En la Francia post-Gisèle Pelicot la sumisión química entró de lleno en el debate público. Y eso gracias, en parte, al incansable trabajo parlamentario de la diputada centrista Sandrine Josso (Modem), ella misma víctima de un senador amigo que la drogó para intentar violarla. Tras la reciente condena contra Joël Guerriau, a cuatro años de prisión y cinco de inelegibilidad –veredicto que no es aún firme por el recurso de apelación presentado–, la diputada atendió a Artículo14.
“Salgo de este juicio dañada, esto lo tengo claro, pero a la vez saco algo positivo de todo ello, y es que me fortalecí para alzar una voz política”, contra la sumisión química. Los daños a los que se refiere atraviesan su cuerpo y su psique hasta hoy. Desde que fuese drogada por Guerriau, un amigo de hacía una década, durante una cena para celebrar su reelección al Senado, el trauma le pasa factura: perdió cuatro dientes debido al impacto de su constante estado de tensión e hipervigilancia, que la hace cerrarlos con fuerza. Tiene pesadillas, dolores en la espalda.

Al mismo tiempo, la toma de conciencia de su papel como representante electa cambió muchas cosas. “Tengo legitimidad y determinación para convertir esta experiencia en acción política”. Los resultados son palpables. En su tercer mandato, es hoy una figura que logró hacer de la lucha contra la sumisión química un combate más allá de sus siglas políticas.
El alcance de la sumisión química en Francia
Lideró la primera misión parlamentaria para detectar el alcance de la sumisión química en Francia. El documento plantea 50 recomendaciones al Gobierno, algunas de las cuales ya empezaron a salir del papel. Por ejemplo, el dispositivo que permite a las víctimas realizar análisis de sangre, orina y cabello rápidamente después de los hechos (mientras las sustancias son detectables), todo cubierto por la Seguridad Social francesa. “Esta medida todavía es experimental en tres regiones; mi objetivo es que se extienda a todo el territorio”, augura.
Otra medida de peso es la incorporación del tema dentro de la formación de los abogados, actualmente en negociaciones con la Escuela Nacional de la Magistratura.

De especial envergadura es la campaña de sensibilización nacional, todavía sin fecha. Con el presupuesto del Estado poco boyante, hoy es la asociación M’endors pas (No me duermas), dirigida por Caroline Darian (la hija de Gisèle Pelicot), la que intenta recaudar fondos junto a mecenas. “Si no hablamos al gran público, no tendremos los reflejos adecuados en toda la sociedad, ya sea como testigo, víctima, acompañante o profesional.”
Las víctimas: de bebés a ancianos
La sumisión química, por desgracia, afecta a personas de todas las edades, desde los bebés y los niños hasta los ancianos, con una clara incidencia sobre el género femenino. Los espacios del delito no son solo las discotecas, como se solía pensar. Escuelas, universidades, lugares de ocio, de trabajo, el hogar y residencias de ancianos también son afectados.
La dificultad está en que las drogas desaparecen rápidamente del organismo, y muchas veces las víctimas pueden tener amnesia. Incluso, como señala el informe coordinado por Josso, el prejuicio todavía existente contra la víctima (que puede presentar un discurso con lagunas de memoria), un punto en contra a la hora de la denuncia o de la instrucción judicial. El número de casos está en claro aumento, dada la proliferación de drogas y la facilidad de obtenerlas por internet.

“Se trata de un método diseñado para violar, y no una técnica de seducción”, sentencia la diputada. Por ironía del destino, el senador ahora condenado votó a favor de la ley sobre la sumisión química, adoptada en 2018, que tipifica el acto de drogar a una persona sin su consentimiento para cometer agresión sexual.
¿Cómo reparar el daño?
Esta nutricionista de formación tiene claro que “no es en un juicio donde se repara el daño”, aunque el acceso a la justicia –en una Francia donde cerca de un 92% de las denuncias por violación terminan sin juicio, según el Instituto de Políticas Públicas– es un paso importante y necesario. “La reparación solo puede lograrse si se cuenta con apoyo y acogida de su entorno y de la sociedad. Tener a gente que te apoye, este es el primer antídoto”, declara.
Para ello, además de amigos y familiares, hace falta “una sociedad solidaria”, lo que no es el caso de la francesa, según ella, todavía hostil hacia las mujeres víctimas. La reducción del gasto estatal por víctima, criticado por la Fondation des Femmes, también se hace sentir. “Cuando no hay recursos suficientes para acompañar una víctima, ¿cómo puede ella recuperarse?”, cuestiona.
El silencio del Senado
La entrevista ocurrió la víspera de la reunión que, por fin, le propuso el presidente del Senado, Gérard Larcher (Los Republicanos, centroderecha), la primera desde la agresión que la parlamentaria sufrió, a finales de 2023. En aquella fecha, Josso había logrado huir con un taxi de la casa de Guerriau para refugiarse en la Asamblea y, de allí, ingresar en las urgencias, donde se confirmó la presencia en su sangre de la sustancia MDMA (molécula presente en el “ecstasy”), mezclada, según la víctima, en una copa de champán.
Recibió el apoyo de muchos políticos de peso, incluyendo al ex primer ministro François Bayrou, presidente de su partido, el también exjefe de Gobierno Gabriel Attal y la presidenta de la Asamblea, Yaël Braun-Pivet.
Pero el silencio del líder del Senado, la cuarta figura más importante del Estado, siempre la sorprendió: “Nunca he recibido el apoyo del presidente del Senado. Tal desprecio es inaudito”.
El silencio institucional se complica si tenemos en cuenta que el senador condenado declaró en juicio haber obtenido la droga por medio de otro colega senador. Si el tráfico de drogas en la Cámara Alta es de por sí alarmante, peor es cuando se sabe que “el MDMA es la primera droga que se utiliza en la sumisión química”, asegura la parlamentaria.
Locomotoras por el cambio
La determinación de Sandrine Josso sigue firme. Ella, que anteriormente obró en la Asamblea por la lucha contra el cáncer infantil y la atención a parejas tras abortos espontáneos, convirtió el delito del que fue víctima en fortaleza. No es de extrañar que dos de los hijos de Gisèle Pelicot, Caroline Darian y David Pelicot, le acompañaran al tribunal correccional de París para apoyarla.

“Creo que, a través de nuestras vivencias, podemos convertirnos en locomotoras que arrastran a otras personas para superar obstáculos y provocar cambios, porque todavía queda mucho por hacer”, concluye.
