Su vocación nació de una forma de estar en el mundo. No de un plan trazado, ni de una ambición temprana, sino de una manera de entender la vida: con disciplina, con serenidad, con un sentido del deber que no necesita explicarse. En la casa de la coronel Ana Cristina Sánchez Serrano, el Ejército no era un símbolo ni un relato heroico. Era un modo de vivir. Su abuelo y su padre habían servido antes que ella, y aunque nunca la empujaron hacia ese camino, la vida militar estaba ahí, como un idioma que se aprende por inmersión, sin darse cuenta.
Aun así, su destino no estaba escrito. Estudió Ciencias Empresariales, especialidad en Financiación, imaginándose quizá en un banco o en el departamento financiero de alguna empresa. Hasta que el mercado laboral, áspero y poco inspirador, la obligó a detenerse. Y entonces ocurrió lo que suele ocurrir en las historias que cambian una vida: una conversación mínima, casi casual. Una amiga de su madre mencionó que había cambiado el sistema de acceso al Cuerpo de Intendencia. Esa frase, lanzada sin intención, abrió una puerta que ella ni siquiera sabía que existía. Investigó, preguntó, buscó un preparador. Ocho meses después había aprobado. Su padre, militar de toda la vida, fue el primer sorprendido. Y el más orgulloso.
La Intendencia llegó así, sin épica, sin romanticismo, pero con una lógica interna que solo se entiende con el tiempo. Un cuerpo técnico, exigente, poco visible, donde la gestión, la anticipación y la responsabilidad no son conceptos abstractos, sino decisiones que sostienen la capacidad operativa del Ejército. “Si el material no llega, la misión no puede ejecutarse”. Y esta es una ley física de su trabajo.
Hoy dirige el Parque y Centro de Abastecimiento de Material de Intendencia, el PCAMI, el corazón logístico que garantiza que cada prenda, cada ración, cada equipo NBQ, cada tienda de campaña llegue donde debe, cuando debe y como debe. Desde este punto único se abastece a todo el Ejército de Tierra, en territorio nacional y en zona de operaciones. No hay margen para el error. Y si algo falla, se busca un plan B. Y si el plan B no sirve, se busca otro. La resiliencia, en su mundo, no es un concepto motivacional: es una herramienta de trabajo.
Valor añadido
“Somos un eslabón clave de la cadena, tanto en nuestra función en el Sistema de Administración económica (SAE) como en el Sistema de Apoyo logístico (SALE)”. En los últimos conflictos internacionales, se ha visto claramente que la capacidad logística puede ser determinante. En muchos momentos, “la ventaja no está solo en el armamento, sino en la capacidad de sostener el esfuerzo en el tiempo: alimentación, vestuario, reposición de material, mantenimiento…” También es necesario gestionar unos recursos económicos que son escasos de la manera más eficiente posible y ahí, apunta la coronel, “es donde creo que también está el valor añadido del intendente”.
Pero la parte más desconocida, y quizá la más fascinante, está en la Unidad de Estudios, Proyectos y Laboratorio del PCAMI. Allí, lejos de los focos, se ensayan, se prueban y se certifican los materiales que sostienen al Ejército. Es un trabajo silencioso, meticuloso, casi científico, que no sale en las fotos pero sostiene la operatividad de miles de personas. El laboratorio está acreditado por ENAC, un orgullo que ella menciona con la misma naturalidad con la que otros hablan de una medalla. “Es el gran desconocido”, admite. Y sin embargo, sin ese rigor, sin ese control, sin esa ciencia, nada funcionaría como debe.

Coordinar personas, recursos, tiempos y misiones a la vez es, para ella, el mayor desafío. Pero también su mayor orgullo. “Las estrellas no te dan autoridad”, dice. “El respeto te lo ganas”. Lo aprendió de sus mandos y lo practica cada día. Para ella, liderar no es mandar: es sostener, escuchar, decidir cuando toca y asumir el peso de esas decisiones. Las más difíciles, confiesa, siempre tienen que ver con el personal.
¿Y qué ha sido lo más difícil de este camino? “Lo más complejo probablemente haya sido gestionar la incertidumbre y los constantes cambios que conlleva la vida militar. El Ejército ha evolucionado mucho, especialmente en términos de profesionalización y adaptación a nuevos entornos y eso exige estar en un aprendizaje continuo”.
En su promoción eran 22 mujeres, y ella siempre se sintió “una más”. En el Ejército, insiste, se ven uniformes, no géneros.
Ahora mira hacia adelante. Sabe que la Intendencia está a las puertas de un cambio profundo: la incorporación de la inteligencia artificial. Ya están trabajando en ello, alimentando sistemas que pronto transformarán la planificación, los inventarios, las predicciones. La logística del futuro será más precisa, más rápida, más anticipatoria.

¿Y qué decisiones pasan por sus manos en un día normal? “Muchas y de todo tipo, lo importante es tomarlas, no pensar que por el mero paso del tiempo se solucionarán”, subraya la coronel Serrano. En el día a día toma decisiones relacionadas con la planificación del abastecimiento, la gestión de recursos y la resolución de incidencias. “El margen de maniobra existe, pero dentro de un marco muy exigente” y advierte de que “lo que no puede fallar nunca es que el material llegue cuando se necesita y en las condiciones adecuadas”. Para ello los inventarios son críticos, así como los procesos asociados a su rotación y a la planificación de las necesidades. Al final, se trata de “anticiparse constantemente para evitar que se conviertan en problemas”.
Cuando habla de servir a España desde la logística destaca que para ella “es una forma de servicio que no siempre se ve, pero que es esencial”. Lo invisible como vocación. Lo silencioso como misión. Lo técnico como forma de lealtad. “Unidos, para servir”, dice el lema de los Parques. Y en su voz, ese lema suena a verdad. Porque para la coronel Serrano lo que más le enorgullece de su responsabilidad actual es “mandar a un magnífico equipo humano, con un altísimo nivel de profesionalidad, experiencia y compromiso. Me siento muy orgullosa de todos y cada uno de ellos”.
A las jóvenes que dudan si entrar en el Ejército, les diría que no lo piensen demasiado. Que es una profesión exigente, sí, pero también hermosa. Que se aprende, que se crece, que se sirve. Que ella entró casi por casualidad, pero que si volviera atrás, elegiría exactamente lo mismo.
Cuando se imagina a sí misma dentro de veinte años, solo espera poder decir una frase sencilla: “Lo hice lo mejor que pude”. Pero llegar a coronel ya es la prueba de que el esfuerzo, la disciplina y la constancia acaban llevando siempre a algún sitio.
