Tormenta solar en marcha: nuevas llamaradas solares inquietan a los expertos por sus consecuencias

Según los modelos actuales, el pico de esta tormenta solar podría alcanzarse el 4 de febrero

Se espera que el picvo más alto de esta tormenta solar se alcance hoy 4 de febrero.

El Sol ha vuelto a recordar que se encuentra en una fase especialmente activa de su ciclo. En apenas 48 horas, nuestra estrella ha liberado cuatro potentes llamaradas solares, una de ellas de clase X8.1 —la categoría más alta en la escala de intensidad—, un fenómeno que ha puesto en alerta a la comunidad científica por sus posibles efectos sobre la Tierra en los próximos días. Según los modelos actuales, el pico de esta tormenta solar podría alcanzarse el 4 de febrero.

Las erupciones fueron detectadas entre el 1 y el 2 de febrero por el Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA, que vigila de forma continua la superficie solar. Tres de las llamaradas se produjeron el día 1 en distintos momentos, mientras que la cuarta, registrada de madrugada el día 2, destacó tanto por su potencia como por su origen: una región solar extremadamente activa conocida como AR4366.

Una “fábrica” de erupciones solares

La región AR4366 es un gigantesco grupo de manchas solares con una compleja estructura magnética. Los expertos la describen como una auténtica fábrica de erupciones. Su rápido crecimiento y la inestabilidad de sus campos magnéticos han generado ya varias llamaradas de clase X, algo poco habitual incluso en fases de alta actividad solar.

Entre ellas sobresale la llamarada X8.1, una de las más intensas registradas en el actual ciclo solar 25, que comenzó en 2019 y se encamina hacia su máximo, previsto para mediados de esta década. Las imágenes captadas por el SDO muestran destellos extremadamente brillantes, asociados a temperaturas de millones de grados y a una liberación masiva de energía en forma de radiación ultravioleta extrema y rayos X.

Primeros efectos en la Tierra

Aunque las llamaradas solares no lanzan material físico hacia nuestro planeta, su radiación viaja a la velocidad de la luz y puede afectar de forma casi inmediata a la ionosfera terrestre. Eso fue precisamente lo que ocurrió tras las erupciones recientes: las capas altas de la atmósfera se ionizaron de forma repentina, provocando apagones temporales en las comunicaciones de radio de onda corta.

Radioaficionados y operadores en regiones del Pacífico Sur, especialmente en Australia y Nueva Zelanda, reportaron pérdidas de señal en frecuencias inferiores a los 30 MHz durante varias horas. Este tipo de interferencias suele ser el primer aviso de que la actividad solar está entrando en una fase más intensa.

La amenaza real: una eyección de masa coronal

Ahora, la atención de los científicos se centra en un fenómeno potencialmente más relevante: la posible eyección de masa coronal (CME) asociada a una de las llamaradas. Durante la erupción, se observó la expulsión de grandes cantidades de plasma solar, un material denso y magnetizado que podría dirigirse parcialmente hacia la Tierra.

Si la CME confirma su trayectoria, su llegada podría producirse entre la noche del 4 de febrero y los días posteriores. Aunque se trata de una eyección relativamente lenta, con una velocidad estimada en torno a los 587 kilómetros por segundo, los modelos apuntan a un impacto oblicuo que podría desencadenar una tormenta geomagnética de intensidad leve a moderada, clasificada entre G1 y G2.

Auroras, satélites y vigilancia constante

De materializarse este escenario, los efectos más visibles podrían ser auroras boreales y australes observables en latitudes más bajas de lo habitual. En el plano tecnológico, una tormenta geomagnética moderada puede afectar a satélites, sistemas de navegación, redes eléctricas sensibles y comunicaciones de alta frecuencia, aunque no se esperan daños graves.

Los coronógrafos de la NOAA y del observatorio SOHO serán clave en las próximas horas para confirmar la dirección y el alcance de la CME. Hasta entonces, los expertos mantienen una vigilancia constante sobre el comportamiento del Sol.

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