Las empresas españolas aún presentes en Venezuela han conseguido mantener operativas de bajo perfil mediante estrategias adaptadas a un entorno económico desestructurado, caracterizado por hiperinflación, restricciones cambiarias, inseguridad jurídica y colapso institucional. Mientras la intervención militar de Estados Unidos, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro los días 2 y 3 de enero, sacude el escenario político, los grupos empresariales españoles no han abandonado el país, pero tampoco invierten.
Su presencia se mantiene gracias a esquemas que combinan la operativa esencial con decisiones tácticas orientadas a reducir la exposición. Algunas compañías, como Repsol, han aceptado intercambios en especie como mecanismo de cobro, mientras que otras, como Telefónica, han seguido desplegando tecnología de última generación en redes móviles pese a haber anunciado su salida del país.
279 millones en inversión
A estas estrategias se suman modelos de externalización a través de franquicias, como en el caso de Inditex, y contratos de gestión sin propiedad directa, utilizados por Meliá y Hesperia en el sector hotelero. La contención contable, la gestión autónoma de filiales con recursos locales y la suspensión de operaciones críticas como rutas aéreas o la repatriación de beneficios, completan un mapa de supervivencia que evita la ruptura total sin requerir nuevas inversiones.
Según el Ministerio de Economía, ese enfoque ha permitido que, por el momento, no se haya registrado un impacto operativo directo en las filiales españolas que siguen activas en el país. La inversión española acumulada en Venezuela ascendía a 279 millones de euros en 2023, lejos de los más de 5.000 millones que se registraban hace una década, según la Secretaría de Estado de Comercio. Aun así, las principales compañías mantienen estructuras activas, aunque al mínimo operativo viable.
Operación bajo mínimos, sin retiradas
Empresas como Telefónica, BBVA, Mapfre, Repsol, Inditex, Meliá y Air Europa continúan operando en el país, pero con modelos de contención radical. Telefónica, a través de Telcel, mantiene el liderazgo en telefonía móvil con cerca de 9 millones de clientes y servicios a más de 90.000 empresas. En febrero de 2025 anunció una inversión de 500 millones de dólares para expandir sus redes 4G y 5G en Venezuela, tras obtener licencias en la banda de 2.600 MHz. Sin embargo, en noviembre, el presidente del grupo, Marc Murtra, incluyó al país en su plan de salida de Hispanoamérica, junto con México y Chile.

En el sector financiero, BBVA Provincial, presente desde hace siete décadas, mantiene una red de 200 oficinas y una plantilla reducida a 2.000 empleados. Su aportación al grupo es mínima: 213 millones de euros en ingresos y 95 millones en beneficios en 2025, frente a un beneficio global del grupo superior a los 10.000 millones. La filial opera sin nuevos desembolsos desde la matriz y gestiona recursos exclusivamente locales.
Mapfre, por su parte, mantiene 20 oficinas y 320 empleados. En 2025, registró ingresos por 32 millones de euros, pero también anotó un ajuste negativo de 22,6 millones de euros por las operaciones en Venezuela y Argentina, clasificadas como hiperinflacionarias.
Repsol y los pagos en crudo
El caso de Repsol ejemplifica una de las estrategias más extremas de permanencia empresarial: el trueque como mecanismo de cobro. La compañía opera en Venezuela desde 1993 y mantiene participación en los campos Petroquiriquire (crudo, en asociación con PDVSA) y Cardón IV (gas, en sociedad con ENI). La producción diaria alcanza 580 millones de metros cúbicos de gas y 39.000 barriles de petróleo, con destino exclusivo al mercado interno.
A pesar de que las operaciones no generan ingresos monetarios directos (Repsol no recibe pagos en divisa desde 2006) la empresa ha recurrido a intercambios en especie mediante cargamentos de crudo como forma de compensación parcial. Esta fórmula no ha evitado la acumulación de una deuda estimada en unos 1.000 millones de euros por parte del Estado venezolano.

La permanencia en el país no responde únicamente a la inercia operativa. Venezuela es el segundo estado más relevante para Repsol en términos de reservas y producción de hidrocarburos ya que aporta el 15% de sus reservas globales de petróleo y gas. Sin embargo, la posición estratégica se ha deteriorado desde marzo de 2025, cuando la Casa Blanca reactivó el embargo comercial sobre el crudo venezolano. La medida impide a Repsol exportar hidrocarburos desde Venezuela a otros países, incluidos sus mercados tradicionales como España. El modelo actual permite sostener activos clave sin retirarse formalmente, pero bajo una rentabilidad nula y con exposición reputacional contenida.
Sector aéreo: vuelos suspendidos y deuda congelada
En el sector transporte, las aerolíneas Iberia y Air Europa suspendieron vuelos a Caracas en noviembre de 2025, tras las alertas emitidas por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) debido al incremento del riesgo militar. Iberia preveía 126.000 pasajeros entre Madrid y Caracas para 2025, lo que representaba el 1,68% de su capacidad de largo radio. Air Europa, además, mantiene 200 millones de euros pendientes de cobro por billetes vendidos y beneficios bloqueados por el control cambiario.
En turismo, Meliá mantiene un hotel operativo en Caracas, mientras que Hesperia gestiona cinco establecimientos en el país. Ninguno forma parte del patrimonio consolidado de sus respectivas matrices, y todos operan bajo contratos de gestión que minimizan la exposición patrimonial directa.
Inditex, por su parte, volvió al país tras su retirada en 2021 mediante un contrato de franquicia con el Grupo Futura, que gestiona cuatro tiendas: Zara, Pull&Bear, Bershka y Stradivarius. Este modelo permite presencia comercial sin activos fijos ni responsabilidad cambiaria.
Reacción limitada en mercados y activos financieros
Los mercados han reaccionado con moderación tras la intervención militar en Venezuela, sin que hasta ahora se haya detectado un impacto sistémico ni en el Ibex 35 ni en el conjunto del mercado, como subraya en su último informe MFS Investment Management.
El Ministerio de Economía español, en línea con esa lectura, señala que “no se ha identificado afectación significativa” en las filiales españolas con presencia en el país. Al mismo tiempo, los analistas coinciden en que la exposición real de estas compañías al mercado venezolano es limitada y los recientes movimientos bursátiles en valores como Telefónica e Inditex responden, sobre todo, a ajustes tácticos frente a la incertidumbre geopolítica.
Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, considera que el impacto inmediato “debería seguir siendo limitado”, dada la escala económica de Venezuela (0,1% del PIB mundial y el 1% del petróleo global). No obstante, apunta a una posible traslación del conflicto a primas de riesgo, especialmente si se prolonga la tensión geopolítica.
Desde eToro, Javier Molina añade que estos eventos generan “ruido inmediato”, pero no alteran las tendencias estructurales del mercado. La volatilidad, dice, es parte del ciclo, y las empresas globales ajustan exposición en función del riesgo país, sin replantear su estrategia global.
Venezuela hoy es un mercado congelado. Para las empresas españolas, sobrevivir es la prioridad, no crecer.

