El golpe ha sido seco y casi sin margen para la respiración. Javier Castillo, uno de los autores más leídos del panorama literario español, atraviesa uno de los momentos más dolorosos de su vida tras la muerte de su madre, una pérdida que llega apenas dos meses después del fallecimiento de su padre. La noticia la ha compartido el propio Castillo a través de sus redes sociales, donde ha publicado un texto íntimo y directo que ha conmocionado a miles de lectores.
Casado con la creadora de contenido Verónica Díaz, conocida como Just Coco, y padre de tres hijos, Javier Castillo ha construido su carrera literaria desde Málaga, ciudad en la que vive y escribe. Su trayectoria es bien conocida. Dejó su trabajo como asesor financiero para apostar por la escritura y, desde entonces, sus novelas han alcanzado cifras millonarias de lectores y han dado el salto a las plataformas audiovisuales. Pero esta vez, el foco no está en el éxito editorial, sino en el duelo.
Un mensaje sin artificios para explicar el dolor
El texto publicado por Javier Castillo funciona como una despedida definitiva. “Aquí acaba todo”, escribe el autor, una frase que resume la sensación de interrupción abrupta que acompaña a la pérdida. En sus palabras no hay grandilocuencia, sino una constatación amarga de lo que no pudo ser: conversaciones aplazadas, gestos pospuestos, tiempo que se daba por hecho y que nunca llegó.
Javier Castillo relata que la despedida se produjo sin margen para la preparación emocional, sin ese periodo que a veces permite asumir lo inevitable. “Sin tiempo para hacer todas esas cosas que dejabas para más adelante”, confiesa, señalando esa trampa cotidiana de creer que siempre habrá un mañana disponible.
La escena final y la incomprensión
Uno de los pasajes más duros del mensaje de Javier Castillo es el recuerdo del último instante compartido con su madre. Una imagen concreta, casi detenida en el tiempo: ella marchándose “mirándonos a los ojos”, él intentando contener el llanto. El escritor enlaza ese momento con el origen mismo de su vida, reconociendo que no conserva memoria de su primer encuentro, pero sí del último.
En ese punto aparece la frase que ha resonado con más fuerza entre sus seguidores: “Por más que lo intento soy incapaz de comprender por qué”. Javier Castillo no busca respuestas trascendentes ni explicaciones reconfortantes. Habla, simplemente, de la injusticia percibida, de la dificultad para aceptar una pérdida tan cercana en el tiempo a otra, cuando aún no se ha cicatrizado la herida anterior.
La madre, la lectura y el origen del escritor
Más allá del dolor, Javier Castillo dedica buena parte de su despedida a explicar quién fue su madre en su vida. La define como su mayor fan y su primera lectora, la persona que le inculcó el amor por los libros cuando era niño. “Me convirtió en escritor sin saber que lo hacía”, escribe, subrayando una influencia silenciosa pero decisiva.
El autor recuerda que ella se sentía orgullosa de su trayectoria y que se lo dijo en numerosas ocasiones. Una fe constante, incluso cuando —según reconoce— él mismo no era consciente de todo lo que ocurría a su alrededor. Javier Castillo admite que hay comprensiones que llegan tarde, cuando ya no es posible volver atrás.
Un adiós que también mira al futuro
El texto se cierra con un “adiós, mamá” que funciona como punto final y como promesa. Javier Castillo le pide que no deje de leerle “allá donde estés” y recuerda que todavía le quedan libros por escribir. Es una forma de mantener el vínculo, de prolongarlo en la escritura, que ha sido siempre su manera de estar en el mundo.

Finalmente, el escritor agradece los mensajes de apoyo recibidos y se disculpa por no tener fuerzas para responder. En esa confesión final, Javier Castillo vuelve a mostrarse sin filtros, consciente de que el duelo no entiende de tiempos ni de obligaciones públicas.
