OTAN

El silencio de Rutte ante las amenazas de Trump sobre Groenlandia pone a prueba a la OTAN

La ausencia de una respuesta clara de la Alianza alimenta el temor de que Washington pueda poner en jaque los principios fundacionales del bloque

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Giorgia Meloni, Mark Rutte y Mette Frederiksen
KiloyCuarto

La OTAN ha superado muchas tormentas en sus 76 años de historia, pero pocas han sido tan incómodas -o tan potencialmente existenciales- como la que se está gestando ahora sobre Groenlandia. Mientras Donald Trump reaviva abiertamente su ambición de apoderarse de la vasta isla ártica, parte del reino de Dinamarca, la alianza militar que se enorgullece de la defensa colectiva ha optado por un silencio público casi total. En las capitales europeas, ese silencio se interpreta como un riesgo.

La Alianza no ha emitido ninguna declaración en la que afirme la integridad territorial de Dinamarca y Groenlandia, ni ha reprendido las amenazas del presidente estadounidense. Esta reticencia contrasta fuertemente con la Unión Europea, que se ha movido rápidamente para apoyar a Copenhague y reafirmar los principios básicos de la soberanía y el derecho internacional. Según afeaba el Financial Times en un artículo, la brecha entre Bruselas y la OTAN ha inquietado a los funcionarios desde París hasta Roma, que temen que la Alianza esté fallando a uno de los suyos en un momento de gran tensión.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte
EFE/EPA/ANTONIO BAT

Trump, el salvador de la OTAN

El lunes por la mañana, Trump volvió a presentarse como el salvador indispensable de la OTAN. “Yo salvé a la OTAN”, declaró en Truth Social, insistiendo en que Estados Unidos “siempre estaría ahí” para la Alianza, aunque repitió sus dudas de que la OTAN hiciera lo mismo por Washington. Para muchos europeos, la declaración solo subrayó la paradoja en el centro de la crisis de Groenlandia: la organización atlántica depende de Estados Unidos para su supervivencia, pero es el presidente estadounidense quien ahora amenaza el territorio de un miembro aliado.

Catherine Gegout, especialista en seguridad europea, advierte  que “la OTAN no puede emitir una declaración pública, ya que requeriría el acuerdo de Estados Unidos”. Sin embargo, la profesora asociada de Relaciones Internacionales de la Universidad de Nottingham añade que “el secretario general sí podría hacerlo”. La OTAN no puede emitir una declaración pública por sí misma, ya que requeriría el acuerdo de los Estados Unidos. Sin embargo, el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, podría hacerlo. “En el pasado, cuando ha habido tensiones entre Turquía y Grecia, el secretario general les ‘instó’ a resolver sus desacuerdos“, afirma, señalando los precedentes en el Egeo.

“El fin de la OTAN”

“Probablemente significa que los funcionarios europeos y estadounidenses están discutiendo el tema de manera informal“, argumenta Gegout. Pero “el posible ataque a Groenlandia es extremadamente preocupante”, avanza la experta. “Si Estados Unidos invadiera Groenlandia, como ha advertido la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, esto significaría, en efecto, el fin de la OTAN“.

Inuit
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, abraza a una mujer inuit
Efe

Esa valoración es compartida por los responsables de toda la Alianza. Una invasión o un intento de anexión por parte de Estados Unidos equivaldría a un conflicto entre dos aliados de la OTAN, lo que destrozaría la credibilidad del Artículo 5, la cláusula de defensa mutua que muchos consideran la razón de ser de la OTAN. Como dijeron sin rodeos diplomáticos europeos al Financial Times, si se permitiera que tal escenario se desarrollara sin resistencia, la Alianza se convertiría en una cáscara vacía.

El papel del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, está bajo lupa. El ex primer ministro holandés, a quien se le considera que mantiene una relación personal “cálida” con Trump, ha evitado cualquier confrontación directa con el presidente estadounidense. En su intervención de este lunes en Zagreb, se centró en la importancia estratégica del Ártico, advirtiendo del aumento de la actividad rusa y china y subrayando que “todos los aliados coinciden en la importancia de la seguridad del Ártico”. Cabe destacar que evitó la confrontación con Trump y sus amenazas a Groenlandia.

La moderación de Rutte irrita a los aliados europeos

Esa moderación ha alimentado la irritación en las capitales europeas. Varios gobiernos, entre ellos los de Francia e Italia, han instado privada y públicamente a la OTAN a desempeñar un papel más activo. Giorgia Meloni, primera ministra de Italia, ha argumentado que la alianza debería “iniciar un debate serio” precisamente porque todas las partes implicadas son miembros de la OTAN. “El debate es un debate en el que debe participar la OTAN“, aseveró Meloni.

Donald Trump camina por el jardín sur de la Casa Blanca después de llegar en el Marine One a Washington
EFE/EPA/AARON SCHWARTZ

¿A qué se debe tanto titubeo? Gegout apunta a una estrategia europea más amplia centrada en la diplomacia personal. “Líderes europeos como Mark Rutte, Emmanuel Macron, Giorgia Meloni, Keir Starmer y Alexander Stubb están utilizando su relación personal con Donald Trump para intentar influir en él”, explica a Artículo14. Paralelamente, los gobiernos están trabajando a través de “canales transgubernamentales” más discretos para llegar a los funcionarios y diplomáticos estadounidenses.

El problema, advierte la experta, es que este enfoque puede no ser suficiente. El historial de Trump, desde Venezuela hasta su abierto desprecio por el derecho internacional, sugiere que la persuasión privada tiene sus límites. “Esta diplomacia podría no ser suficiente para impedir que Trump compre o invada Groenlandia”, avanza Gegout, una perspectiva que hasta hace poco habría parecido impensable.

¿Qué podría hacer Dinamarca?

Dinamarca tiene opciones dentro de la OTAN. “Podría invocar el artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte, que exige consultas siempre que se vea amenazada la integridad territorial o la seguridad de un miembro”, describe la experta. Los legisladores daneses ya han planteado esa posibilidad, argumentando que un debate formal al menos obligaría a incluir el tema en la agenda de la Alianza.

Mette Frederiksen al final de la Cumbre del Consejo de la UE
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No obstante, incluso en este caso, las expectativas son modestas. “La OTAN no es el foro adecuado si Estados Unidos sigue amenazando a Groenlandia”, argumenta Gegout. En cambio, el centro de gravedad podría desplazarse a otros lugares, a los Estados individuales y, sobre todo, a la Unión Europea. Alemania ya ha manifestado su disposición a asumir una mayor responsabilidad en el Ártico y, según se informa, un grupo de países europeos, liderado por Londres y Berlín, tiene previsto ampliar su presencia militar en Groenlandia.

¿Sanciones a Estados Unidos?

La UE, por su parte, cuenta con herramientas más sólidas. Gegout sugiere que podría profundizar la cooperación económica y militar con socios afines, como Reino Unido, Noruega, Canadá, Australia y Japón. En un escenario extremo, Bruselas podría incluso considerar sanciones económicas contra Estados Unidos o avanzar hacia una estricta “preferencia europea” en la adquisición de armas, utilizando las disposiciones de la legislación de la UE destinadas a proteger los intereses esenciales de seguridad.

Por ahora, los responsables de la Alianza Atlántica insisten en que se está llevando a cabo una diplomacia discreta y que continúan los trabajos internos para reforzar la seguridad en el Ártico. Mientras que el propio Rutte ha aprovechado este mismo lunes para elogiar la presión de Trump sobre los aliados para que aumentaran el gasto en defensa, argumentando que el presidente estadounidense “está haciendo lo correcto para la OTAN”.