Inversión

¿Por qué bitcoin ha decepcionado en 2025 con todo a su favor?

Entre liquidaciones récord, bloqueo regulatorio y giro macroeconómico, la criptomoneda cierra el año lejos de las expectativas

2025 parecía el año de bitcoin. Un presidente abiertamente favorable a las criptomonedas en Estados Unidos, los ETF de Bitcoin al contado captando miles de millones y un entorno regulatorio que, al menos sobre el papel, prometía claridad después de años de ambigüedad. Durante unos meses, el mercado acompañó. En octubre, bitcoin alcanzó los 126.000 dólares y el discurso volvió a girar en torno a máximos históricos y adopción institucional. Pero entonces, algo se rompió.

El 10 de octubre llegó el golpe. En apenas unas horas, los mercados de criptomonedas vivieron la mayor liquidación de posiciones apalancadas de su historia. Se perdieron más de 20.000 millones de dólares en contratos, según Coinglass. La venta forzada se extendió como una mancha de aceite y rompió un equilibrio que ya era frágil. Desde entonces, bitcoin no ha conseguido recomponerse. A pocos días para el cierre del año, cotiza en torno a los 88.600 dólares y acumula una caída anual superior al 5%.

¿Qué salió mal?

El entorno macroeconómico y la política monetaria han jugado en contra. Según Deutsche Bank, tres factores han pesado más que el entusiasmo inicial: el endurecimiento de las condiciones financieras, la recogida de beneficios por parte de grandes tenedores (las llamadas “ballenas”) y la falta de avances concretos en el plano regulatorio.

La Ley de Claridad, una de las principales promesas del año, fue aprobada en la Cámara de Representantes en julio. Sin embargo, el texto se estancó en el Senado durante el cierre del Gobierno estadounidense, el más prolongado desde la era Nixon. El parón dejó congelada cualquier posibilidad de avance legislativo durante semanas clave.

La consecuencia fue directa. La falta de seguridad jurídica limitó el interés de los grandes fondos, que necesitaban reglas claras para mantener o ampliar su exposición. Sin ese respaldo institucional, la narrativa de adopción masiva se debilitó. Y con ella, la tendencia del precio.

Oro en máximos, bitcoin en negativo

La comparación con otros activos es inevitable. Mientras bitcoin ha perdido un 30% desde sus máximos históricos, el oro se prepara para firmar una de sus mejores rachas de los últimos años. El metal precioso cotiza por encima de los 4.500 dólares por onza con una subida del 72% anual. La incertidumbre geopolítica, el deterioro fiscal de las grandes economías y las expectativas de recortes de tipos en 2026 han sido fundamentales para apuntalar su subida.

Ambos activos compiten desde hace años por ocupar el mismo espacio mental en las carteras. Reserva de valor, protección frente a la inflación, refugio en tiempos convulsos. Sin embargo, en 2025 el mercado sí ha hecho distinciones. Cuando ha habido episodios de volatilidad y miedo, el capital se ha refugiado en el oro. Bitcoin, en cambio, se ha comportado como un activo de riesgo más, muy cercano en dinámica al Nasdaq.

Hay otro factor menos tangible, pero igual de relevante. Bitcoin ha perdido parte de su magnetismo. La entrada de actores como BlackRock, JP Morgan o Fidelity ha aportado legitimidad, pero también ha normalizado el activo. Las búsquedas en Google se han estabilizado, el ruido en redes sociales ha disminuido y la narrativa disruptiva ha perdido fuerza.

El golpe a las altcoins

Si bitcoin ha decepcionado, el castigo ha sido mucho mayor en el resto del mercado. Muchas altcoins han llegado a perder hasta el 90% desde sus máximos históricos, según Reflexivity Research. El episodio de octubre aceleró un proceso que llevaba tiempo gestándose. Proyectos con modelos de negocio poco claros, valoraciones excesivas o dependencia absoluta de la liquidez han sido los primeros en caer.

La venta masiva funcionó como una purga. El mercado redujo tamaño, eliminó excesos y dejó al descubierto la fragilidad de buena parte del ecosistema. Desde el máximo de octubre, el conjunto del mercado cripto ha perdido más de un billón de dólares en capitalización.

Caída del Bitcoin - Economía
Una imagen simbólica de la caída del Bitcoin en el mercado de las criptomonedas.
Shutterstock

Mirando a 2026

El foco ya se ha empezado a desplazarse hacia el próximo ejercicio. El mercado descuenta al menos dos recortes de tipos por parte de la Reserva Federal en 2026, según CME Group. Un entorno de mayor liquidez suele favorecer a los activos de riesgo, incluido bitcoin. A ello se suma la posibilidad de que el Congreso retome el debate regulatorio con una agenda más clara.

De hecho, varias instituciones ya han actualizado sus perspectivas para el precio de bitcoin en 2026. JP Morgan prevé un precio en torno a los 170.000 dólares si continúan los flujos hacia los ETF al contado y la adopción institucional mantiene su ritmo. Bernstein y Standard Chartered estiman un escenario similar, con un objetivo de 150.000 dólares, mientras que Citi se sitúa algo por debajo, en torno a los 143.000.

En todo caso, estas previsiones están ligadas a que el mercado vea a bitcoin como un activo financiero plenamente integrado, más que como un activo alternativo. Con la aprobación de los ETF, la puerta a los grandes fondos ya está abierta, y la banca tradicional comienza a ofrecer servicios asociados como custodia, préstamos o trading en entorno regulado.

Sin embargo, no todos comparten una visión alcista. Morgan Stanley y otros gestores plantean escenarios más moderados, con posibilidades de consolidación o movimientos laterales si la macroeconomía no acompaña o si el flujo institucional se ralentiza. Algunos analistas incluso prevén un rango amplio sin ruptura clara de los máximos de 2025.

Al mismo tiempo, persisten las tensiones geopolíticas, las dudas sobre la estabilidad de algunos exchanges y la presión sobre el dólar. Binance, por ejemplo, ha registrado salidas de más de 23.000 millones de dólares en activos en los últimos días, según DefiLlama.

Bitcoin llega al cambio de año con menos euforia que otras veces, pero con una base más institucional y un mercado mucho más atento a los datos que a las promesas.

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