Cinta Toronjo lleva cerca de dos décadas al volante de un autobús escolar. Empezó en esta profesión tarde, con 38 años, y desde entonces su día a día ha estado ligado a las rutas escolares, los madrugones y la responsabilidad de transportar a niños con seguridad.
Su llegada al sector no fue casual. Forma parte de una empresa familiar de la que su marido es responsable y se decidió por la conducción porque era compatible con su vida personal. “Trabajo en una empresa familiar y mi marido uno de los jefes… así que cuando pude decidí echar una mano y pensé que conduciendo me iba mejor, ya que tenía dos niñas pequeñas y podía estar con ellas más tiempo”, explica.
La conciliación fue, desde el principio, uno de los motivos clave para dedicarse a este oficio. Su jornada suele empezar temprano, pero también termina pronto. En ocasiones realiza algún servicio adicional, aunque su rutina está bastante definida. “Tampoco voy muy lejos, empiezo temprano y termino temprano y después, o bien tengo otro servicio de VTC o voy a casa un ratito hasta el regreso del colegio”.
Las rutas que realiza varían según el día. Una de ellas es la escolar entre Sanlúcar de Guadiana y el IES de Villanueva de los Castillejos, en Huelva. “Recojo los niños sobre las 7:55 en Sanlúcar, se suben 13 niños y hago una parada intermedia en El Granado donde se suben 5 más, y llego al IES a las 8:25”, explica. En ese caso, conduce un microbús de 20 plazas. Tras finalizar el trayecto, a menudo continúa con servicios de VTC, normalmente hacia Lepe o Huelva.

En otras ocasiones realiza la ruta del IES de Puebla de Guzmán. “Salgo de Villanueva de los Castillejos sobre las 7:45 de la primera parada con 14 niños, luego voy a una segunda parada y cojo 10 más y por último recojo a 5 en El Almendro, y llego a Puebla sobre las 8:10”, detalla. Para este recorrido utiliza un autobús de 30 o de 39 plazas, según el día.
El trato diario con menores exige algo más que saber conducir. La paciencia es una parte esencial del trabajo. “A veces los niños son difíciles de llevar, hay que tener paciencia aunque ya nos conocemos y nos llevamos bien”, explica.
A pesar de tratarse de un sector tradicionalmente masculinizado, Cinta no ha sentido que tuviera que demostrar más por ser mujer. “No, como digo estoy en familia, entonces siempre me he sentido cómoda… a lo mejor un viaje que era más complicado, pues siempre me han ayudado”, afirma. Tampoco ha vivido situaciones de machismo ni comentarios fuera de lugar. “No, nunca”.
En su empresa trabajan también otras mujeres. En total, cinco conductoras realizan tanto rutas escolares. Al tratarse de grupos pequeños, la relación con los niños se vuelve cercana. “Son poquitos niños y entonces nos conocemos mejor”, explica.
Entre las muchas anécdotas que guarda de estos años, recuerda una con especial cariño. “Una vez con los CD’s de música… unos decían dale voz, otros no… pasa esa… me tenían cansada y cogí el compacto y lo tiré por la ventanilla”, cuenta entre risas. Con el paso del tiempo, las costumbres han cambiado: ahora los niños escuchan música en sus móviles, aunque el trato sigue siendo cercano.
Hace poco se reencontró con algunos de aquellos niños, ya adultos. “Me dijeron: ‘Cinta, ¿te acuerdas cuando tiraste el compact por la ventanilla? ¡Qué bueno estuvo!’”, recuerda.
La historia de Cinta es la de muchas mujeres que, desde la constancia y la cercanía, sostienen servicios esenciales. Una forma de trabajar basada en la responsabilidad y la paciencia y que le permite, además, conciliar la vida laboral con su vida personal.


