En 1955, Elia Kazan llevó a la pantalla la novela de John Steinbeck Al Este del Edén con James Dean como protagonista. Setenta años después, su nieta Zoe Kazan vuelve a la historia familiar de los Trask con una miniserie de siete episodios para Netflix. En ambas versiones, la del abuelo dedicada solo a la tercera parte de la novela, aparece ‘timshel’, la palabra que Steinbeck utilizó para hablar de la posibilidad de elegir.
Zoe Kazan adapta Al este del Edén enfrentándose, como los protagonistas, a la herencia, en su caso familiar y literaria, al preguntarse cuánto de nuestro pasado estamos obligados a repetir.
Ella tenía 15 años cuando leyó por primera vez Al este del Edén, y quedó tan fascinada con la novela que sus padres terminaron llevándola a Salinas, California. Quería conocer el lugar que John Steinbeck convirtió en el escenario de la historia que acababa de descubrir. Volvió al libro muchas veces después de aquel viaje. Cada lectura le ofrecía algo distinto. Con los años, aquella obsesión adolescente se convirtió en la posibilidad profesional de adaptar la novela para la televisión.

Setenta años después, Zoe Kazan regresa al mismo material de su abuelo desde otro lugar. Una serie de siete episodios escrita para Netflix, de siete episodios, donde recorre la historia de la familia Trask y recupera personajes y conflictos que la película de su abuelo nunca tocó. La película de 1955 quedó asociada para siempre a la imagen de James Dean como Cal Trask. La serie de Zoe Kazan quiere mirar más allá de esa imagen y volver al libro original.
Durante el rodaje, Zoe pidió a Joseph Zada, que interpreta a Cal, que no viera la película antes de trabajar en la serie. Quería que el actor encontrara su propio camino hacia el personaje para no caer atrapado en el legado de Dean.
En su afán de dar un giro a la historia, Zoe descubrió que algunos personajes podían ser más ambiguos. Cathy, interpretada por Florence Pugh, es uno de esos personajes. Kazan se aleja de una lectura que reduce a Cathy a la figura de una mujer monstruosa y explora qué puede haber detrás de esa descripción.
Entre la película de 1955 de Elia Kazan y la serie de 2026 de Zoe Kazan hay siete décadas, dos generaciones de cine y una misma novela. Ahora es la nieta quien toma el relevo del gran Elia Kazan, uno de los directores más importantes del Hollywood del siglo XX.
¿Dónde empieza un proyecto como East of Eden? ¿Cuál fue el primer paso?
A los 15 años sentí mucha curiosidad por este material y se quedó conmigo desde entonces. Este libro es un misterio para mí. Lo he leído muchas veces y cada vez que vuelvo a él veo algo nuevo. Al crecer en California, me fascinaba toda esa historia californiana. Mis padres me llevaron a Salinas después de que leyera el libro porque estaba tan obsesionada que tenía que ir a la ‘nave nodriza’. Pero después volví a él como adulta y, cada vez que lo abría, encontraba algo nuevo. Cuando un libro está tan lleno de tesoros, te llama.
Con el tiempo tuve el valor de escribir an mis agentes y decirles: ‘Dios mío, si alguna vez salen los derechos de East of Eden, por favor presentadme como guionista. Tengo una idea de lo que quiero hacer con ella’. Unos dos años después salieron los derechos y pude presentar mi propuesta.
Creo que invitar a la gente a formar parte del proceso es algo fundamentalmente intuitivo. Y me siento muy afortunada con estos actores porque son capaces de contener contradicciones. Aunque el libro tenga una especie de simplicidad alegórica en blanco y negro, eso nos permite explorar dentro de ese marco toda la complejidad humana.

¿Por qué sentiste la necesidad de volver a East of Eden y qué tiene de urgente la historia hoy? ¿Por qué una serie era el formato adecuado?
La segunda parte de la pregunta es fácil. Creo que la película es tan icónica por una razón. Toma una parte del libro con curiosidad y con su propia voz. Cuando leía sobre las adaptaciones cinematográficas que se habían propuesto y desarrollado a lo largo de los años, siempre tenía la sensación un poco irracional de ‘eso no es lo que deberías hacer con ella’. Pero el corazón quiere lo que quiere.
Creo que existe una afinidad natural entre esta novela y la televisión. Se desarrolla a lo largo del tiempo, está serializada y cada capítulo del libro es muy diferente del anterior. Eso permite construir algo mayor que la suma de sus partes y contar una historia intergeneracional, algo que me parecía muy importante y que la película de 1955 no podía hacer.
¿Por qué es urgente hoy? Hay muchísimas razones y, por desgracia, me parece más urgente ahora que cuando empecé a trabajar en ella, en 2020. Estoy siempre al borde de las lágrimas cuando hablo de esta obra porque me parece muy urgente. Creo que la idea de que somos capaces de cambiar y de que podemos llevar nuestro pasado sin convertirlo en una carga demasiado pesada, pero tampoco en algo insignificante y sin sentido, es una idea esperanzadora. Es lo que deseo para mis hijos y para mí.
Creo que hay algo muy hermoso en que la historia vaya en contra de ese impulso que existe en nuestra cultura de definir lo que alguien es, fijarlo y decir que será eso para siempre, de castigar a las personas por sus actos en lugar de permitirles cambiar. Decir ‘me equivoqué’ es algo muy poderoso. Y estoy muy agradecida de haber tenido la oportunidad de hacerlo en mi vida.
Creo que el libro habla de nuestro momento. Quizá habla de todos los momentos. Son arquetipos y relatos muy antiguos, pero, no sé, hermano contra hermano, a mí me resulta muy actual.
¿Qué fue lo más difícil de sacrificar al adaptar la novela y qué utilizaste como premisa para decidir qué era esencial?
Lo más difícil de sacrificar fue la historia de los Hamilton. Cuando empecé a pensar en eso creía que no se podía hacer sin ella. Pero, mientras trabajaba, quedó claro que necesitábamos concentrarnos en una historia y la de los Trask es la columna vertebral de la novela. Los personajes de Dessie Hamilton y Tom Hamilton significan muchísimo para mí y es una de las razones por las que pienso que la gente puede ir a leer el libro
Cuando tuve mi primera reunión para el proyecto apenas había tenido tiempo de prepararla. Volví de Australia, dormí, me levanté, me duché, cogí el coche de mi padre y fui al aparcamiento del lugar donde tenía la reunión. Saqué lo que creo que era un recibo de aparcamiento de la guantera del coche de mi padre y escribí el título de ocho episodios, que después se convirtieron en siete.
Tenía la intuición de que el libro funciona como una dialéctica, con tesis, antítesis y síntesis una y otra vez. Quería que los episodios hicieran lo mismo y funcionaran como pequeñas películas. El primero es como una obra de Arthur Miller y el segundo como Carrie o Days of Heaven. Tenía ese esquema en la cabeza.
Lo que me ayudó después fue descubrir cómo convertir todas esas piezas en una única historia. Encontré que el tema de Timshel tenía que atravesar todas las tramas. Era importante encontrar las formas en las que todos estos personajes luchan con el bien y el mal y desarrollar aquello que quizá sólo estaba parcialmente imaginado en el libro, pero que seguía siendo coherente con la visión de Steinbeck, especialmente en torno a Lee y a otros personajes que podían quedar algo relegados en el original.

Ciarán Hinds interpreta a Samuel Hamilton. ¿Cómo lo consiguió?
Dios mío, él era mi primera opción. Conseguimos que se incorporaran todos estos actores y no podíamos creerlo. Cuando entró en el set fue como: ‘Dios, no puedo soportarlo’. Es increíble. Y yo había sido una niña con un gran enamoramiento del personaje de Persuasión, así que fue un sueño para mí.
¿Qué nuevos aspectos de la novela querías descubrir al cambiar a Cathy?
Este libro no es una sola cosa. Puede reducirse, como cualquier obra de arte. Puedes quedarte con la sonrisa de la Mona Lisa, con una sola parte del cuadro, pero necesitas verlo entero.
La gente suele citar la forma en que se presenta a Cathy: ‘A veces nacen monstruos de padres humanos’. Pero unas cien páginas después, Steinbeck dice: ‘He descrito a Cathy como un monstruo, pero ahora que la he examinado y he leído las notas, estoy pensando que quizá me equivoqué al hacerlo. Es fácil llamarla mala, pero si no examinamos por qué, carece de sentido’.
Creo que eso sirve para todos estos personajes. Una de las cosas que más me importaban era respetar el impulso de Steinbeck. Y para hacerlo tuve que desprenderme de algunos elementos de la mirada masculina blanca de mediados del siglo XX en los que el texto podría quedar atrapado.
Me parece fascinante que pueda existir una representación tan compleja de un personaje chino-estadounidense junto a una descripción muy racista de su rostro. También era posible eliminar algunas de las cosas que encontré misóginas. No culpo a Steinbeck por ellas, no podemos esperar que un artista viva fuera de su época. Pero sí sentía un profundo deseo de liberar los mejores instintos del libro y llegar a lo que hay de humano en todos estos personajes.
¿Cómo fue tu colaboración creativa con Florence Pugh?
Si tienes suerte, eliges actores que aporten cosas que nunca habrías previsto. Esa es para mí la gran alegría de colaborar.
Florence fue la primera persona en la que pensé para este papel. Era la única persona que quería y tuve mucha suerte de que aceptara. La había visto en Midsommar, como Dani, y ese personaje no se parece en nada a este, pero pensé que lo que había hecho allí era de otro mundo. Pensé: ‘Si puede hacer eso, puede hacer esto’. Es un papel muy difícil.
Siempre intento trabajar desde la empatía hacia las personas que escribo y hacia los personajes que interpreto. Creo que ella también lo hace. Hay una línea muy interesante que siempre está recorriendo entre encontrar empatía hacia sus personajes sin convertirlos en personajes simpáticos. Y eso era exactamente lo que necesitaba para esta interpretación.

¿Trabajar en Al Este del Edén cambió tu empatía por alguno de los personajes?
Me encantan los misterios. Me encanta lo complicados y misteriosos que son estos personajes. Recuerdo que, cuando escribía el primer episodio, había extraído muchas cosas del libro, pero pensé: ‘Voy a escribir el primer borrador sin volver a mirar el material original y ver qué queda’. Quería darme permiso para alejarme un poco del libro.
Cuando volví a él me di cuenta de que había escrito lo contrario de lo que aparecía en la página. Había escrito que Adam creía que su padre era un delincuente y que Charles no. Fue fascinante descubrir que este hombre que tiene tanta rabia y sentimientos tan complicados hacia su padre es quien cree en él, mientras que el otro hombre, que lo ha amado y ha querido tanto su amor, puede ver su fragilidad y su humanidad.
Encontré cosas nuevas de las que enamorarme, con las que luchar y que no entendía. Creo que una de las cosas más generosas que podemos hacer como artistas es poner la complejidad en manos del público y decirle: ‘Míralo tú mismo. Nosotros no vamos a decirte lo que pensamos’.

