Donald Trump lleva semanas construyendo un relato favorable en torno a Delcy Rodríguez. El presidente estadounidense -que sorprendió a todos decantándose por ella para liderar la transición en Venezuela- se deshace en elogios ante la presidenta venezolana. Esta semana la ha definido como una “persona fantástica” y ha destacado su papel como interlocutora.
Por eso sorprende tanto el paso dado por Trump, que este jueves se reunió en la Casa Blanca con María Corina Machado. La misma a la que hasta hace poco reprochó no contar ni con el apoyo ni con el respeto de su propio pueblo.

Una advertencia para Delcy Rodríguez
La foto no implica un giro automático en la política de Estados Unidos hacia Venezuela, pero sí ha preocupado lo suficiente como para que en Caracas salten las alarmas. Para Lena Georgeault, directora del Grado de Relaciones Internacionales en la Universidad Villanueva, Trump no está eligiendo entre chavismo y oposición, sino forzando una competencia directa a su favor, en la que pesan tanto la capacidad de ofrecer resultados inmediatos como la utilidad política a corto plazo. “Este encuentro es una advertencia a la presidenta interina”, explica la experta en conversación con este periódico.

-¿Qué significa que ahora se reúna con María Corina Machado?
-Trump está jugando a dos bandas. Por un lado, negocia con Delcy Rodríguez porque es quien hoy controla el aparato del Estado y puede ofrecer concesiones inmediatas y tangibles en petróleo y minerales, los dos ejes que más interesan a Washington a corto plazo. Por otro, abre una vía con la figura de la oposición con mayor peso simbólico y legitimidad internacional. Este encuentro es una advertencia a la presidenta interina: Trump no depende exclusivamente de ella y dispone de alternativas si las propuestas sobre la mesa no le resultan satisfactorias.
Al mismo tiempo, tantea si Machado es capaz de articular una contraoferta lo suficientemente atractiva como para compensar una transición larga, incierta y costosa que permitiría su llegada al poder y la posterior implementación de ese eventual acuerdo.
-Trump llegó incluso a asegurar que María Corina Machado no tenía ni el apoyo ni el respeto de su pueblo. ¿Qué mensaje lanza ahora este encuentro y a quién fortalece realmente dentro de Venezuela?
-Más que fortalecer a un actor concreto, el encuentro incita a todos a competir por los favores de Trump. Según una evaluación de inteligencia de la CIA, el chavismo estaría mejor posicionado para garantizar la estabilidad, un factor clave para Washington. A Estados Unidos le interesa probablemente más un gobierno títere y autoritario, capaz de imponer las decisiones dictadas desde la Casa Blanca.

En ese sentido, la crítica de Trump según la cual María Corina Machado carece de “respeto” admite una lectura en términos maquiavélicos: no es temida. Pero Maquiavelo también advertía que el exceso de temor genera odio, y el odio alimenta la inestabilidad. El chavismo deberá tener gestos tácticos de moderación (la liberación de presos parece ir en esa dirección) y reconciliar su narrativa histórica antiestadounidense con una relación que muchos perciben hoy como subordinación a Washington.
-Si Trump pasa de respaldar a figuras del entorno chavista a acercarse a Machado, ¿qué futuro le puede esperar a Delcy Rodríguez como cara internacional del régimen?
-Este acercamiento no implica un giro completo de Trump, sino una estrategia de tanteo y presión sobre Caracas. Trump está barajando opciones y midiendo hasta dónde puede llegar cada interlocutor. El petróleo condiciona equilibrios de poder mucho más allá de Venezuela, y esto es crucial ante una posible escalada de las tensiones internacionales. Por eso, en ese pulso, Rodríguez parte con ventaja: su “know-how” petrolero y el control del aparato estatal la colocan en una posición muy sólida.
-En este duelo, entiendo que Delcy Rodríguez juega con el petróleo como carta fundamental, ¿verdad?
– Efectivamente. Rodríguez puede ofrecer algo que Machado no controla hoy: capacidad de implementación inmediata (contratos, acceso, licencias, gestión de PDVSA, seguridad de infraestructuras) y un canal de comunicación con todas las esferas implicadas. Machado, por su parte, representa una opción más sostenible a largo plazo y menos costosa en términos reputacionales. Todo depende de qué tan urgentes sean los planes de Washington.


