El sector ferroviario sigue sin dar su brazo a torcer. Desde que en el pasado 21 de enero las asociaciones Semaf (maquinistas), UGT, CCOO, CGT y Sindicato Ferroviario convocasen una huelga para los próximos 9, 10 y 11 de febrero por los accidentes de Adamuz (Córdoba) y Gélida (Barcelona), los trabajadores del ferrocarril no cesan su presión sobre el Ministerio presidido por Óscar Puente. Así, a falta de dos días para que comience el paro laboral, las negociaciones siguen sin llegar a buen puerto.
Para Andrea Guijarro, maquinista de mercancías de Renfe en la ciudad de Alicante y afiliada al sindicato Semaf, acudir a la huelga de la próxima semana -si finalmente no se acuerda lo contrario con el Ministerio- es “muy importante”. Guijarro defiende que tras casi cuatro años como conductora de ferrocarril “nunca ha sentido miedo a título personal”.
Sin embargo, reconoce que la inversión en el mantenimiento de la infraestructura es una prioridad para garantizar la seguridad. Por ello, reivindica el cese temporal como medio de presión para acometerla. “La huelga es por todos: hace semanas falleció un compañero, pero mañana puedo ser yo. Que yo no esté ahora en Rodalíes, no significa que no me pueda afectar”, respalda.
Quinta generación
Entrar al sector ferroviario no ha sido una casualidad para Andrea, el interés de muchos de los actuales trabajadores en este ámbito viene de familia. “Soy la quinta generación en casa que se dedica a esto. Mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo eran maquinistas. Y mi tatarabuelo arreglaba los trenes“. Guijarro había visto en el hogar lo que el trabajo podía ofrecerle: “Llegué a una edad en la que no sabía por donde tirar, pero vi la vida que había tenido mi yayo y ahora mi padre, la estabilidad que les daba la profesión y me animo a decidirme”.

Para llegar a conducir ferrocarriles, la alicantina realizó un curso en una escuela privada de Madrid para obtener la licencia. La formación dura aproximadamente seis meses de teoría y otros cuatro de prácticas. En estos últimos, Andrea condujo bajo supervisión de un titular oficial cercanías en la Comunidad de Madrid. Aunque también dirigió por cuatro semanas trenes de alta velocidad y de media distancia. Tras ese cuatrimestre, se examinó de ambas partes en la prueba convocada por el Ministerio de Transportes para obtener la licencia de maquinista. “Cuando lo consigues, es un gran alivio, con ella ya puedes presentarte a las oposiciones de Renfe. O enviar tu currículum a empresas de viajeros como Iryo o Ouigo. O incluso a compañías de mercancías”, atestigua.
Rodalíes y mercancías
Pese a las opciones en el sector privado, Guijarro optó por presentarse al concurso público de Renfe en junio de 2021. Tras los resultados no obtuvo plaza, pero seis meses después la llamaron para empezar en Rodalíes. Finalmente, en marzo de 2022 se incorporó como maquinista titular de los cercanías en Cataluña. Allí, manejó todas las líneas operativas. “Había muchísima rotación. De las ocho rutas que hay pasé por todas. El mismo día podía incluso tocar líneas diferentes“. Y añade que durante los diez meses que estuvo “por suerte no vivió ninguna incidencia grave”.
Poco después volvió a casa. “Tuve mucha suerte, aunque prefiero llevar pasajeros, sobre todo por los horarios, al menos estoy donde quería“, apunta Guijarro. Desde enero de 2023, es maquinistas de mercancías en Alicante. Pero explica que las condiciones requieren de mayor atención: “En mercancías la conducción es más exigente: los trenes pesan muchísimo y tienes que anticiparte más, frenar antes y estar muy pendiente de las limitaciones y paradas. He tenido momentos en los que pensaba que el tren no frenaba, pero sí frena. Simplemente, al pesar tanto, tarda mucho más en detenerse, sobre todo si te pilla en una pendiente”.
Los trenes de cercanías normales, como el Civia -que conducía Andrea en Cataluña- pesan alrededor de 98 toneladas. En cambio, los ferrocarriles que lleva ahora alcanzan las 2.000. “Es veinte veces más que el que dirigía antes”, sostiene. En los trayectos actuales, Guijarro detalla que portan principalmente butano. Aunque también llevan etanol, carriles y otro tipo de cargas. “Normalmente, vamos hasta escombreras en Cartagena, pero también hay desplazamientos a Madrid, por ejemplo. Lo malo son las horas. En mercancías solemos operar por las noches. Entonces hay veces que entro a las 2 de la mañana, otras a las 3…”.

Un sector “muy masculinizado”
Desde que es maquinista, Andrea ha conocido a muchos profesionales, pero confiesa que hay muy pocas mujeres en el sector. “En Alicante, actualmente somos cinco: tren en mercancías, una en media distancia y otra en alta velocidad. No hay más”. En total, Renfe tiene en la ciudad, tal y como estima, alrededor de 70 conductores de tren. “Es un sector muy masculinizado”, agrega.
Ahora, Guijarro espera un cambio. Tiene ya la plaza concedida para conducir trenes de viajeros en la provincia alicantina, aunque está todavía en lista de espera. “No creo que tarden mucho en moverme; llevo ya varios meses esperando y probablemente será más de un año en total. La previsión es que para verano ya me haya cambiado“, aclara.
Para más adelante, quiere saltar a la alta velocidad. Y revela: “Es lo que más me gusta, pero depende de las plazas libres y de la antigüedad de la gente que tenga prioridad antes que yo”. Así, Andrea continúa con el legado de toda una familia en el sector. El legado de los Guijarro.
