La violencia de género se ceba con la infancia

Una niña de 12 años y un niño de 10, asesinados en 48 horas por los maltratadores de sus madres

A la una de la madrugada, la zona de Cabo Blanco, en el municipio de Arona, Tenerife dormía.. El viento se colaba entre los edificios y apenas algún coche rompía el silencio en la carretera general. Entonces llegaron los gritos. No fueron gritos largos, sino desgarrados, urgentes, de esos que atraviesan las paredes y obligan a incorporarse en la cama sin saber todavía qué está pasando.

Primero, golpes secos. Después, la voz de una mujer pidiendo ayuda. Algunos vecinos dudaron unos segundos antes de asomarse a la ventana; otros avisaron a la Guardia Civil casi por instinto. Fueron minutos confusos, suspendidos, en los que nadie imaginaba que, al otro lado de la puerta, la vida de un niño de diez años estaba a punto de apagarse.

Cuando los agentes llegaron a la vivienda, en Cabo Blanco, en el municipio de Arona, el escenario era desolador. En el interior, un hombre de 34 años empuñaba un machete. Según las primeras investigaciones, había atacado a su hijo y a su pareja, la madre del menor. Intentaron reducirlo, pero el agresor se abalanzó también contra ellos. Uno de los guardias civiles resultó herido por arma blanca y fue trasladado al hospital; necesitará cirugía, aunque su vida no corre peligro.

La localidad de Cabo Blanco, en el municipio de Arona (Tenerife), ha amanecido consternada por la muerte de un niño de 10 años y la agresión a su madre.
EFE/Alberto Valdés

El niño yacía sin vida en la vivienda, con una herida de arma blanca en la cabeza. Diez años. Una edad en la que la mayor preocupación debería ser un examen, un partido con amigos, el próximo cumpleaños. La madre, de unos 26 años, estaba gravemente herida cuando los agentes la encontraron. Presentaba múltiples heridas en las extremidades y fue evacuada de urgencia a un centro hospitalario, donde está siendo operada y lucha por sobrevivir.

Fuera, la calle se llenó de luces azules y sirenas. Vecinos en pijama, abrazos torpes, miradas perdidas. Algunos lloraban sin hacer ruido; otros repetían que no se lo podían creer. “Escuchamos a la madre pedir ayuda”, contaba uno de ellos, todavía con la voz quebrada por la madrugada.

La localidad de Cabo Blanco, en el municipio de Arona (Tenerife). EFE/Alberto Valdés

A media mañana, el barrio intentaba recomponerse. Quedaba la cinta policial, la puerta precintada y un pequeño ramo de flores apoyado junto a la entrada. Un gesto mínimo frente a un dolor inmenso. En las casas cercanas, muchos se preguntaban si hubo alguna señal, algún indicio que se escapó entre la rutina diaria.

El caso se investiga como un nuevo episodio de violencia de género, en su vertiente más cruel: La violencia vicaria. Así lo indicó también Anselmo Pestana, que explicó que “todo apunta” a esa dirección. No existían antecedentes en el sistema VioGén. No había denuncias previas ni órdenes de protección activas, lo único registrado eran cuestiones “muy menores” y de hace años, relacionadas con “algo de droga, pero de temas administrativos”, que el propio delegado calificó como “nada relevante en relación” con los hechos ocurridos.

Esta semana, el mapa del dolor no se limita a Tenerife. Al menos tres mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en distintos puntos del país, otra ha resultado herida de gravedad y dos niños han muerto también en casos de violencia vicaria. En Xilxes, en la provincia de Castelló, un hombre fue detenido por el asesinato de su exesposa y de su hija de 12 años. Tenía una orden de alejamiento en vigor hasta 2027. La mujer estaba incluida en el sistema VioGén y días antes se había valorado su situación como de “riesgo medio”. El año pasado ya había sido detenido por violencia machista contra ella. Nada de eso bastó.

La localidad de Cabo Blanco, en el municipio de Arona (Tenerife), ha amanecido consternada por la muerte de un niño de 10 años y la agresión a su madre. EFE/Alberto Valdés

Las cifras se repiten cada año, pero detrás de cada número hay una habitación vacía, una mochila colgada que nadie recogerá, una madre, como la de Tenerife, que despierta en un hospital con la herida más imposible de todas. Detrás de cada titular hay vecinos que se preguntan si podrían haber hecho algo más, aunque la respuesta casi siempre sea no.

Lo único cierto es lo irreversible. Un niño de diez años ha muerto. Otra niña de 12 años también. Dos infancias truncadas en la misma semana. Y un país entero que no debería acostumbrarse jamás a leer estas historias como si fueran rutina.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.