidado de no fomentar involuntariamente problemas de comportamiento como la ansiedad por separación y, si surgen, buscar ayuda profesional para resolverlos juntos, como un equipo. El apego excesivo a un dueño en particular puede hacer que la situación de copropiedad sea estresante para todos los implicados”, advierte.

En el caso de que los perros se llevaran bien y no haya problemas de intercomunicación, el reencuentro puede ser, señala, una experiencia agradable para ellos. “Si se opta por volver a reunir a los perros después de un periodo de separación, puede ser aconsejable empezar el encuentro con correa, en un espacio neutral fuera de casa, manteniendo el control de todos los perros en cuestión hasta estar seguros de que cada uno de ellos está contento y relajado en presencia de los demás, antes de permitir que pasen tiempo juntos. Una separación puede cambiar la dinámica de la relación entre los perros, por lo que es mejor tomarse su tiempo y no dar por sentado que todo volverá a ser como antes”, explica.

¿Quién se queda al perro?

La forma en la que se gestionan las mascotas tras una separación ya forma parte de la cultura popular en shows tan populares como The Vanderpump Rules, en el que las rupturas son ciertamente escandalosas y sin embargo, la forma en la que los participantes del reality comparten los cuidados de sus perros resulta sorprendentemente madura y esperanzadora. Sin embargo, como revela la serie de Netflix Thank you, next, que explora los sinsabores de las relaciones modernas ante una ruptura, la protagonista y su novio se enzarzan en una pelea por decidir quién se queda al perro que ambos compartían. En las rupturas matrimoniales, si no se llega a un acuerdo, la autoridad judicial determinará si el perro ha de quedarse con uno de los cónyuges o si es preferible la custodia compartida, así como la forma en la que se repartirán los gastos asociados a la manutención y al cuidado del animal. Estas decisiones serán tomadas tras analizar, en algunos casos, informes de etólogos y adiestradores caninos, pues lo que se busca es el bienestar del perro.

En el caso de que no se opte por la custodia compartida teniendo un perro, ¿cómo se decide quién se lo queda? En este caso entran en juego varios factores, como quién puede proporcionar un entorno más estable al perro, quién dispone de más tiempo y recursos para cuidarlo adecuadamente y también quién tiene un vínculo más fuerte con la mascota. “Aunque los factores anteriores se recomiendan como claves para decidir con quién es mejor que se quede el perro cuando no se opta por la custodia compartida o esta no es una opción, a veces esta decisión queda fuera del alcance de una persona que se enfrenta a una ruptura si un tribunal decide que no es lo mejor para una persona poseer o ser copropietario de un perro. En definitiva, puede ser una situación muy triste para todos los implicados si no se llega a un acuerdo amistoso entre una pareja que se separa”, dice para finalizar Adem Fehmi.

Sin duda, en estas historias los finales felices son los que tienen guaus de alegría perruna y no wows de sorpresa.