El triunfo de Bad Bunny en los Grammy 2026 no solo marcó un nuevo hito para la música latina. También reactivó un recuerdo clave en la historia de estos premios: el de Carlos Santana. Desde la madrugada del domingo, el nombre del guitarrista mexicano se coló con fuerza en tendencias y conversaciones digitales. Esto fue impulsado por una coincidencia que muchos consideran simbólica y profundamente significativa.
Un eco que cruza generaciones
Bad Bunny se convirtió en el segundo artista latino en ganar el Grammy al Álbum del Año. Este logro inevitablemente remitió a lo ocurrido en el año 2000, cuando Carlos Santana hizo historia con Supernatural. Aquella noche, el músico nacido en Jalisco no solo se llevó el máximo galardón. Además, arrasó con ocho premios, igualando una marca que hasta entonces solo había alcanzado Michael Jackson.
Más de dos décadas después, el éxito del artista puertorriqueño ha servido para poner en perspectiva aquel momento fundacional. En redes sociales, numerosos usuarios recordaron que Santana fue el primero en romper una barrera que parecía infranqueable para músicos latinos. Aquella barrera existía en una industria dominada durante décadas por artistas anglosajones.
Santana, pionero en la gran liga de los Grammy
El impacto de Supernatural fue mucho más allá de las cifras. Con colaboraciones como “Smooth” o “Maria Maria”, Santana logró fusionar rock, ritmos latinos y pop global, conquistando tanto al público como a la crítica. Por ese motivo, su victoria en la categoría principal fue interpretada entonces como un punto de inflexión. Demostraba que un artista de raíces hispanas podía competir —y ganar— en el centro mismo del mercado musical estadounidense.
Ese precedente es el que ahora muchos evocan tras el reconocimiento a Bad Bunny. Medios internacionales y analistas musicales han subrayado que, sin aquel camino abierto por Santana, el contexto actual para un álbum íntegramente grabado en español y con fuerte identidad caribeña habría sido muy distinto.
Bad Bunny y un nuevo relato latino
El álbum Debí tirar más fotos, con el que Bad Bunny se alzó con el Grammy al Álbum del Año, refuerza esa idea de continuidad. Grabado en Puerto Rico y atravesado por géneros como la salsa, la bomba, la plena y el reguetón, el disco ha sido leído como una declaración cultural y política. No es casual que el propio artista dedicara su premio a las personas migrantes y reivindicara la dignidad de la comunidad latina en Estados Unidos durante su discurso.
Ese mensaje conectó directamente con el legado simbólico de Santana: ambos han usado escenarios globales para visibilizar identidades que durante mucho tiempo fueron periféricas en la industria.
La tendencia en redes: memoria y orgullo
El cruce entre ambos nombres se volvió viral pocas horas después de la ceremonia. Comparativas, hilos históricos y mensajes de orgullo latino inundaron plataformas como X e Instagram. Para muchos, la coincidencia no es solo estadística —dos latinos ganando el mismo premio— sino representativa de un cambio de era.
Mientras Santana encarnó la irrupción latina en el cambio de milenio, Bad Bunny representa una generación que ya no pide permiso para ocupar el centro. La conversación digital ha convertido ese paralelismo en un relato compartido sobre evolución, perseverancia y reconocimiento.
Un legado que sigue creciendo
Con Bad Bunny a punto de protagonizar el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl, el eco de su victoria promete prolongarse. Y con ello, también seguirá presente la figura de Carlos Santana, no como una comparación forzada, sino como el antecedente clave que explica por qué hoy un artista latino puede ganar el mayor premio de la música global sin renunciar a su idioma ni a su cultura.
La tendencia, en el fondo, habla menos de nostalgia y más de continuidad histórica: dos momentos distintos, un mismo impacto.
