A la espera de que hoy abra Wall Street, cerrada en el día de ayer por la festividad de Martin Luther King Jr., las bolsas europeas, aunque con cierta contención, han comenzado la semana en rojo ante el previsible encontronazo arancelario entre EEUU y el bloque comunitario por Groenlandia. La administración Trump, en un intento por coaccionar la postura de sus aliados europeos y forzar un cambio de posición en el conflicto por la isla del Ártico, anunció la imposición de nuevos aranceles adicionales del 10% sobre Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia en represalia a su despliegue en la zona frente a la amenaza del mandatario estadounidense de hacerse con el control de la isla. El gravamen, que podría subir hasta el 25% a partir de junio, está previsto que se haga efectivo el próximo 1 de febrero.
Pero los países afectados, al menos por ahora, no parece que vayan a dar su brazo a torcer. La Comisión Europea, que al mismo tiempo asiste a su amparo, “reconoció ayer que tiene herramientas a su disposición y está preparada para responder si se aplican los aranceles con lo que ha amenazado Estados Unidos”. El conflicto entre aparentes socios, que escalará si Washington no cede en su empeño, ya se ha dejado notar en Bolsa. Aunque la situación actual todavía está lejos de la vivida el pasado mes de abril, tras el apodado ‘Día de la Liberación’. Cuando índices financieros como el tecnológico Nasdaq y el EuroStoxx-600 cayeron un 13% y un 10%, respectivamente, en apenas cuatro sesiones.
Correcciones de hasta el 2%
Los ajustes a la baja se extendieron ayer de forma generalizada entre los principales parqués europeos, con especial presión sobre los índices más expuestos al comercio internacional y al sector industrial. En España, el Ibex-35, con una de las correcciones más moderadas de entre las grandes plazas del continente, cerró en los 17.665 puntos, un 0,26% por debajo de lo que empezó el día. Aunque llegó a perder los 15.500 puntos a lo largo de la sesión. De las 35 empresas más importantes del país, solo Bankinter (+0,88%), Mapfre (+0,75%), Repsol (+0,25%), Inditex (+0,18%), Unicaja (+0,14%), CaixaBank (+0.09), Logista (+0,06%) e Iberdrola (+0,05%) cerraron en verde. Aunque con repuntes muy moderados.

Por su parte, el selectivo británico, FTSE 100, cedió alrededor de un 0,40%, y el MIB italiano se dejó más de un 1,32% en la jornada del lunes. Una cifra muy similar a la registrada por el Dax alemán (-1,34%). Pero la peor parte se la llevó Francia. El CAC-40 concluyó la sesión recortando en casi dos puntos porcentuales su valor de apertura.
En conjunto, el tono negativo confirma que los mercados europeos han comenzado a descontar un escenario de mayor tensión arancelaria, a la espera de que Wall Street marque el rumbo en una semana clave para la evolución del conflicto.
Instrumento ‘anticoerción’
En aras de rebajar la tensión a ambos lados del Atlántico, los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro (Eurogrupo) confían en el diálogo con Estados Unidos, aunque advierten de que la UE mantiene sobre la mesa todas las opciones de respuesta comercial. Así, el ministro alemán de Finanzas, Lars Klingbeil, subrayó antes de la reunión que “no nos dejaremos intimidar“. El presidente francés, Emmanuel Macron, a quien Trump ridiculizó recientemente diciendo frases como “Donald, por favor, no se lo digas a nadie” y presentándolo como alguien que cedió a sus demandas bajo presión arancelaria, fue más allá.

Macron pretende que la Unión Europea haga uso del ‘instrumento anticoerción‘. Se trata de una herramienta aprobada por la UE en 2023, diseñada para contrarrestar medidas coercitivas de terceros países. Y tiene en consideración aranceles, restricciones comerciales o limitaciones al acceso a mercados. Este mecanismo permitiría a la Unión imponer represalias proporcionadas y dirigidas para proteger los intereses de los Estados miembros sin generar un efecto desordenado en el comercio internacional.
La política del ‘ojo por ojo’
Sin embargo, ante una posible respuesta europea, Donald Trump no permanecería de brazos cruzados. La experiencia más reciente con China, durante la primavera pasada, sirve como advertencia. En aquel momento, ambos países se sumieron en una espiral arancelario, en el que cada subida de gravámenes por una de las partes era contestada con un incremento equivalente por la otra. Este enfrentamiento derivó en una espiral de aranceles que afectó a numerosos productos y sectores, alcanzando tasas que en algunos casos superaron el 145%. Y generaron tensiones significativas en la economía global.
En este sentido, el economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Pierre-Olivier Gourinchas, señaló ayer que la entrada en una “fase de escalada y políticas de ‘ojo por ojo’ tendría un efecto aún más adverso en la economía. Tanto a través de canales directos como a través de la confianza, la inversión. Y potencialmente a través de una revisión de los precios de los mercados”.

