La familia Kennedy ha sufrido décadas de pérdidas fatídicas, lo que ha dado lugar a la idea -muy arraigada en Estados Unidos- de la llamada “maldición de los Kennedy“. La última tragedia que ha conmocionado a la dinastía política es la muerte de Kyle Francis Kennedy Kerr, nieta del exfiscal general y senador estadounidense Robert F. Kennedy, que falleció en su domicilio de Westwood, Massachusetts, el 21 de septiembre. La muerte se ha hecho pública esta semana. Tenía 42 años.
La causa de su fallecimiento de Kennedy aún no se ha determinado, según ha declarado a NBC News la secretaria municipal de Westwood, Dottie Powers. Pero en una necrológica publicada por Burke Funeral Homes se indicaba que Kennedy había sufrido una grave lesión medular en 2020 que le provocó parálisis crónica, discapacidad y otras complicaciones médicas.

A pesar de las dificultades de sus últimos años, Kennedy siguió dedicada a sus dos hijos, Conor, de 12 años, y Declan, de 10, y continuó defendiendo la reforma educativa y los derechos de las personas con discapacidad. Había desarrollado su carrera profesional en el ámbito de la educación infantil tras estudiar en la Universidad de Georgetown, la Universidad de Pace y Harvard. También colaboró con Teach for America y apoyó las iniciativas para mejorar las oportunidades educativas de los niños desfavorecidos.
Kennedy era hija de Michael LeMoyne Kennedy, uno de los once hijos de Robert y Ethel Kennedy. Su padre falleció a los 39 años en un accidente de esquí en Aspen (Colorado), en la víspera de Año Nuevo de 1997. Chocó contra un árbol mientras jugaba al fútbol con esquís en una pista helada. Ella sólo tenía 13 años cuando perdió a su padre.
Su muerte a los 42 años vuelve a poner el foco en la sucesión de tragedias que han afectado a una de las familias políticas más destacadas de Estados Unidos.
El historial de muertes prematuras de la familia Kennedy se remonta a la Segunda Guerra Mundial. Joseph P. Kennedy Jr., el hijo mayor de Joseph P. Kennedy Sr. y Rose Fitzgerald Kennedy, falleció a los 29 años en la explosión de un avión durante una misión secreta de la Armada en 1944. Cuatro años más tarde, su hermana Kathleen “Kick” Kennedy murió en otro accidente aéreo, a los 28 años.

El ascenso político de la familia vino acompañado de nuevas pérdidas devastadoras. El presidente John F. Kennedy fue asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963, a los 46 años. Su hermano menor, Robert F. Kennedy, fue asesinado a tiros en Los Ángeles en junio de 1968, poco después de ganar las primarias presidenciales demócratas de California. Tenía 42 años.
Ahí no terminó el drama. Su hijo David murió de una sobredosis de drogas en 1984, a los 28 años. Mientras que Michael (padre de Kyle) falleció en un accidente de esquí en 1997, a los 39 años.
En julio de 1999, John F. Kennedy Jr., hijo del expresidente, falleció cuando el avión que pilotaba se estrelló en el océano Atlántico, cerca de Martha’s Vineyard. Su esposa, Carolyn Bessette Kennedy, y la hermana de esta, Lauren Bessette, también perdieron la vida. Tenía 38 años.

Más recientemente, Saoirse Kennedy Hill, otra nieta de Robert F. Kennedy, falleció en 2019 a los 22 años por una sobredosis accidental. En 2020, la nieta de Robert, Maeve Kennedy Townsend McKean, y su hijo de ocho años, Gideon, fallecieron tras un accidente de piragüismo en la bahía de Chesapeake.
Y a finales del año pasado, en diciembre los Kennedy sufrieron otro golpe. Tatiana Schlossberg Kennedy, nieta del expresidente Kennedy (e hija de Caroline) falleció a los 35 años. La periodista especializada en clima, sufría un tipo de cáncer terminal.
La “maldición de los Kennedy”
La expresión “maldición de los Kennedy” es ya un fenómeno cultural. Pero esta idea no fue simplemente impuesta a la dinastía estadounidense por la prensa local. Según el biógrafo de los Kennedy, J. Randy Taraborrelli, en declaraciones a la revista People en 2019, Ted Kennedy mencionó la posibilidad de una maldición tras el incidente de Chappaquiddick de 1969.

El coche de Ted Kennedy se salió de un puente en la isla de Chappaquiddick, en Massachusetts, causando la muerte de Mary Jo Kopechne, que quedó atrapada en el interior. No denunció su fallecimiento hasta aproximadamente diez horas después del accidente. En su posterior declaración pública, se preguntó si una maldición podría explicar los terribles sucesos que habían afectado a su familia, incluida la muerte de Kopechne.
Esa etiqueta ha perdurado, reforzada por cada nueva tragedia y por la inusual visibilidad de la familia en la vida pública estadounidense. La muerte de Kyle Kennedy Kerr supone otra dolorosa pérdida para la familia.

