La tensión entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia ha entrado en una fase inédita tras las reiteradas amenazas de Donald Trump de avanzar la anexión de la isla ártica. En los últimos días, el presidente estadounidense ha insistido en que Groenlandia es “esencial” para la seguridad nacional de Washington, vinculando su control al despliegue del llamado Golden Dome, el nuevo escudo antimisiles que EE UU quiere desarrollar en el Ártico. Este mismo miércoles Trump reiteró que con Groenlandia en “manos” de su país la OTAN será mucho más eficaz y agregó que “cualquier cosa menor que esa es inaceptable”.
Desde Copenhague y Nuuk, la respuesta ha sido tajante. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, afirmó que si Groenlandia tuviera que elegir, lo haría por Dinamarca, la OTAN y Europa, subrayando que la isla “no está en venta”. Desde Copenhague, la premier danesa Mette Frederiksen ha reforzado su ofensiva diplomática ante Washington y ha anunciado el aumento de la seguridad en la isla más grande del mundo.

Entre los aliados europeos crece la incertidumbre por el precedente que supondría que un país de la OTAN amenazara con anexionar territorio (autónomo) de otro aliado. La crisis se produce en un contexto de creciente competencia estratégica en el Ártico, con Rusia y China ampliando su influencia en la región. En conversación con Artículo14, la investigadora del European Policy Centre (EPC), Maria Martisiute, analiza el trasfondo real de la ofensiva de Trump, los riesgos que esta escalada retórica plantea para la cohesión de la OTAN y las posibles salidas diplomáticas a un conflicto que, por ahora, es más político que militar
-Existe mucho ruido mediático por las declaraciones de Trump. ¿Estamos ante un conflicto propiamente dicho?
-Estamos ante una crisis, sin duda, pero todavía no es una crisis de seguridad. No estamos en un escenario de confrontación militar, sino en uno de enorme confusión, de retórica extrema y de falta de claridad sobre qué es exactamente lo que quiere Estados Unidos de Groenlandia.
-¿Qué buscan Dinamarca y Groenlandia en los contactos que se produjeron en Washington?
-El objetivo principal de Dinamarca y de Groenlandia en las reuniones con representantes estadounidenses (J. D. Vance y Marco Rubio) es entender qué quiere realmente la Administración Trump. Tanto Copenhague como Nuuk están abiertos al diálogo y a explorar posibles acuerdos, por ejemplo, en materia de minerales críticos, tierras raras o incluso una mayor presencia militar estadounidense.

-¿Existe algún riesgo real de una confrontación militar?
-Creo que la probabilidad de una confrontación militar o de una invasión es muy baja. Es inconcebible pensar en un ataque militar contra Copenhague o Nuuk. No tiene ninguna base legal ni política. Además, el tratado de la OTAN forma parte del derecho federal estadounidense. Incluso si Trump diera una orden de ese tipo, los soldados no deberían obedecerla porque sería ilegal. Estamos hablando de escenarios extremos que no creo que se vayan a materializar.
-Sin embargo, Trump insiste en la idea de la anexión. ¿Qué está buscando realmente?
-Es muy difícil saber qué pasa exactamente por su cabeza. Pero si miramos la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2025, vemos que hay un objetivo claro de dominar económica y militarmente el hemisferio occidental y de ampliar el acceso a territorios estratégicamente importantes. Groenlandia encaja perfectamente en esa lógica, tanto por razones geográficas (está en América del Norte) como económicas, por su riqueza en tierras raras.

-¿Qué valor estratégico tiene Groenlandia para Estados Unidos?
–Groenlandia es clave para los sistemas de alerta temprana de misiles, porque es la ruta más corta en caso de un lanzamiento desde Rusia hacia Estados Unidos. Desde allí se puede detectar un ataque con antelación. Pero también hay un factor muy personal: Trump es un hombre del sector inmobiliario, ve el mundo como una mercancía, como algo que se puede comprar, vender o adquirir mediante acuerdos rápidos.
-¿Influye también el calendario político estadounidense?
-Probablemente sí. Las elecciones legislativas de noviembre de 2026 están en el horizonte y es posible que Trump busque “victorias rápidas” que pueda presentar como logros. Pero el Reino de Dinamarca tiene integridad territorial y, además, las encuestas muestran que alrededor del 85% de los groenlandeses no quieren formar parte de Estados Unidos.

-Trump habla de una creciente presencia de Rusia y China alrededor de Groenlandia.
-La inteligencia muestra que hay presencia rusa y china en el Ártico, pero no específicamente alrededor de Groenlandia. Rusia es una potencia militar clave en la región, especialmente en la península de Kola, y China se ha autodefinido como un “país casi ártico”. Ambos realizan ejercicios conjuntos y despliegan capacidades de doble uso, civiles y militares, lo que dificulta distinguir sus objetivos reales. También hemos visto operaciones de sabotaje en infraestructuras críticas, como cables submarinos, en zonas árticas.
-¿Qué implicaciones tiene todo esto para la OTAN?
-Es extremadamente incómodo. No se trata solo de decepción, sino de una situación profundamente inquietante. Nunca antes un aliado de la OTAN había amenazado con anexionar el territorio de otro aliado. Eso no está previsto en el tratado y socava la cohesión y la credibilidad de la alianza.

-Se ha hablado de nuevas iniciativas de la OTAN en el Ártico. ¿En qué consisten?
-En el último Consejo del Atlántico Norte se discutió la posibilidad de lanzar una misión llamada Arctic Sentry, inspirada en la experiencia del Báltico. Sería una iniciativa flexible, de vigilancia multidominio, con un fuerte componente marítimo, para monitorizar las aguas del Ártico. Serviría tanto para reforzar la disuasión como para aumentar la presencia europea, equilibrando el peso estadounidense.
-¿La Unión Europea tiene margen de influencia?
-La UE está muy presente en Groenlandia. Tiene una oficina en Nuuk y ha invertido cientos de millones de euros en desarrollo sostenible, clima, educación y exploración de minerales. Además, el acuerdo comercial UE-EE.UU. aún no ha sido ratificado por el Parlamento Europeo, y algunos eurodiputados se oponen a aprobarlo mientras Washington mantenga esta actitud.

-En el debate se ignora un factor básico: en Groenlandia vive gente.
-Se olvida el factor humano. Groenlandia no es una mercancía ni un tablero de juego geopolítico. Es el hogar de comunidades indígenas que viven allí desde hace miles de años. Hablar de comprar, presionar o anexionar ese territorio es profundamente irrespetuoso. Este tipo de comportamientos solo benefician a Rusia y China, porque muestran a Occidente dividido y debilitado.


